El susurro de la tierra: Leyendas y mitología de la Irlanda ancestral

En Irlanda, la frontera entre lo real y lo fantástico es tan delgada como la niebla de la mañana. A diferencia de las mitologías del Mediterráneo, donde los dioses vivían en cumbres lejanas e inalcanzables como el Olimpo, los dioses y seres mágicos de Irlanda viven justo al lado: bajo la colina que ves desde tu ventana, en el fondo del lago o en el hueco de un árbol espino solitario.

Para el irlandés antiguo —y para muchos modernos—, el «Otro Mundo» (Tír na nÓg, la Tierra de la Eterna Juventud) no estaba arriba en el cielo, sino paralelo al nuestro, accesible a través de cuevas, túmulos funerarios y antiguos círculos de piedra.

Los Tuatha Dé Danann: Los dioses que se volvieron hadas

Antes de la llegada de los humanos (los Hijos de Mil), Irlanda estaba habitada por los Tuatha Dé Danann (la Gente de la Diosa Danu). Eran seres de gran belleza, maestros de la magia, la ciencia y el arte. Según el Libro de las Invasiones, cuando fueron derrotados por los humanos, no se marcharon. Simplemente, se «retiraron» al subsuelo.

Se mudaron al interior de los Sídhe (montículos de tierra y tumbas prehistóricas). Con el paso de los siglos, la estatura de estos antiguos dioses en la imaginación popular se encogió, convirtiéndose en lo que hoy llamamos «The Fairy Folk» (la Gente Hada) o «The Good People». Pero cuidado: no son las hadas de Disney con alas y purpurina. Son seres caprichosos, territoriales y a veces peligrosos, a los que es mejor no molestar.

Gigantes y Guerreros: Los Ciclos Heroicos

Si los dioses viven bajo tierra, los héroes caminan sobre ella. La mitología irlandesa se divide en ciclos, y dos figuras dominan el paisaje narrativo:

Cú Chulainn (El Aquiles Irlandés)

Protagonista del Ciclo del Ulster, Cú Chulainn es el guerrero definitivo. Se dice que obtuvo su nombre («El sabueso de Culann») tras matar en defensa propia al feroz perro guardián de un herrero y ofrecerse a ocupar su lugar hasta que se criara otro cachorro. Su leyenda está marcada por la lealtad y la furia de batalla que lo transformaba en un monstruo irreconocible. Murió joven, atándose a una piedra para permanecer de pie frente a sus enemigos incluso en la muerte.

Fionn Mac Cumhaill y la Calzada del Gigante

Más al sur, en el Ciclo Feniano, encontramos a Fionn Mac Cumhaill, líder de los Fianna, una banda de guerreros-poetas. Fionn es famoso por haber obtenido toda la sabiduría del mundo al chuparse el dedo tras quemarse cocinando el «Salmón del Conocimiento».

Pero su huella física más famosa está en el norte. La leyenda cuenta que Fionn construyó la Calzada del Gigante (Giant’s Causeway) arrancando trozos de la costa para crear un camino hacia Escocia y enfrentarse a un gigante rival, Benandonner. Al ver el tamaño del escocés, Fionn huyó y su esposa lo disfrazó de bebé. Cuando el gigante vio el tamaño del «bebé», huyó aterrorizado pensando en cómo sería el padre, destrozando el camino tras de sí y dejando las famosas columnas de basalto hexagonales que vemos hoy.

Criaturas de la noche: Más allá del Leprechaun

El folclore irlandés está poblado de criaturas que van mucho más allá del simpático (y comercial) Leprechaun. De hecho, el Leprechaun original era un zapatero solitario y gruñón, más propenso a gastar bromas pesadas que a regalar oro.

Mucho más temida es la Banshee. No es un espíritu maligno, sino un presagio. Se dice que es una mujer de cabello largo y gris que peina su melena llorando desconsoladamente. Escuchar su lamento (keening) en la noche significa que la muerte se acerca a una familia, tradicionalmente a una de las grandes familias de «O» y «Mac» de sangre pura irlandesa.

También está el Púca, un cambiaformas travieso que puede aparecer como un caballo negro, una cabra o una liebre, y que disfruta confundiendo a los viajeros en los caminos rurales o ensuciando las moras al final de la cosecha.

Samhain: Cuando los mundos se tocan

El legado más global de la mitología celta es, sin duda, el Samhain (pronunciado Sow-in), precursor de nuestro Halloween. Para los antiguos celtas, el 31 de octubre marcaba el final de la cosecha y el inicio del invierno. Esa noche, el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos desaparecía. Los espíritus y los Tuatha Dé Danann podían cruzar a nuestro lado. Las hogueras se encendían para guiar a los amigos y ahuyentar a los enemigos, y la gente se disfrazaba para confundirse con los espíritus malignos y evitar ser llevados al Otro Mundo.

Una mitología viva

Lo extraordinario de Irlanda es que estas historias no se han desvanecido con la modernidad. Aún hoy, se desvían carreteras modernas para no destruir un «árbol de las hadas» (generalmente un espino solitario en medio de un campo). Los granjeros evitan arar cerca de los fuertes circulares de tierra. Irlanda es un país del siglo XXI con un alma antigua, donde la tecnología punta convive con el respeto reverencial por lo invisible.

A. Bermejo Vesga

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