Este pasado último fin de semana de abril me acerqué a CaixaForum en  Barcelona para visitar la exposición LUJO: DE LOS ASIRIOS A ALEJANDRO MAGNO. Una excelente muestra de la riqueza y la opulencia de los antiguos imperios asirio, babilonio, fenicio y persa.  Estos pueblos, junto con Alejandro Magno, además de mantener una lucha encarnizada por el poder, y fundamentar la civilización que conocemos, se plegaron como no (sus nobles) a la opulencia, el lujo y la riqueza, manteniendo un escenario de comercio de materias primas, metales preciosos y objetos manufacturados, oropel de tiempos convulsos, que igualan a estos antiguos a nosotros mismos. De forma que podríamos concluir que nada ha cambiado, nada nuevo bajo el sol. Y es un verdadero lujo para nosotros poder descubrir por esta exposición el desenvolvimiento de estos imperios y cómo tenían tiempo entre guerra y guerra de disfrutar y lucir orgullosamente ostentaciones de todo cariz.

 

La exposición es de un valor extraordinario. No en vano las piezas proceden de las colecciones del Departamento de Oriente Medio del British Museum, que como sabéis custodia más de ocho millones de objetos de todos los continentes, en su mayor parte objeto de expolio de la otrora pérfida Albión, museo no por ello menos admirable para los que como nosotros viajeros de Oneira, nos encanta viajar y disfrutar de la belleza en todos los rincones del globo.

El rey Asarhaddón levantó su palacio como muestra de poderío y ostentación, muy en línea con los nobles asirios:

Levanté los muros con 120  hileras de ladrillos, construí salas suntuosas para mi residencia real… desde los cimientos hasta los parapetos… techos con magníficas vigas de cedro… y en los portales puertas de ciprés de dulce fragancia.

Darío, rey de los persas vestía como un pincel. En conexión con esto, en una de las piedras fotografiadas, se observa aún coloración en los ropajes del rey asirio Asurnasirpall II:

Darío sentose, llevando su diadema de piedras preciosas, un vestido de seda con tejido babilonio de hilos de oro, la púrpura real y un calzado áureo con incrustaciones de pedrería que le cubría hasta las pantorrillas….

 

Los banquetes eran abundantes, constantes, caprichosos y excéntricos. En uno de los relieves fotografiados (la he dejado en portada de este artículo), hombres llevando fruta a un banquete:

… el más celebrado era el aniversario de nacimiento… haciéndose servir una comida especialmente abundante… los persas ricos se hacen servir un buey, un caballo, un camello y un asno enteros, asados al horno… y muchos postres… los griegos suelen discutir los asuntos más importantes cuando están embriagados.

Los jardines eran lugares de especial importancia en palacios y templos, como espacios de relax, de culto y reflexión. En fotografía podéis ver una gran losa en el que se muestra un diorama en colores con el que nos hacemos una idea de los jardines del rey asirio Senaquerib (s. VII a. de C.) en Nínive.

Regué los prados del Tyigris y planté huertos con diversos árboles frutales cerca… el agua del canal cae al jardín desde arriba; la fragancia impregna los caminos, arroyos tan numerosos como estrellas hay en el cielo corren por el placentero jardín. Como una ardilla, recojo la fruta e el jardín de las delicias.

La entrada de Alejandro en Damasco nos habla del saqueo de la época y de la admiración de los griegos por la exquisitez y el lujo de la realeza aqueménida, de Darío.

Alejandro se dirigió sin dilación al baño, «vamos a lavarnos el sudor de la batalla en el baño de Darío»… Cuando vio las cajas, los jarros, los enjugadores y los alabastros, todo guarnecido de oro y trabajado con primor, percibió al mismo tiempo el olor fragante de la mirra y los aromas de la casa… «En esto consistía, les dijo Alejandro, según parece, reinar».

En fotografía os dejo algunas de las instantáneas que tomé en CaixaForum. Además de las comentadas, un vaso en forma de mujer (Sippar, Irak 700-600 a. de C.) y copa de vino con forma de cabeza de toro. La exposición permanecerá abierta hasta el 11 de agosto de 2019. Merece la pena una atenta visita,

Alberto Bermejo

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