Todos recordamos la icónica imagen de “la niña del napalm” que desesperada y traumatizada corre huyendo de su aldea, que acaba de ser incendiada con el agente naranja por el enemigo. Fue el reportero local Nick Ut quien además de tomar la instantánea, se preocupó de poner a salvo a la pequeña. El reportero se llevó el Pulitzer. La escena, mítica, es hoy en día un símbolo de la guerra de Vietnam.

Mucho ha cambiado Vietnam, el país que Oneira club de viajeros visitará el próximo mes de octubre con un buen grupo de amigos viajeros. Encanto asiático, inefable, un rincón con innumerables lugares maravillosos. Un país amable y hermoso, del que nunca te imaginarías que sería testigo de una guerra larga y dolorosa.

Hoy reflexionaremos sobre la Guerra de Vietnam y recordaremos Saigón, uno de los platos fuertes de nuestro viaje, la Cochinchina de los franceses en el siglo XIX, actualmente conocida como Ho Chi Minh City. La que fue  considerada como “el París de Oriente”, con sus 9 millones de habitantes, representa todo un espectáculo para el viajero.  El partido comunista vietnamita nació en un oscuro patio rebelándose frente al colonialismo francés, desembocando en la guerra de Indochina y quedando Vietnam dividida en dos. Los norteamericanos intervinieron en la Guerra de Vietnam entre 1962 y 1975, que perdieron. El Norte tomó la ciudad y la denominó Ho Chi Minh. En los últimos años Saigón ha cambiado extraordinariamente, reflejo de su entrada en la modernidad; capital industrial, del ocio y la gastronomía de Vietnam. Aquí las motocicletas representan el principal medio de transporte de la ciudad. ¡Nos sé ahora si sigue igual y quizás en la actualidad está tomada por los patinetes eléctricos!

Saigón es caótica y delirante, y en gran parte, incomprensible. Y la vinculación de la capital con la guerra es inevitable. Aunque yo que he pisado en dos ocasiones Ho Chi MInh os puedo asegurar que esta metrópoli es absolutamente mucho más y no te dejará indiferente.

Los túneles de Cu Chi en medio de la selva, es una de las huellas que ha dejado la Guerra de Vietnam y merecen una visita para conocer la historia de este territorio. No hay tierra más sagrada de la Guerra de Vietnam que la atravesada por los túneles de Cu Chi, en los que 18000 guerrilleros campesinos lucharon empleando más de 200 km de pasadizos y cámaras excavados a mano. Aquí fue donde el Viet Cong planeó su

asalto a Saigón en 1968. En 1967 los guerrilleros tenían excavada una tupida red de túneles, centros de apoyo, cocinas, teatros, depósitos de armas, pozos, imprentas y otras instalaciones. En esta localización podrás encontrar las trampas usadas por los vietcongs, tanques americanos destruidos o los cráteres que dejaron la caída de las bombas de los B-52 yanquis.  ¿Te atreves a entrar por estos túneles?

En nuestra visita en Saigón, recorreremos el Palacio Presidencial o Palacio de la Reunificación. residencia del gobernador francés en el siglo XIX y
posteriormente cuartel del Gobierno de Saigón durante la Guerra del Vietnam. Representa la mayor atracción turística de la ciudad y reliquia
fantasmal de un Estado desaparecido. Conoceremos el turbulento pasado reciente del país. En el sótano hay un búnker y un centro de operaciones militares con transmisores de radio y mapas. El Museo de Recuerdos de la Guerra nos ofrece un recordatorio de la lucha de los vietnamitas contra franceses y estadounidenses. Este edificio albergó el Servicio de Información de los americanos.  También hay una impresionante guillotina y una recreación de las celdas donde el gobierno del sur encerraba a sus presos.

Quedan en la ciudad edificios que recuerdan a esta dura época. Se levantaron elegantes hoteles: el Rex, el Majestic o el Continental, que en su momento alojaron a los yanquis del Nuevo Mundo (oficiales) y a la prensa internacional. Tienen su encanto, al recordar un período histórico que ha sido objeto de recreación en novelas y en cines y series.

También quedan los inevitables reclamos y los frívolos souvenirs baratos, que inevitablemente nos encontramos en todos los viajes. Pero pese a todo, luce y reluce el encanto de Saigón, y por ende, de Vietnam. Un lugar eternamente anclado en la historia, revisitado en la ficción y en los documentales, pero que nos deslumbrará al descubrirlo personalmente, con los ojos ávidos del viajero de Oneira. ¿Nos acompañas en octubre a descubrir el Vietnam del siglo XXI?

Alberto Bermejo | ONEIRA, un viaje a tus sueños

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