Con este post os invitamos a sumergiros en el impresionante Machu Picchu. Una de las grandes maravillas de Perú y de todo el orbe, entre el Cielo y la Tierra. Un lugar cargado de significación y de gran importancia para el pueblo inca que nos descubre el poder y la riqueza de una civilización perdida. Es un espectáculo grandioso que os invitamos a conocer si aún no habéis puesto pie en Perú. Nosotros viajaremos a este lugar en Semana Santa de 2019. En un viaje a Perú. ¿Queréis saber algo más de este yacimiento arqueológico  ciudadela?. 

Para alcanzar el Santuario Histórico de Machu Picchu   uno siempre debe atravesar Aguas Calientes. Este pueblo se encuentra en un profundo cañón a los pies de las ruinas, junto con una abundante vegetación y rodeado de imponentes cadenas montañosas, grandes bosques nubosos y dos caudalosos ríos. Nosotros lo alcanzamos en tren. Ubicado en la Cordillera Oriental del sur de Perú, Machu Picchu o del quechua “Montaña Vieja” es el yacimiento arqueológico más famoso de toda Sudamérica y el tesoro más preciado del país. Esta antigua ciudad inca fue erigida en el siglo XV y se sospecha que fue una de las residencias del noveno inca del Tahuantinsuyo, Pachacútec. No obstante, algunas de sus construcciones y la evidente naturaleza ceremonial del lugar dan a entender un origen más antiguo a Pachacútec y su uso como templo religioso. Machu Picchu ha sido valorada al mismo tiempo como una obra maestra de la ingeniería y de la arquitectura gracias a sus particulares características visuales y arquitectónicas y al velo de misterio generado por aquellas obras literarias difundidas sobre el lugar. Machu Picchu nunca se mencionó en los relatos de los conquistadores españoles y no fue hasta 1922 cuando el historiador Hiram Bingham habló de su aventura 10 años atrás. Bingham estaba tratando de buscar la ciudad de Vilcabamba, creyendo haberla encontrado al ver Machu Picchu. Los restos de Vilcabamba, por cierto, se hayan ocultos en la espesura de la selva, conocidos como las ruinas de Espíritu Pampa. Pese a la gran afluencia de visitantes, Machu Picchu sigue conservando un aire de grandeza y misterio que cautiva al viajero. Originalmente las ruinas estaban recubiertas de densa vegetación; Bingham regresó en 1912 y 1915 para proceder con una ardua limpieza de toda la maleza; también trazó mapas de las ruinas del llamado camino inca.  Los arqueólogos debaten sobre la función original del santuario. El director del yacimiento defiende que fue un centro político, religioso y administrativo. Para nosotros no nos cabe duda de la función claramente ceremonial de este sagrado lugar. Aún recordamos que Alejandro Toledo, el primer presidente peruano totalmente indígena, celebró aquí su investidura en el 2001. Actualmente siguen realizándose nuevas excavaciones e investigaciones.

Ya dentro de las ruinas, desde la Casa del Cuidador de la Fuente, restaurada con techos de paja, se tienen unas vistas increíbles y las mejores fotos. Muy cerca de aquí se encuentra la escalinata de las fuentes (baños ceremoniales), un conjunto formado por una gran escalera por la que corren 16 caídas de agua interconectadas, descendiendo en cascada a través de las ruinas. Encima de estas fuentes se encuentra el Templo del Sol, construido en el barrio Hanan por los incas para rendir homenaje y dar ofrendas al sol. El sol era una de las divinidades más esenciales de la cultura incaica, fundamental en la vida de los pobladores y responsable del desarrollo de las cosas. Por lo tanto, solo sacerdotes sacramentados y las personas más importantes del imperio tenían acceso a su interior. La estructura está erigida sobre una cueva natural, hecha a base de bloques de granito y sus muros están hechos con piedras de forma y tamaño irregular colocadas de forma perfecta. No obstante, una de sus paredes le otorga cierta curvatura, dándole un aspecto asombroso. En su interior hay un altar tallado en roca donde se realizaban ceremonias religiosas en honor al dios Sol y la sombra que proyecta la luz de las ventanas permitía medir con exactitud la salida del sol durante los solsticios de verano e invierno, confirmando  la función del templo como observatorio astronómico. Debajo del templo se halla la Tumba Real, una cueva de roca natural cuidadosamente tallada con un altar en forma de escalón y varios nichos sagrados. La Plaza Sagrada es un conjunto de edificaciones situadas alrededor de un patio cuadrado. Esta contiene un pequeño mirador con una pared curvada que ofrece unas magníficas vistas de la nevada Cordillera Vilcabamba y del río Urubamba.

El lugar estuvo destinado a distintos rituales e incluye a su alrededor algunos de los edificios más importantes de Machu Picchu:  el Templo de las Tres Ventanas, con un muro de rocas ensambladas como un rompecabezas que posee 3 preciosas ventanas trapezoidales, que según la leyenda de Tamputoq’o, cada ventana representa una de las tribus mitológicas que dieron lugar a la cultura incaica; el Templo Principal, llamado así por su robustez y perfección, fue el principal recinto ceremonial de la ciudad y la Casa del Alto Sacerdote, que fue la cámara de los ornamentos. Detrás del Templo Principal se erige la Sacristía, con numerosos nichos cuidadosamente tallados que posiblemente sirvieron para guardar objetos ceremoniales. En la parte posterior de la Sacristía se asciende a una pequeña colina donde se encuentra el principal santuario de Machu Picchu, Intihuatana. Esta es una roca tallada sobre un afloramiento rocoso, destacando por sus numerosos planos pulidos con elevada exactitud y destreza matemática. Además, también sirvió como reloj solar y es conocida desde hace muchos años como “la roca que irradia energía”. Los incas podían hacer observaciones extremadamente precisas del movimiento del sol, mediciones sobre el clima y sobre cambios estacionales gracias a la sombra que produce el pilar tallado en la parte central. Además, la traducción literal en lengua quechua significa “donde se amarra el sol”. En dirección descendente se encuentra la Plaza Central y en su parte inferior, el Sector de Cárceles, el cual era un laberíntico complejo de celdas, nichos y pasadizos, excavados tanto bajo tierra como al nivel del suelo. El elemento central del conjunto es el Templo del Cóndor, situado sobre una cueva natural aprovechando la propia roca de la montaña. Desde aquí sobresale una formación rocosa que fue moldeada y tallada para dar forma a las alas extendidas y a la cabeza de un cóndor bajo ellas. Cabe la posibilidad de que fuera un altar de sacrificios y teniendo en cuenta la condición de dios que tenían los cóndores en la civilización incaica, es posible pensar que los prisioneros de las cárceles eran sacrificados y situados en el altar, para que posteriormente, un cóndor descendiera desde la Cordillera de los Andes para darse un festín. Detrás del cóndor hay un agujero en forma de pozo, en cuyo fondo hay una puerta que conduce a una diminuta celda subterránea accesible solamente de rodillas.

Alberto Bermejo

Daniel Bermejo.

www.oneira.es

info@oneira

Un viaje a tus sueños.