A 60 km de Aqaba y no muy lejos de Petra se sitúa el desierto de Wadi Rum, también conocido por el nombre de Valle de la Luna, a 1600 metros sobre el nivel del mar en una zona repleta de accidentes geográficos conformada por granito y arenisca. Según los expertos, la meseta fue provocada por una fractura en la corteza terrestre que provocó una elevación del terreno, aflorando inmensas agrupaciones de la placa tectónica afro-árabe. En sus inicios, algunos bloques tenían miles de metros de altura, pero la erosión y la naturaleza no fueron tan generosas con nuestros sentidos y lo que fuera algo extraterrestre y descomunal por su magnificencia se convirtió en lo que actualmente se puede apreciar, que sigue siendo excepcional y gigante, aunque no tan grande.

Amaneceres increíbles, parajes irreales, silencios inagotables, grandiosidad asombrosa, soledad fascinante, paraíso de escaladores, camellos y jaimas, horizontes lunares y huellas milenarias forman un conjunto que se conoce como Wadi Rum. La palabra wadi en árabe hace referencia a los cauces secos del lugar y rum se traduce como “elevado” del arameo.

El área protegida de Wadi Rum fue proclamada en 2011 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El desierto fue transitado desde tiempos remotos por caravanas y nómadas, repleto de manantiales del subsuelo que otorgan vida a especies endémicas, poblada por mamíferos y por más de 100 especies de aves. El suelo es muy característico por sus arenas y por las especiales formaciones rocosas que otorgan vida a ambientes irreales e imaginarios conformados por cumbres arenosas, torres y agujas de arenisca, dominado por lechos de primitivos ríos que actualmente se encuentran totalmente secos y por los cuales el lugar recibe el nombre de Valle de la Luna. La zona está acotada por dos macizos montañosos, el Gebel Rum, de 1754 metros de altura y el Gebel Umm Ishrin, de 1753 metros de altura, cuya traducción significa “montaña de la madre de los veinte”.

Al pie del Gebel Rum se encuentran las ruinas del Santuario de Al-Lat, levantado por la tribu de Ad y modificado por los nabateos en el siglo I a. C. Las inscripciones tamudeas halladas en el interior confirman que el santuario recibió algunas transformaciones en el periodo preislámico y que los mismos tamudeos recubrieron con sus grafitos las antiguas inscripciones nabateas en paredes y columnas. En los siglos sucesivos se practicaron nuevas modificaciones en el santuario y continuó siendo utilizado como lugar de culto hasta la primera mitad del siglo III. 

Curiosamente, James Irwing, astronauta del Apolo 15, le dijo al rey Hussein de Jordania que Wadi Rum era lo más similar en la tierra a lo que observó en la Luna. Y para concluir, cabe citar a Lawrence de Arabia que, donde el agua y el viento han labrado los impactantes rascacielos desérticos, él generó una leyenda a su alrededor tras la primera guerra mundial, atravesando el desierto con gran sufrimiento para atacar desde tierra a las tropas otomanas en el estratégico enclave de Aqaba, en el Mar Rojo: “El atardecer carmesí en estos formidables acantilados y empinadas escaleras de fuego neblinoso desciende hasta el sendero amurallado y el lugar, inmenso, solitario… como tocado por la mano de Dios”.

En nuestro próximo viaje a Jordania en junio tendremos oportunidad de conocer el desierto e incluso de poder hacer diversas actividades en él.

Daniel Bermejo

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