Fue el poeta francés Paul Éluard, quien acuño uno de mis aforismos favoritos: “hay otros mundos, pero están en este”. Cuando viajamos lo hacemos con un transporte, con un destino definido, movilizando nuestro cuerpo y son nuestros sentidos los que hacen la mayor parte del trabajo de disfrutar el recorrido y conocer otra parte de nuestro mundo. Aunque también podemos descubrir el viaje interior, un viaje que tantas veces postergamos.

Como psicólogo clínico despliego múltiples técnicas en consulta orientadas a resolver los conflictos internos de mis pacientes. Sabed que una de las más eficaces para abordar el malestar emocional es el Mindfulness, un conjunto de técnicas y/o de filosofía de vida que incluye la práctica de la meditación en todas sus variantes, y la atención plena.

Este fin de semana me desplacé a Segovia para embarcarme en una pequeña aventura personal: profundizar en la filosofía de Pablo d’Ors y de Los Amigos del Desierto. Qué os voy a contar de Segovia que no sepáis: ciudad que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y que está repletos de encantos arquitectónicos. Sólo tenía unas horas, y aunque conozco bien esta ciudad castellana, me apetecía pasear por todo su casco antiguo; al menos llegar a la Catedral desde el Acueducto. Es en esta ciudad donde nos citamos para el seminario en grupo de Los Amigos del Desierto, de fin de semana, orientado a conectar con uno mismo, en torno a la práctica de la meditación, adscrita en la tradición cristiana de los Padres y Madres del desierto (siglos III-IV). Y a fe que el potencial de esta práctica es muy amplio. No sólo para aplicarlo en la propia vida, sino también para volcar esta experiencia en mi práctica clínica. Fueron un par de días llenos de sentimiento, muy especiales, donde he aprendido muchísimo. Y tenido ocasión de encontrarme a excelentes y sensibles hombres y mujeres.

Como sabéis, estoy enganchado a Oriente por múltiples razones y siempre me sentí atraído por los templos sublimes que descubrimos en nuestros viajes, compartidos con muchos de vosotros, antes con PERIPLOS, ahora con ONEIRA, los viajes que vendrán. Y me atrapan de forma especial los templos hinduistas y budistas, por ser los más importantes en la tradición del Gran Oriente. A mí personalmente me gusta entrar en ellos y no solo admirarlos, también meditar sobre el significado de cada uno de ellos para sus devotos y conectar… de algún modo, con la experiencia de los que ponen toda su fe en estos santos e inefables lugares. El mundo está lleno de lugares sagrados.

El libro de Pablo d’Ors, Biografía del Silencio, representa la invitación a una búsqueda interior. Para los que gozamos viajando, es otro tipo de viaje muy disfrutable. Un libro que atrapa al lector desde la primera página. Pablo nos relata su propia vivencia personal; cuando fuera un pequeño barco medio perdido en medio del oleaje y que acaba diluyéndose en el propio océano, con la práctica meditativa. Nos habla de la inspiración de escribir sobre uno mismo; sobre la intuición, sobre la confianza… que en la vida hay que soltar, no retener, sino desprenderse. Pablo nos cuenta en su libro que la meditación es una práctica de la espera; que las cosas son como son con independencia de nuestra intervención (además en mi práctica psicológica este axioma es central). Pablo escribe: “… Ni siquiera hay que nadar. Basta abrirse de brazos y dejarse llevar. Cualquier orilla a la que esa corriente te lleve es buena para ti: eso es la fe. Tú eres tu principal obstáculo. Deja ya de obstaculizarte. Quítate de en medio todo lo que puedas, y sencillamente, empezarás a descubrir el mundo…”. Puedes encontrar el libro de Pablo d’Ors, Biografía del Silencio desde este enlace a Amazon. Su lectura es muy recomendable.

La tradición de los Padres y Madres del Desierto, de la que bebe Pablo d’Ors y Amigos del Desierto, comienza a finales del siglo III, cuando un cristiano de nombre Pablo que vivía en Tebas, Egipto  se vio obligado a huir al desierto durante la persecución del emperador romano Decio.  Pablo abrazó la soledad y la vida del desierto, viviendo como un ermitaño. Otro hombre de Egipto, de nombre Antonio fue su inmediato seguidor, a los que siguieron San Pacomio, San Menas, San Basilio de Cesarea,  y muchos otros. Algunas “chozas colmena” de estos antiguos cristianos las hemos reconocido en la escena final de la última película de Star Wars: El despertar de la fuerza. Fueron también importantes las Madres del Desierto, como María de Egipto, Sara, Teodora, Sincletica, y tantas otras.  Miles y miles de hombre y mujeres abandonaron populosas ciudades grecorromanas  de Egipto y del entorno para vivir en soledad en pleno desierto en unión mística con Dios, utilizando como medio de contacto personal la Meditación. Y es sorprendente conocer que esta práctica, no deriva pues enteramente de la tradición oriental, sino que en nuestra propia tradición cristiana tuvo su encaje, aunque las iglesias actuales lo hayan olvidado. Muy probablemente las prácticas de estos primitivos cristianos se realimentarían del contacto de países vecinos, en Oriente, influyéndose mutuamente.

Algunos de los viajes de Oneira Club de Viajeros que hemos programado para 2019 coinciden con algunos de los escenarios que hace casi dos mil años poblaron los iniciadores de esta tradición mística. Nos referimos a los territorios desérticos de Egipto (viajaremos en diciembre de 2019), por los que nos desplazaremos para descubrir las grandes obras maestras faraónicas. Y muy especialmente está Wadi Rum, el gran desierto de Jordania (tenemos preparados ya dos grupos para junio de 2019), adonde también se dirigieron los iniciadores de esta tradición. Para mí será algo muy especial recorrer estos lugares recordando la peripecia que vivieron estos grandes y hombres y mujeres que decidieron aparcar su vida convencional para abrazar el misterio y vivir sus vidas en el duro desierto, conectando con la divinidad en la que creían, volcándose hacia ellos mismos.

Alberto Bermejo

ONEIRA club de viajeros

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