Tenemos todo preparado para nuestro próximo viaje de ONEIRA club de viajeros. En Semana Santa de 2024 nos trasladamos a la China más tradicional, moderna y ancestral, para descubrir todos sus secretos. Nuestro grupo ya está preparado. Queríamos compartiros este artículo sobre la milenaria figura del Dragón, en la cultura china, y así lo hacemos. Seguid leyendo en nuestro blog Oneira este interesantísimo artículo de A. Bermejo Vesga, que trasladaremos al Dossier de viaje que entregaremos a los amigos que viajarán con nosotros a este destino maravilloso.

De acuerdo con la cosmología china, regida por ciclos de 12 años, con el 2024 acabamos de iniciar el año del dragón, una figura clave en la cultura del país. Pero ¿qué papel ocupa el dragón entre los chinos? Si nos atenemos a los mitos europeos, el dragón es una figura amenazante, un reptil gigante capaz de escupir fuego por sus fauces. Encontramos ya esta figura en la mitología griega: en la Teogonía de Hesíodo, la Metamorfosis de Ovidio o incluso en el mito de los Argonautas.  En las leyendas anglosajonas, por otro lado, vemos el prototipo de dragón que mejor conocemos en el mundo occidental. Una bestia habitualmente apostada a las puertas de una sala repleta de tesoros, custodiándolos con su temible presencia. Es curioso que, sin embargo, ese carácter codicioso se vea reflejado tanto en el dragón griego que custodia el vellocino de oro que anhelan Jasón y sus argonautas, como el dragón anglosajón de Beowulf o el de Sigfrido, protegiendo a su vez un enorme ajuar de oro y piedras preciosas. Así, nuestro dragón simboliza una fuerza de la naturaleza poderosa e incontrolable, y a la vez, una avaricia insana, pues tal criatura no puede hacer nada con el tesoro que tan ávidamente protege, más que observarlo. Por el contrario, frente a esta imagen monstruosa del dragón occidental, encontramos que en la cultura china esta criatura está asociada a múltiples significados, mayormente ligados a la prosperidad, la fortuna y el poder.

De acuerdo con numerosos estudios, los orígenes de esta criatura datan de los antiguos rituales de adoración totémicos en los que atributos de varios animales se mezclaban, dando así lugar al dragón que hoy conocemos. Su morfología es la de una criatura reptiliana, de cuerpo largo y delgado, similar al de una serpiente, con escamas gruesas de colores que varían en su función de su tipo. De cabeza grande y amplios ojos, posee una boca llena de dientes afilados. Su cabeza habitualmente la coronan dos cuernos que le dotan de un aspecto amenazador, y sus patas se asimilan a las de un tigre, con garras afiladas con las que agarrarse a todo tipo de superficies. Su larga cola nos apunta que la imaginación de los chinos dotó a esta criatura de gran agilidad para moverse en el aire y el agua. A pesar de ciertas características amenazantes en su físico, se le atribuye una personalidad noble y justa, con un espíritu esencialmente bondadoso hacia los humanos, a los que protege de otras fuerzas amenazadoras. En vez de fuego, respiran nubes; su poder está íntimamente ligado al agua y la forma de su cuerpo serpenteante nos recuerda a los meandros que traza un río a su paso.

Sus primeros usos datan del 3000 a. C, y a lo largo de 5000 años de historia han representado múltiples significados. Desde el comienzo, sin embargo, se les asocia con el control de la meteorología, de las tormentas y los rayos, pero con el tiempo llegaron a representar la buena suerte, la prosperidad e incluso el poder. En una cultura agrícola como la de la China antigua, poseer la capacidad de bañar los campos con lluvia tras una larga sequía implicaba dar una preponderancia crucial a esta figura.

En una de las leyendas más conocidas del folclore tradicional chino, un día, una brutal sequía asoló toda la tierra. Cuatro dragones, conmovidos por las dificultades que vivían las personas por la falta de lluvia, fueron a implorar al Emperador de Jade, uno de los dioses más poderosos del panteón taoísta, que acabara con la situación y nutriera de lluvia las cosechas. El emperador aceptó, pero liado como estaba gobernando los cielos y la tierra, se olvidó por completo de llevar a cabo su promesa. Al cabo de diez días, y a la vista de que la sequía continuaba sin solucionarse, los cuatro dragones decidieron actual por su cuenta y hacer uso de su poder y regar de lluvia los campos. El Emperador descubrió lo que habían hecho y, furioso por haber actuado a espalda suya, ordenó al Dios de la Montaña que atrapara a los cuatro dragones. Sin embargo, encerrar a cada dragón en una montaña no impidió que de sus cárceles siguiese brotando agua, dando origen a los cuatro grandes ríos que bañan la China continental (Río Amarillo, Yangtsé, Amur y Río de las Perlas). Este mito sobre el origen de los principales ríos de China nos dice mucho de la imagen que los chinos tienen de estas bestias mitológicas. Lejos de ser temibles, son figuras compasivas y benévolas que llegan al punto de la desobediencia al emperador con tal de ayudar a las personas.

Hay, además, otra característica crucial para entender el papel del dragón en la cultura china, y es su asociación con el poder. Durante los años de la Dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.), el dragón se convirtió en un símbolo importante de la familia imperial. Los emperadores asociaron su descendencia a la de los dragones, y se preocupaban de recordarlo a todo el mundo representándolo en las diferentes prendas de ropa y objetos personales del emperador. Así, los emperadores fueron catalogados como seres elegidos y protegidos por la imagen divina del dragón. Años más tarde, durante la Dinastía Song (960-1279 d.C.), el dragón adquiriría el carácter de símbolo popular y comenzaría a multiplicar su presencia en los productos culturales como la cerámica, la escultura y la pintura. En la Dinastía Ming (1368-1644 d.C.) este proceso se agudizaría, popularizándose el dragón de tal manera que se volvió omnipresente y llegó hasta la decoración de los objetos cotidianos del pueblo, que comenzó a adorarlo.  Finalmente, durante la Dinastía Qing (1644 – 1911 d.C.) el dragón definitivamente se fundió con la identidad nacional china. Los líderes de la Dinastía Qing se esforzaron por promover la cultura y la identidad chinas, y el dragón se convirtió en el símbolo principal a tal efecto.

Como vemos, es innegable la poderosa presencia del dragón en la cultura china. Su influencia trasciende lo cotidiano y se extiende a las representaciones nacionales, religiosas y artísticas; a ojos de sus habitantes vemos a un animal noble y majestuoso íntimamente ligado a la historia y cultura de ese enorme país que es China.

A.  Bermejo Vesga

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