La Habana, con más de 2 millones y medio de habitantes, es el corazón y el alma de Cuba, la capital de su bien amado país, su ciudad más característica, su pasión y su pesar. Es su ron, su son, sus mojitos, su ropa vieja, sus guayaberas, los atardeceres en El Malecón, la combinación entre estilo colonial y modernidad, los coches antiguos, es retroceder en el tiempo 70 años, una ciudad nostálgica y decadente pero también ecléctica, es su vitalidad y su exotismo, es una ciudad maravillosa,  para que engañarnos. El viaje que hemos preparado para nuestros amigos de Oneira club de viajeros para febrero de 2020 no puede dejar de incluir un buen tour por buena parte de La Habana, con todas las visitas y múltiples actividades. Os lo contamos en nuestro blog Oneira.

La Habana posee tal personalidad que te atrapa, una ciudad repleta de paradojas y contradicciones, que cuenta con un casco histórico excepcional, una apasionante arquitectura, la iconografía cubana de la Revolución, el calor de su gente, su gastronomía y su música. Las 4 zonas más importantes de la ciudad son La Habana Vieja, Centro Habana, Vedado y Playa Miramar. Aunque fue fundada en 1519, no fue hasta 73 años después que Felipe II le confirió el título de ciudad, La villa se fortaleció durante el siglo XVII por orden real en nombre de la “Llave del Nuevo Mundo y fortaleza de las Indias Occidentales”, haciendo de La Habana la región mejor defendida de América. Además y durante la misma época se levantaron edificaciones enormes tanto de carácter religioso como civil como es el convento de San Agustín, la Ermita del Humilladero, el Castillo de El Morro, la iglesia del Santo Ángel Custodio, el hospital de San Lázaro, etc… Una de las construcciones más emblemáticas de la ciudad fue el faro ubicado en la fortificación de El Morro, el cual data del siglo XVIII. En 1837 se inauguró el primer tramo de ferrocarril uniendo Güines y La Habana a lo largo de 51 km. Este hecho hizo que Cuba se convirtiera en el quinto país del planeta en poseer línea de tren, lo cual se tradujo una década después en el crecimiento de las industrias del país, entre ellas la tabacalera y azucarera. Posteriormente se fomentó el alumbrado público, el telégrafo, el transporte urbano y los teléfonos. En esta misma época se levantan centros culturales como son el Liceo Artístico y Literario, el Teatro Coliseo y el Teatro Tacón, uno de los más lujosos del planeta. Posteriormente, el país se ve inmerso en tres guerras de independencia representadas por los patriotas de la isla, culminando a punto de finalizar el siglo XIX cuando el acorazado norteamericano Maine se hunde en condiciones aún enigmáticas,provocando un pretexto que EE.UU aprovechó para entrar en combate con la ya débil España y dando lugar a la ocupación de la isla en mayo de 1902. En este mismo mes España firma la independencia definitiva de la isla y Cuba acaba siendo controlada desde la sombra por los estadounidenses.

Durante la etapa republicana del presidente Batista (1902-1958) se levantaron muchos edificios y se ejecutaron numerosos desarrollos urbanísticos, especialmente en el oeste de la urbe. También se construyeron lujosos hoteles, clubes nocturnos y casinos, haciendo de la ciudad la capital del juego en toda la región. De hecho, durante esta época La Habana era conocida como Las Vegas del Caribe, aunque esta situación trajo problemas a la ciudad, como la mafia y los negocios ilegales, haciéndola también conocida como la Gomorra de las Antillas. Todo esto terminó con la culminación de la Revolución Cubana en enero 1959, momento en que los insurrectos liderados por Fidel Castro dieron un golpe de estado que terminó con el totalitarismo de Fulgencio Batista. A partir de este momento se estableció un régimen socialista que nacionalizó todas las empresas y propiedades de los “ricos”. Durante bastante tiempo el régimen estuvo recibiendo apoyo por parte de la URSS pero con su disolución en 1991 empezó una nueva época conocida como Período Especial. Los productos básicos que terminaban en el pueblo fueron controlados férreamente por el gobierno y se produjo una lamentable dejadez de las propiedades de la isla. Ante el embargo por parte del gobierno de los Estados Unidos, Cuba se aferró al turismo como principal fuente de ingresos. 

