Akihito, Emperador de Japón abdicó esta semana del Trono del Crisantemo en una emotiva ceremonia que incluyó una comunicación con sus dioses antes de hacerla efectiva, según marcaba la tradición. El mundo de las creencias y de los supuestos va mucho más de nuestra vida y de la de todos los individuos; la fe, la ideología, la religión, forma parte consustancial de nuestras sociedades. Todo lo impregna, hasta el lenguaje. Y como ya sabéis, en nuestros viajes de Oneira club de viajeros, la visita a lugares y monumentos que conforman la tradición de pueblos y culturas es obligatoria.

Y lo traigo a colación del fascinante  el libro que estoy leyendo de Neil MacGregor, Vivir con los dioses: pueblos, objetos y creencias, Editorial Debate. Una historia de las religiones sui generis. Afirma Joan Didion que “nos contamos historias para poder vivir”,  de hecho por ello admiramos el cine, la novela y nos encanta ser protagonistas de nuestras propias aventuras (sí, también viajando). Mas también construimos relatos que van más allá de nuestra propia sociedad y que constituyen la base de la tradición, las creencias y las religiones. Nos cuenta MacGregor que los sistemas de creencias contienen un relato sobre cómo se creó el mundo físico y cuál es nuestro papel en el mundo. Su libro no se concentra en las abstracciones de los distintos acercamientos religiosos ni en la espiritualidad, sino que mantiene un tono más antropológico, como práctica antes que como doctrina, poniendo el foco en lo que las sociedades creen y como organizan estas creencias en distintos ritos. MacGregor nos habla de politeísmo (y sus ventajas, al ser una estructura religiosa más “democrática”) de monoteísmo  o  de acercamientos religiosos más naturalistas. De ceremonias, sacrificios, de museos y de colecciones. Nos habla de todo lo que de divino hay en el hombre, haciendo un recorrido geográfico amplísimo. Podéis comprar el libro de Neil MacGregor en Amazon desde este enlace.

Y me tomo la libertad de rehacer el título de su libro para hablar de nuestros viajes. Porque de algún modo, cuando viajamos con Oneira, antes con PERIPLOS, conocemos los dioses del lugar que visitamos. Viajamos también con estos dioses, de los lugares que descubrimos. Nuestra concepción del politeísmo es muy mediterránea, pagana,  procedente de nuestros ancestros culturales griegos y romanos. Este pasado mes de enero 2019, en nuestro viaje Oneira a Nápoles y Costa Amalfitana descubrimos un templo romano debajo de la Basílica de San Clemente dedicado a la figura de Mitra. Los romanos eran muy prácticos y adoptaban los dioses de las tierras que conquistaban en un totum revolutum que les permitió extender el Imperio. Sin embargo, sorprende el más dulce y reconfortante politeísmo oriental, con una concepción de lo divino más naturalista y cercana. Lo hemos conocido de primera mano en nuestros habituales viajes a India de los últimos años. Retornaremos con Oneira a India en 2021 para volver a ser testigos de la devoción de este pueblo a sus dioses. Recuerdo asimismo nuestro viaje a Japón de 2016 y 2018, con creencias comunitarias acerca de “seres animados” o “paisajes animados”, que desde nuestra limitación occidental podemos entender como creencias en “espíritus”; especialmente  en el Sintoismo. Volveremos a Japón; también seremos testigos de la fe de los coreanos cuando preparamos nuestro viaje a Corea de 2021. El Budismo está ampliamente extendido por Oriente, con la particularidad de que doctrinalmente no siempre establece la existencia de un dios, como lo entendemos nosotros, limitados monoteístas. En algunas de sus corrientes la expresión divina es muy cercana a un constructo energético. En nuestros viajes por Europa de estos últimos años, también por destinos sudamericanos,
y los próximos que haremos frecuentaremos sin duda grandes  iglesias y catedrales que han forjado la tradición cristiana occidental. En nuestros próximos viajes a Jordania (junio 2019) e Israel (2020) nos toparemos con otras dos grandes religiones monoteístas: el Islam y el Judaísmo, primas hermanas del Cristianismo, aunque a menudo nos hemos llevado “a matar” en los últimos dos milenios. Nuestras visitas, forzosamente, implicarán el acercamiento a la fe que estos pueblos atesoran y que nos resultará más cercana, por tener como base la creencia en un solo Dios.  ¿Y sabéis donde podemos encontrar el inicio del monoteísmo?. Tendremos oportunidad de conocerlo en nuestro viaje a Egipto de diciembre 2019. Pues exactamente fue allí en Egipto, hace 3.500 años, cuando Akenatón, el faraón esposo de Nefertiti desplazó a 2000 deidades egipcias (como Osiris y Amón)  y declaró que el Sol era el único dios, dedicándole todo tipo de alabanzas que tenemos escritas. “¡Oh, Dios único, inigualable!”. En la tradición egipcia, el Faraón era intermediario entre el pueblo y los dioses, constituyendo con este cambio divino una relación más estrecha con la divinidad. Este experimento monoteístas resultaría efímero; os contaremos su historia en otro artículo, de cara a nuestro próximo viaje de final de año. Sabed que su hijo Tutankamón volvió a rendir culto a los dioses tradicionales, faraón cuya tumba sería objeto de un espectacular descubrimiento en 1922.

Y según lo que conocemos todo empezó hace cuarenta mil años, en la última glaciación,  con El Hombre-León de Ulm, una escultura de marfil de mamut espectacular, la representación más antigua conocida de algo que está más allá de la experiencia directa humana; ved la fotografía. Una obra maestra. Un híbrido entre cuerpo de hombre y cabeza de león. Pero no una cabeza de león de los que veremos en nuestro safari  Oneira de noviembre 2019 sino cabeza del león de las cavernas, el felino más grande de la historia. Durante miles de años hemos construido creencias, ideologías y religiones en torno al fuego poderoso y divino. Los hindúes adoran a Shiva, en su danza cósmica de destrucción y renovación -alrededor del fuego- cuya figura comprada en los mercadillos nos la llevamos a casa. Las vestales romanas se ocupaban de mantener el fuego de Roma eternamente encendido, como también se preocupaban los zoroástricos, como tuvimos ocasión de comprobar en nuestro viaje a Irán en 2017. El agua de vida y muerte ha formado parte de múltiples creencias religiosas, sin ir más lejos, los cristianos somos bautizados con el agua, o para los hindúes el sagrado el agua procedente del Ganges: agua de vida y muerte.

Y podríamos hablar mucho más, pero nos quedaría excesivamente largo este artículo. Nos queda siempre el hecho cierto del asombro, cuando viajamos y nos acercamos a esta dimensión del ser humano y de las sociedades que estructura y que alimenta nuestros viajes. Como decíamos en nuestro título, Oneira viaja con los dioses, los acompaña en su devenir, cuando los visitamos, cuando vemos a los devotos en sus ceremonias en iglesias, templos y lugares de culto que nos complace descubrir en cada viaje. Y dioses mediante, así procuraremos continuar nuestro proyecto viajero onérico.

Alberto Bermejo

ONEIRA club de viajeros

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