Viaje a Esperanza 2021

Queridos amigos y viajeros Oneira:

En este cierre de 2020 y antes de desearos un feliz 2021 entrante, quería contaros una bonita historia, muy nuestra. De viajes y de esperanza. De sanitarios entregados (como los de nuestros centros médicos y hospitales, ¡gracias!) y de Ciencia con mayúsculas.  Una de esas historias de grandes hombres y tejida con relatos de exploración y aventura. ¡Cómo esos pequeños viajes nuestros que tanto echamos de menos!.

El siglo XVIII ilustrado fue bien conocido por las grandes expediciones científicas españolas, en el Imperio en el que no se ponía el sol. Años de hallazgos científicos y renovación de las ciencias y de la ingeniería. La expedición más inspiradora fue la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, un extraordinario periplo que se configuró como la primera misión humanitaria de la historia.

El siglo XVIII sufrió una de las más graves pandemias que han azotado nuestra humanidad, la viruela (nuestro SARS-CoV-2 a su lado, es un ligero resfriado), en palabras de Timoteo O’Scanlan, “una guadaña venenosa que siega sin distinción de clima, rango, ni edad” que se llevó las almas de 60 millones de personas en Europa y causó estragos entre los supervivientes.  El médico inglés Edward Jenner (1749-1823) descubrió que las ordeñadoras de vacas no enfermaban, al comprobar que  todas ellas contraían viruela bovina, quedando así inmunes a la viruela. Después de numerosos estudios demostró que si tomaba un extracto de una llaga de viruela bovina y la inyectaba a un ser humano, esta persona quedaba protegida contra la viruela. ¡La vacuna se había inventado!

La vacuna llegó a España en 1800 y al año siguiente se inocularon con éxito las primeras dosis en Madrid. Entre los entusiastas del revolucionario método de la vacunación destacó el médico español Francisco Javier Balmis Berenguer, protagonista de nuestra historia. El galeno había trabajado durante años en la Nueva España y presentó su proyecto de extender la vacunación, sobre todo a los niños, por las posesiones de la Corona (América y Filipinas): la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, también conocida como Expedición Balmis.

La corbeta María Pita partiría del puerto de la Coruña en 1803. Nuestro médico Francisco Javier Balmís no dudó un instante en estudiar la manera de poder transportar en su viaje las muestras derivadas del virus, que apenas se mantenían activas unos días. Y su genial idea, audaz a todas luces, fue que el suero elaborado sería transportado en receptáculos vivos, que en este caso serían veintidós niños huérfanos de La Coruña que fueron inoculados sucesivamente a lo largo del viaje para mantener vivo y activo el virus vacunal. Junto a ellos viajaron una decena de médicos y enfermeros y una mujer, Isabel Sendales y Gómez, rectora de la Casa de Expósitos de La Coruña, cuyo cometido principal era atender a los párvulos y vigilar que no se rascaran las heridas para evitar contagios.

El plan fue temerario y éticamente muy dudoso. En los sucesivos puertos donde recaló la corbeta (Tenerife, Puerto Rico, Venezuela…) fueron vacunados nuevos niños y adultos  y a continuación se diseminaba la vacuna por las distintas  y nuevas regiones, dejando las preceptivas instrucciones y cierta organización sanitaria. Las aventuras marineras y sanitarias que vivieron los protagonistas de esta historia fueron innumerables: autoridades locales reticentes, problemas con poblaciones locales, captación de nuevos portadores, interferencias de virreyes, empleo de esclavos,  creación de Juntas de Vacuna, un naufragio y cientos de anécdotas. Los viajeros dejaron un registro completo de todo el trabajo realizado en cada etapa y el número de vacunaciones: en Colombia, 56.000, en Cuenca – Ecuador – 7.000, en Perú 22.726…

La Expedición de Balmis fue un gran ejemplo de expedición científica ilustrada financiada por la Corona Española. Toda una aventura viajera y de exploración, desde el punto de vista de la historia de los viajes. Fueron siete años de peripecias, recorriendo lugares impenetrables, contacto con poblaciones locales aisladas, cruzando selvas insoldables, subiendo altas cumbres andinas y mucho más.

