En marzo de 2027, ONEIRA Club de Viajeros viajará a Taiwán, una isla fascinante donde conviven templos centenarios, montañas cubiertas de niebla, ciudades vibrantes y una de las sociedades más modernas de Asia. Nuestro recorrido nos llevará también por lugares como Jiufen, Shifen, Tainan y Kaohsiung, donde descubriremos una faceta menos conocida pero esencial para comprender el país: la de sus minas, sus ferrocarriles, sus antiguas fábricas y sus puertos. Espacios que fueron protagonistas de la transformación económica de Taiwán y que hoy han encontrado una nueva vida como pueblos históricos, centros culturales y barrios creativos. En este artículo nos acercamos a esa memoria industrial que sigue formando parte del paisaje y de la identidad de la isla.

Taiwán no solo se comprende a través de templos, montañas, mercados nocturnos y ciudades ultramodernas. Una parte esencial de su historia reciente está escrita también en minas, ferrocarriles, fábricas, almacenes y puertos. Durante décadas, estas infraestructuras impulsaron la transformación económica de la isla y modificaron profundamente su paisaje y la vida de sus habitantes. Hoy, muchos de aquellos espacios han perdido su función original, pero no han desaparecido: se han convertido en lugares de memoria, centros culturales y nuevos espacios creativos.

En el norte de la isla, Jiufen y Jinguashi crecieron al calor de la minería del oro. A finales del siglo XIX, el descubrimiento de yacimientos auríferos transformó pequeñas aldeas de montaña en núcleos mineros muy activos. Jiufen llegó a vivir una época de gran prosperidad, con trabajadores, comerciantes, viviendas, negocios y servicios que dependían casi por completo de la actividad minera. Cuando las minas comenzaron a declinar, el pueblo entró en decadencia, pero con el tiempo recuperó una nueva vida. Hoy sus callejuelas empinadas, las casas tradicionales y las vistas sobre el mar han convertido Jiufen en uno de los lugares más evocadores del norte de Taiwán.

Muy cerca, Jinguashi conserva de forma todavía más evidente las huellas de aquel pasado. Las antiguas instalaciones mineras, las galerías, las viviendas de trabajadores y otros restos industriales permiten imaginar cómo era la vida en torno a la extracción de oro. Frente al ambiente animado y nostálgico de Jiufen, Jinguashi mantiene un carácter más silencioso y directamente vinculado con la memoria minera.

Otro capítulo de esta historia aparece en Shifen. La pequeña línea ferroviaria que hoy atraviesa el centro del pueblo estuvo originalmente vinculada al transporte de carbón desde las zonas mineras de las montañas. Durante décadas, aquellas vías sirvieron a una economía industrial que marcó el desarrollo de la región. Hoy el mismo ferrocarril se ha convertido en uno de los atractivos turísticos más pintorescos de Taiwán. El tren continúa pasando junto a las casas y comercios, pero transporta viajeros en lugar de carbón. El paisaje permanece; su significado ha cambiado.

Más al sur, la memoria industrial adquiere otro protagonista: el azúcar. Cerca de Tainan, el actual Ten Drum Cultural Village ocupa una antigua fábrica azucarera levantada durante el periodo japonés. Durante buena parte del siglo XX, estos complejos industriales desempeñaron un papel importante en la economía taiwanesa. Tras el cierre de la fábrica, sus almacenes, chimeneas y estructuras no fueron demolidos. El espacio fue recuperado y transformado en un centro dedicado a la música, las artes escénicas y la creación cultural. Allí donde antes resonaba la maquinaria industrial, hoy lo hacen los tambores.

En Kaohsiung, esta transformación se percibe en torno al gran puerto. La ciudad creció durante el siglo XX estrechamente ligada al comercio marítimo, al ferrocarril y a la actividad industrial. Sus almacenes portuarios fueron durante décadas espacios de trabajo y distribución de mercancías. Con la modernización del puerto y los cambios económicos, muchos de ellos quedaron sin uso. En lugar de desaparecer, una parte importante ha sido rehabilitada como zona cultural, galerías, espacios de exposición y centros creativos, especialmente en el entorno del Pier-2 Art Center.

Jiufen, Jinguashi, Shifen, Ten Drum y Kaohsiung muestran así una característica especialmente interesante del Taiwán contemporáneo: su capacidad para reutilizar sin borrar. Una mina puede convertirse en museo, una antigua vía de carbón en ferrocarril turístico, una fábrica de azúcar en escenario cultural y un almacén portuario en galería de arte.

Recorrer estos lugares permite descubrir algo más que bellos paisajes o espacios curiosos. Permite comprender el trabajo, las industrias y las profundas transformaciones que ayudaron a construir el Taiwán moderno, y comprobar cómo una sociedad puede conservar su pasado sin quedar atrapada en él.

Alberto Bermejo

ONEIRA club de viajeros

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