La Perla del Adriático, la Atenas Dálmata o Desembarco del Rey para los amantes de Juego de Tronos son varias formas de reafirmar la grandeza de la ciudad de Dubrovnik, una de las ciudades más bellas del mundo y portada con todos los honores de nuestro dossier de viaje. Con dos noches en Dubrovnik cerraremos el viaje a Croacia y Eslovenia que organiza Oneira para Octubre de 2019.

Fueron los romanos tardíos los primeros en levantar un fuerte y el dominio de la ciudad cambió con el paso de los tiempos, primero por el Imperio Romano de Oriente, luego la República de Venecia, después el Imperio Otomano y finalmente el Imperio Austrohúngaro. Dubrovnik es una ciudad indescriptible. Surgió en el siglo VII, poblada por pescadores que huyeron de los eslavos en los Balcanes. Recibió ataques por parte de los árabes, aunque la ciudad se recuperó y a partir del siglo IX la conocida como Ragusa se transformó en la ciudad más importante de toda Dalmacia. Por esta época también se convirtió en una potencia naval en el Adriático y Mediterráneo Oriental aunque más en un sentido comercial que militar, siendo invadidos varias veces por los normandos. En el siglo XIII fue conquistada por los venecianos y un siglo después comenzó a llamarse Dubrovnik (que significa robledal). Esta misma época se caracterizó por un pacto de no agresión entre el Imperio Otomano y Dubrovnik, implicando que después de la conquista turca de los Balcanes esta cuidad no fuese asediada. Esta situación generó la creación de un monopolio marítimo en el Mediterráneo Oriental, que produjo que una ciudad con no más de 100 mil habitantes tuviera una flota de 200 buques. Este esplendor llegó a su fin con el terremoto de 1667 que desoló la ciudad casi al completo. Desde este momento nada volvió a ser igual, y fue en el siglo XIX cuando Napoleón puso fin a la República de Ragusa. En 1815 el tratado de Viena concluyó el periodo napoleónico y comenzó la época del Imperio Austrohúngaro. La decadencia continuó y se acrecentó a causa de las dos guerras mundiales del siglo XX, y fue a partir de la pobreza y la miseria generada en este periodo que comenzó a crecer el turismo y por ende la prosperidad. La guerra de 1991 entre croatas, serbios y montenegrinos provocó la desolación de una ciudad desarmada y sin defensas. Unas 30 mil personas dejaron sus hogares, y otros sufrieron los horrores de la guerra en todos sus sentidos. El fin del conflicto hace casi 30 años ha permitido a Dubrovnik volver a brillar y recuperarse, siendo una potencia turística en la actualidad. En la página siguiente destacaremos sus localizaciones más interesantes.

Con un casco antiguo maravilloso y fantasioso y bañada por aguas cálidas color zafiro, la ciudad es hermosa hasta rabiar, un diamante en bruto oculto entre fortificaciones medievales y protegido por montañas repletas de robles que dan nombre a la localidad. La ciudad te empuja a deambularla, a recorrer de arriba abajo sus magníficas calles empedradas buscando huellas pasadas de su larga existencia y a deleitarte por sus increíbles construcciones y monumentos. Dubrovnik no solo tiene playas mágicas de piedra de un encanto excepcional, si no que te conquista gracias a su propuesta cultural atestada de elegancia y ostentación medieval. En la ciudad recomendamos visitar las imponentes murallas construidas en el siglo XIII, las cuales se encuentran rodeando el casco viejo de Dubrovnik. Se puede caminar por su interior cercando todo el perímetro que mide unos 2 km aproximadamente, aunque no es apto para todas las personas ya que la muralla no está adaptada y hay partes donde hay que llevar mucho cuidado. La Stradun es la calle principal del Casco Antiguo que penetra desde la conocida Puerta de Pile, donde se encuentra la estatua del patrón de la ciudad, San Blas, hasta la plaza Luza, donde se puede observar la Columna de Orlando y la Torre del Reloj. La mayoría de monumentos se encuentran en esta zona, como por ejemplo la Gran fuente de Onofrio, una inmensa fuente esférica con 16 chorros de agua cuya construcción inicial data de 1438. En la misma Stradun se sitúa el Palacio Sponza, construido en el siglo XVI albergando los Archivos del Estado y la Sala conmemorativa de los Defensores de Dubrovnik. Lo más vistoso es la fachada principal con detalles  góticos y renacentistas, un pórtico con seis columnas y un patio inferior.

Al lado de la Stradun se encuentra la Iglesia de San Blas, construida al estilo barroco en el año 1715 en honor a San Blas, encima de las ruinas de un antiguo santuario románico. En su interior existe un Altar Mayor de mármol policromado que destaca sobre todo lo demás. Si continuamos paseando por la Stradun se llega a los monasterios Franciscano y Dominico. Los dos aposentan iglesias con torres elevadas y su propio convento. En el interior del monasterio de los Franciscanos se sitúa la tercera farmacia más antigua del planeta (funcionando desde hace más de 600 años) considerada Farmacia histórica y un museo religioso de arte. Los muros conservan restos de metralla de la guerra de la década de 1990; destacable es la magnífica Pietá encima de la puerta de entrada esculpida por los maestros Petar y Andrijic en 1498. El palacio del Rector es actualmente un museo de historia, aunque en el pasado fue un palacio que albergó a los rectores de la República de Ragusa entre el siglo XIV y el XIX. Su disposición actual es producto de sucesivas restauraciones con el paso del tiempo presentando elementos barrocos, góticos y renacentistas. La Catedral de la Asunción fue levantada hace más de 300 años sustituyendo un antiguo templo románico destruido durante el fatídico terremoto de 1667. De  estilo barroco y se distingue por su cúpula y en su interior por los altares principales y el Tesoro, donde se guardan las reliquias de San Blas y otras piezas de valor. Saliendo del centro de la ciudad nos encontramos con el Mirador Monte Srđ, imagen panorámica ideal para disfrutar de la belleza indescriptible de la ciudada más de 400 metros de altura. Se puede ascender a pie, en coche o en teleférico. En lo más alto hay una base militar del año 1810 construida por los franceses durante el periodo napoleónico. Este mismo emplazamiento posee el Museo de la Guerra de Independencia. Testigo de batallas y enfrentamientos a lo largo de los siglos, Dubrovnik ha sabido resistir cada golpe, incluida la Guerra de los Balcanes, para mantenerse en pie tras sus invencibles murallas, para levantar una y otra vez aquello que el tiempo y la naturaleza se llevó y para recordar todo lo sufrido como experiencia de vida para las próximas generaciones.

Y es que Dubrovnik posee algo especial, algo que nos conduce a mundos de ensueño, mundos oníricos que solo se descubren pocas veces en la vida. Y eso lo queremos conocerlo de primera mano, amigos y viajeros Oneira.

Alberto Bermejo

Daniel Bermejo

ONEIRA club de viajeros

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