Al final de esta etapa, Balmis marchó a Macao y a Cantón, y gracias a tres chavales que fueron con él difundió la vacuna por el territorio chino. A su vuelta, Carlos IV lo recibió en su Palacio de San Ildefonso, colmándolo de honores y felicitaciones.  En palabras del naturalista Alexander von Humboldt: “había finalizado el viaje más memorable en los anales de la historia”.

Esta gran e inspiradora historia viajero-sanitaria me emociona. Salvando los cientos de  años que nos separan del  s. XVIII hasta ahora, los procedimientos han cambiado: el traslado de la vacuna por vía marítima vs aérea, la diseminación vía fisiológica vs viales preparados ultracongelados, los descubrimientos empíricos vs experimentos científicos. Lo que no ha cambiado en modo alguno es lo principal: la entrega y la filantropía de los médicos y sanitarios en estas pandemias luctuosas, dedicando muchos años en sus viajes a vencer el virus de la viruela (entoces) y aquí, ahora, nuestros sanitarios luchando cada día en los hospitales por sacar adelante a los pacientes de COVID-19 que más sufren. ¡A ellos les trasladamos todo nuestro agradecimiento por su gran labor!.

Y nosotros, también protagonistas. Primates evolucionados. Bípedos implumes, que diría aquel. Vulnerables, sujetos al vaivén de los acontecimientos, a la implacable naturaleza, que deberíamos cuidar mucho más. Me emociona esta historia de vacunación liderada por Balmis y abrigo mis mayores esperanzas para que en 2021 tengamos todos nuestra vacuna lista para vencer definitivamente al COVID-19 y poder hacer todo lo que no hemos podido hacer en 2021:  abrazar y besar,  beber y brindar a placer, compartir buenos alimentos en los restaurantes con nuestros amigos, disfrutar de la música en directo y sobre todo VIAJAR, volver a llamar a nuestros amigos de Más Que un Plan Viajes, para recorrer el mundo que está ahí fuera con Oneira club de viajeros.

¡¡Feliz año 2021!! ¡¡Hasta muy pronto!!

Alberto Bermejo

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V Centenario de la Vuelta al Mundo de Magallanes y Elcano. Una gesta histórica.

El 10 de agosto de hace 500 años embarcaron en Sevilla 241 marineros de diversas nacionalidades,  al mando del portugués Fernando de Magallanes, en búsqueda de una nueva ruta hacia las islas Molucas, el paraíso de las especias. Con financiación de Carlos I de España, dado que el enemigo rey Manuel de Portugal no apoyó la expedición.  5 barcos y 100.000 kilómetros. 3 años después regresaron únicamente 18 tripulantes en la nao Victoria, en condiciones de salud lamentables, harapientos y famélicos,  al mando del vasco Juan Sebastián Elcano, que se puso al frente de la expedición tras la muerte de Magallanes en Filipinas. Así completaron  una gesta ibérica, histórica: la primera vuelta al mundo, de la que hoy celebramos su V Centenario. Comparable salvando distancias con la conquista del espacio. Sevilla inicia este sábado los fastos y celebraciones por esta gran proeza que ha marcado la historia de la humanidad, en el que portugueses y españoles de hace cinco siglos fueron protagonistas. Os contamos con cierto detalle esta aventura.

Lo que vivieron nuestros protagonistas hace 500 años fue una verdadera odisea, una auténtica proeza. Estos hombres además de circunnavegar el globo terráqueo cruzaron América por un estrecho desconocido, surcaron el temible océano Pacífico y navegaron por el laberíntico archipiélago de las Filipinas, encontrando las míticas “islas de las Especias”, el Eldorado ambicionado por las potencias del s. XVI.  Uno de los marineros, Antonio Pigafetta, aficionado a la antropología, llevó un diario sobre la epopeya; gracias a él disponemos de mucha información sobre esta temible aventura.