Ya en la ciudad hay cientos de cosas que se pueden realizar. Una de ellas es un Paseo en Coches Clásicos por la ciudad de La Habana, donde se puede disfrutar de vehículos descapotables clásicos americanos de los años 50. Es como viajar en el tiempo, uno se siente cruzando La Habana de la época revolucionaria y visualizando las zonas más importantes de la ciudad. Otra cosa que se debe ver es el Museo de la Revolución, un museo-palacio que cuenta la historia reciente del país desde el punto de vista del castrismo. Aquí se guarda el despacho desde donde gobernaba el antiguo dictador Fulgencio Batista y numerosas estancias donde se reunían los ministros. Otro lugar es el Parque Central, insólito ya que no posee forma de parque. Todo surgió porque Nueva York tenía un “Central Park” y los cubanos también querían uno, por lo que le quitaron un trozo de calle al Paseo del Prado y de ahí su forma peculiar. Otra de sus curiosidades es que está cercado por 3 grandes hoteles. El Hotel Inglaterra, establecido por los españoles; el Hotel Telégrafo, construido por los americanos y el Hotel Parque Central levantado por la Revolución. Dicho de otra forma, 3 hoteles construidos durante los 3 procesos de la historia reciente del país. Este parque cuenta con una estatua de mármol de José Martí de 1905. Otro edificio representativo es el Gran Teatro de La Habana, un espléndido edificio ubicado en el Paseo del Prado y sede del famoso Ballet Nacional de Cuba. El Capitolio Nacional, hecho a partir de caliza blanca de Capellanía y granito, es una de las construcciones más representativas de La Habana. Es idéntico al de Washington, pero los cubanos presumen de este ya que posee un metro más de ancho, un metro más de alto, un metro más de largo y cuenta con muchos más detalles. Su levantamiento comenzó en 1926 por orden del dictador cubano Gerardo Machado con respaldo de los estadounidenses. Para hacer frente a la obra hicieron falta más de 5 mil obreros y casi 3 años y medio de trabajo junto a una inversión de 17 millones de dólares. Al principio fue usado como sede del Parlamento Cubano, pero desde 1959 alberga la Biblioteca Nacional de Ciencia y Tecnología y la Academia Cubana de las Ciencias. Posee una cúpula de 62 metros junto a una copia de la estatua de bronce del escultor Giambologna. Justo debajo de la cúpula y en la segunda planta hay un diamante de 25 quilates. A 15 minutos del Capitolio está el Malecón, un paseo marítimo de 8 km de longitud que conecta la Habana Vieja y Miramar. Un lugar para disfrutar de la puesta de sol, la música improvisada de algún grupo local a la vista de los edificios más emblemáticos, una cerveza fresquita, ver a los pescadores habaneros terminando la jornada y a niños saltando de las rocas al mar, pararte a hablar con los locales e intentar empaparte del ritmo cubano.  El famoso Callejón de Hamel, situado cerca de la zona de Vedado en el barrio de Cayo Hueso, es una referencia cultural del legado africano del país en su máximo esplendor a base de esculturas conmovedoras, arte urbano, fachadas multicolores, letras, símbolos, imágenes de dioses africanos y diablitos Abakuá.

  El proyecto cultural comenzó en los años 90 de mano de su artista más importante, Salvador González Escalona. El callejón es como un lugar de fantasía donde la creatividad se puede saborear, escuchar, observar, sentir y oler. El cóctel típico de la zona es el Negrón, hecho a partir de ron, miel, albahaca y mucho hielo. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982 y al otro lado de la Bahía de la Habana está el Complejo Histórico Militar Morro – Cabaña, obra del arquitecto militar italiano Giovanni Bautista Antonelli comenzada en 1589 por orden del gobernador Juan de Tejeda. El Castillo de los Tres Santos Reyes del Morro fue ideado para divisar a los barcos enemigos, especialmente los de los corsarios. Era muy común que barcos repletos de tesoros del Nuevo Mundo atracaran en La Habana en su destino hacia España, por lo que era de vital importancia su defensa. El faro del Morrillo, el lugar más alto de toda la colina, se hizo a partir de piedra y mantiene la lámpara original, la cual tiene una capacidad de alumbramiento de 30 km de radio. En la actualidad, el castillo junto a la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña forman el Complejo Histórico. Esta última fortaleza se construyó después de recuperar la ciudad una vez fue conquistada por los británicos en 1762. Las tropas españolas necesitaron más de 11 meses para reconquistar La Habana, valiéndoles de escarmiento para fortificar la colina que controlaba el puerto. La fuerte remodelación costó casi 15 millones de pesos, un elevado precio que, según la tradición oral, cuando el rey español Carlos III fue avisado al respecto, demandó un catalejo alegando que una construcción tan costosa debía observarse desde sus aposentos en Madrid. La Cabaña es un enorme polígono que mezcla el típico diseño de las escuelas militares de Francia junto a elementos del ingeniero español Silvestre Abarca. La Habana es una ciudad enorme, de ahí la enorme necesidad de grandes descripciones.

Hay mucho más, os lo seguiremos contando en otro artículo.

Daniel Bermejo 

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