Rovinj es un precioso pueblo costero, uno de los más románticos y expresivos de todo el Mediterráneo. Esta pequeña localidad de menos de 15 mil habitantes seduce al viajero gracias a su centro histórico de callejuelas empedradas, su increíble gastronomía, su encantador embarcadero y el ambiente de sus calles. Su historia se remonta probablemente al Imperio Romano y puede que incluso antes, cuando la región estaba controlada por las tribus ilirias. Por aquella época, Rovinj estaba situada en una isla y no fue hasta 1763 que esta se unió al continente al rellenarse el canal que los distanciaba. La huella más importante en Rovinj la dejó la República de Venecia ya que gobernó la región durante más de 500 años, por lo que se respira cierto encanto veneciano en la ciudad. De hecho, un censo realizado hace poco más de 100 años confirmó que el 98% de los habitantes hablaban italiano. Posteriormente, la ciudad se integró en el Imperio Austríaco, al Reino de Italia, y después de la Segunda Guerra Mundial, a la región soviética de Yugoslavia. Tras la independencia de la región en los años 90, Rovinj pasó a formar parte de la República de Croacia.

El pueblo es un museo al aire libre, silencioso, tranquilo y con sonidos de pájaros que invaden el lugar. Pasear por su Centro Histórico es en sí encantador, gracias a sus expresivas y preciosas calles empedradas. La Catedral de Santa Eufemia es el templo barroco más grande y considerable de toda Istria, con un enorme parecido a la Basílica de San Marcos de Venecia. La patrona Eufemia descansa en un sarcófago de mármol en el interior de la basílica. Se puede subir hasta lo alto del campanario, por encima de los 60 metros y en el punto más alto de Rovinj, desde donde se puede apreciar un océano de tejas color rojo. A través del Arco de Balbi, antigua entrada a la ciudad, puedes acceder a Grisia, la calle principal. Sobre los pies de la catedral hay multitud de artistas con estudios de arte y galerías hallados por doquier, especialmente en agosto. El Paseo Marítimo, repleto de barcos anclados, es un lugar fantástico para respirar y pasear en un ambiente que puede recordarnos tiempos pasados. Al sur de la ciudad se encuentra el Golden Cape, una enorme zona verde con numerosos parques repletos de pinos y cipreses situado al lado del mar. Los habitantes suelen pasear, usar la bici y correr ya que se respira un ambiente de montaña espléndido. A menos de 5 minutos se encuentra la preciosa playa de Lone Bay, especialmente utilizada en verano. Hay otras muchas cosas que aquí se pueden hacer, como ver el atardecer desde el embarcadero, visitar alguna de las islas cercanas, perderte en los mercados locales y visitar Monkodonja.

Daniel Bermejo

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