Magallanes puso proa hacia las costas de África, una singladura complicada. Bartolomé de las Casas describió al obcecado Magallanes como hombre “de aspecto no muy brillante, bajo, cojo, muy tenaz y de gran valor”. Las iniciales lluvias y el viento dejaron los barcos 60 días a la deriva. La calma ecuatorial posterior también hizo mella en la tripulación. Recordemos que en esta época se hablaba del “non plus ultra”, es decir, nada más allá del océano, el mar tenebroso. Piojos, chinches y todo tipo de bichos y ratas eran incómodos compañeros de viaje, en un ambiente enrarecido. En los primeros meses de viaje ya circulaban rumores de motín. El marinero Antonio Salamón fue ajusticiado acusado de sodomía. Tras un naufragio en las Indias portuguesas algunos capitanes se rebelaron. Magallanes fue implacable con los motines y los castigos eran implacables. Llegó a cortar la cabeza del jefe principal y lo descuartizó. En la Patagonia abandonó  al capitán español Juan de Cartagena.

En la costa americana buscaron el estrecho del que les hablaba el cosmógrafo Ruy Faleiro, el sabio chiflado que convenció a Magallanes, errando en distintas decisiones. Llegaron a intentar navegar el Río de la Plata; pero no era un estrecho.  Pasaron frío en estas latitudes, llegando a comer pingüinos. Las tormentas parecían durar siglos.

En Puerto San Julian se consuma un motín al ordenar racionar la comida, para unos hombres muy agotados. Piensan que “Magallanes los llevaba hacia el frío eterno”, como cuenta Laurence Bergreen en el libro: Magallanes. Hasta los confines de la Tierra” (Ariel). Se rebelaron 3 naves. Entre la Concepción (rebelde) y la Trinidad se dispararon balas de cañón. Magallanes aplaca el levantamiento y castiga con dureza a los amotinados dictando 40 penas de muerte, posteriormente conmutadas por trabajos forzados. Uno de los perdonados sería el marinero Juan Sabastián Elcano, el español que lideraría la vuelta a casa. A partir de Puerto San Julian los marineros temen más a Magallanes que al mar embravecido.  Los dramas continúan; la nave Santiago naufraga en la búsqueda del maldito estrecho; y los marinos se enfrentan a los indios “patagones”.

Finalmente 4 naves en octubre de 1520 atraviesan el estrecho ahora llamado de Magallanes, un conjunto laberíntico de estuarios, mareas y fiordos. Esta navegación fue “la mayor hazaña de la historia de la exploración marítima” en palabras de Laurence Bergreen. La nao San Antonio desertaría y se volvería a España. Sólo 3 barcos se adentran en el inmenso océano Pacífico, 3 meses y medio sin escalas; a bordo prevalece el hambre y el escorbuto, así como una disciplina durísima. Algunos indios abordan las naos y Magallanes los controla con baratijas y fruslerías que embarcaron en España, con el todo a ciende la época… En una de las escaramuzas Magallanes ordena un desembarco en una isla habitada del pacífico que es destrozada y saqueada.

En marzo de 1521 la flota alcanza el archipiélago de Filipinas (más de 3000 islas).  A los marineros se les permite yacer con las mujeres, sólo si estas han sido bautizadas, otra de las obsesiones de Magallanes (convertir a los indígenas). En una de las batallas en las Mactán Magallanes muere, herido, luchando con bravura.  Juan Sebastián Elcano, uno de los pocos navegantes con oficio que sobreviven y capitán de la nao Victoria, se alza como comandante de la flota.

El 6 de noviembre de 1521 llegan a las Molucas. Les recibe Al-Mansur, rey de Tidore. Un paraíso para lo que estaban acostumbrados en la travesía; una mina de especias: condimento, conservante y medicina en aquellos tiempos. Descubren que los portugueses llevaban comerciando allí en secreto durante años. La nao Victoria carga sus bodegas de especias y zarpa con 60 hombres. “Elcano decide regresar por la ruta portuguesa, por eso dan la vuelta al mundo, que no era el fin de la expedición”, cuenta María Dolores Higueras, exdirectora técnica del Museo Naval.

