Amigos viajeros, os presentamos una de las perlas de nuestro viaje a Jordania que organizamos para el mes de junio. En una segunda salida, con fecha 8/6/19  contamos con últimas plazas disponibles. Os presentamos Petra, la ciudad perdida.

Considerada en 2007 como una de las siete nuevas maravillas del mundo, Petra, la ciudad de los nabateos, es un lugar excepcional por su magnificencia y por los vestigios de tiempos remotos, por la tonalidad de su roca por la que recibe el nombre de ciudad rosa, uno de los tesoros arqueológicos más distinguidos y gloriosos de Oriente Próximo y sin lugar a dudas, el emplazamiento más anhelado por cualquiera que viaje a Jordania. Su sola visita justifica un viaje a estas latitudes. Fusiona la obra soberbia del ser humano y la perpetrada por una naturaleza poderosa e inapelable, que, si por una parte concede al lugar maravillosas y mutables imágenes irisadas, por otra destruye lentamente pero con determinación una obra que impresiona a todo mortal que la visita.

Recorrer las rutas que los mercaderes y sus caravanas atravesaban y transitar la angosta garganta que durante tantos siglos preservó la ciudad de Petra es como viajar en el tiempo y sorprenderse por el bello Tesoro de Petra (Al-Khazneh), que abre paso a cientos de sepulcros, templos, edificios, acueductos, lugares de culto y una innumerable lista de elementos arqueológicos que observar y apreciar.

Inicialmente Petra estuvo poblada por los edomitas (1200-539 a. C.), cuya sabiduría, escritura, industria y metalurgia fueron destacables. A partir del año 312 a. C., los nabateos ocuparon el lugar, imprimiendo su brillantez arquitectónica y reflejando su éxito económico. Los romanos, al conocer de su influencia y prosperidad, los anexionaron a su imperio como la provincia romana de Arabia, con Petra como capital. Hacia el siglo VIII queda inhabitada la ciudad. Mucho tiempo después, el lugar fue redescubierto por un explorador suizo, Johann Ludwig Burckhardt, en 1812. Éste, haciéndose pasar por uno de ellos y tras largos años de preparación, se unió a una caravana que viajaba a El Cairo y finalmente alcanzó su meta, encontrando Petra. Sin embargo, no fue hasta 1924 que dieron comienzo las excavaciones en el lugar.

Debido a su increíble emplazamiento, el lugar más conocido en la ciudad es El Tesoro, (Al-Khazneh). Sueño de numerosos arqueólogos e imagen inolvidable en  películas como Indiana Jones y la última cruzada, tiene 40 metros de alto y 28 metros de ancho, levantado en el siglo I a. C. por el rey nabateo Aretas III. A causa de su extraordinario diseño, debió ser excavado en la roca por arquitectos helenísticos del Cercano Oriente, mezclando su original estilo con el nabateo. Los beduinos pensaban que los corsarios habían ocultado un considerable y significativo tesoro faraónico en la cúpula en forma de urna gigante que hay en la glorieta central del segundo nivel y que por esta razón le pusieron este nombre. Hay marcas de disparos realizadas por los beduinos contra la urna que se pueden apreciar a simple vista. Otra leyenda afirma que fueron los otomanos quienes en verdad dispararon contra la urna al creer que los beduinos habían ocultado en su interior sus tesoros. Para acceder al lugar se deben transitar 2 km que lo separan desde el punto de encuentro de los visitantes, de los cuales 1 de ellos son por la angosta vía sacra o As-Siq, que mide 3 metros de ancho en la parte más estrecha y 14 metros en la parte más ancha. Muy cerca de ahí y tras 800 escalones, se alcanza Ad-Deir, un monasterio colosal excavado y esculpido en piedra erigido por los nabateos en el siglo I. Mide 50 metros de ancho y 45 metros de alto y proporciona unas fascinantes vistas del desierto. Si seguimos atravesando Petra, se aprecia un teatro perforado en la roca, conocido como Teatro de los Nabateos. Por un tiempo se pensó que era obra romana, pero las investigaciones arqueológicas de las últimas décadas confirmaron su origen nabateo, construido entre el 4 a. C. y el 27 d. C. El teatro está compuesto por 45 filas de asientos y 7 escaleras que atraviesan el auditorio. Con unas vistas realmente espectaculares y tras un esfuerzo premeditado, se llega al Altar de los Sacrificios. Aquí aún se conservan varias esculturas talladas en la piedra y se piensa que era el lugar donde los nabateos sacrificaban animales y probablemente personas. Pasado el Anfiteatro se pueden observar las Tumbas Reales de Al Khubthah, construidas para acoger a una familia real nabatea. El conjunto se distribuye en 4 secciones: La Tumba de la Urna, conocida como El Tribunal, tenía funciones de tribunal y de archivo; La Tumba de Seda, llamada así por el color de la arenisca estriada, tiene una fachada (con colores que van del blanco al azul y del rojo al gris) con 4 pilastras yuxtapuestas y una escalinata de origen asirio típico en muchas tumbas de Petra; La Tumba de Corinto recibe su nombre porque sus columnas son similares a las corintias griegas y la Tumba del Palacio tiene 3 niveles al igual que un palacio, cuya fachada tiene las columnas y pilares superpuestas, de menor altura en la zona alta, para dar efecto de profundidad.

Pocas palabras pueden honrar el esplendor y la grandeza de la ciudad perdida de Petra, ya que nadie que penetra en su interior se marcha deseando no volver jamás. Y citando a John William Burgon, poeta inglés del siglo XIX, revalidamos la dimensión del lugar: “Hazme igual a la maravilla celosamente guardada por el sol del este, una ciudad rosada tan antigua como el tiempo”.

Alberto Bermejo

Daniel Bermejo

ONEIRA club de viajeros

www.oneira.es

info@oneira.es