Los riesgos son altos para un barco solitario cargado de mercancía y hombres, que aún debe realizar una larga singladura de regreso, con caníbales a su paso, arrecifes, bancos de arena, vías de agua, sus enemigos… Alcanzan Timor, Java, y el cabo de Buena Esperanza, que consiguen atravesar. El 8 de junio de 1522 cruzan el Ecuador. El escorbuto mata a 21 marineros. En Cabo Verde y con engaños los marineros desembarcan y obtienen provisiones de los portugueses.

En condiciones deplorables los 18 europeos y 3 nativos de la nao Victoria desembarcan en Sanlúcar. 100.000 kilómetros recorridos. “La odisea más magnífica de la historia de la humanidad”, en palabras del escritor Stefan Zweig, biógrafo de Magallanes. Un periplo histórico, una gesta a recordar, de grandes y aventurados marinos, que se embarcaron en una aventura espléndida.

Alberto Bermejo

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Más allá de 2001: Odiseas de la Inteligencia

El pasado 14 de febrero de 2019 me escapé a Madrid. Tenía algunas visitas que realizar y asistir por la noche a un vibrante concierto de Snow Patrol. Aproveché la mañana para visitar una interesante exposición en Fundación Telefónica, que tuve ocasión de compartir en Instagram.

Se trató de “Más Allá de 2001: Odiseas de la Inteligencia”, ya finalizada. Acabó el 17 de febrero de 2019, por lo que sólo nos queda comentarla en este blog para dejar constancia de la misma, porque la exposición me impactó.

Nos invitaba a un viaje a los orígenes de la inteligencia y su proyección hacia el futuro, volcándose en proyectos de inteligencia artificial (IA). En un primer momento, con el eje temático  “el despertar de la inteligencia” centrado alrededor de Stanley Kubrick y su obra maestra: 2001: Una odisea del espacio, estrenada hace cincuenta años, con proyecciones de algunas escenas clásicas de la película, como las del mono humanoide que descubre la “primera” arma, el hueso, con el que muy probablemente sometería a otros clanes. O las escenas del superinteligente ordenador HAL 9000, el más avanzado de la nave Discovery y que tanto pesar produjo a sus  tripulantes. Pudimos ver también algunos documentos y manuscritos originales de Kubrick localizando y buscando expertos para trabajar en su film.

En un segundo eje, “En el universo de la IA y El futuro de las inteligencias”  la exposición nos mostró algunos trabajos de Ernst Haeckel, como su árbol de la evolución humana, el desarrollo del chip, el cerebro humano y las redes neuronales, etc. Vimos algunos inventos precursores de la IA, como el Ajecrecista (1912) de Leonardo Torres Quevedo y ejemplos aplicados al aprendizaje automático, enfocado a los deportes, el juego, lenguaje, resolución de problemas, etc.

En un tercer eje, “El futuro de las inteligencias y más allá del infinito” la muestra indaga en las posibilidades que se abren en el futuro para conseguir que efectivamente las máquinas lleguen a pensar y a emocionarse, como los humanos, y aborda las aptitudes creativas de la IA, como los dibujantes robóticos autónomos (uno de ellos en la exposición)  o el hecho sorprendente de un ordenador que se especializó en retratar como Rembrandt, cuadros absolutamente originales pintados por una IA con el estilo del pintor. Impresionante. Se explora cómo las máquinas o los ordenadores pueden llegar a controlarnos, en nuestras ciudades, cómo pueden llegar a tener un mayor conocimiento de nuestras variables biométricas e influirnos, o el futuro de la conducción autónoma o algo para lo que la tecnología ya está preparada: las armas autónomas:  un futuro de lo más inquietante para todos.

La última parte de la exposición se centró en el porvenir de la inteligencia y su relación con la Inteligencia Artificial. Estamos yendo sin remedio hacia una simbiosis cerebro-ordenador, un ser “transhumano”. ¿Llegará el momento en que la Inteligencia Artificial (IA) alcance el mismo grado de inteligencia que los humanos o que los supere?.  Quizás muy pronto lo sepamos…

Alberto Bermejo

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