En este viaje de despedida del verano, Alejandro y Alberto, decidimos recorrer la vieja Ibiza, con el propósito de caminar todo lo que nos fuera posible por esta isla de los dioses, aunque bien sabemos todos que en Ibiza no hay gran altura para marcarnos importantes objetivos senderistas, aunque sí cuenta con calas bellísimas para recorrerlas a pie.

Cuando sobrevolamos la isla ya tuvimos oportunidad de observar y fotografiar Isla Vedrá, mágica, inmensa, cálida, sobrecogedora. ¡Qué belleza!

Sin embargo el primer día 27 de septiembre lo centramos en Ibiza capital. Dalt Vila es el centro histórico amurallado. Esta ciudad queda encuadrada en las imponentes murallas que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999. La ciudad amurallada, con más de 500 años de historia,  era, y es, el centro de gobierno, comercial y cultural de la isla. Las vistas desde la parte alta son preciosas. La colina está repleta de miradores para disfrutar Ibiza desde todos los puntos de vista. Este promontorio tiene una energía especial. Lo estarías recorriendo todo el día. Entre sus murallas es posible ver la huella dejada por las diferentes civilizaciones (fenicios, árabes, romanos…) que han pasado por la isla. La inconfundible silueta de Dalt Vila, coronada por la Catedral de Ibiza de Santa María de las Nieves, es uno de los símbolos de la isla. En nuestro paseo nos agasajaron con productos típicos de Ibiza, que ofrecía el Ayuntamiento a los viajeros ¡excelentes productos!. Por cierto, me llevaría de vuelta a la Península un brebaje maravilloso de la isla, un licor de hierbas de los mejores que he probado: licor de hierbas ibicencas Mari Mayans. Por la noche paseamos tranquilamente por Santa Eulalia, donde tuvimos la cena antes de regresar a nuestro hotel.

El día siguiente decidimos dedicarlo a recorrer los senderos más importantes de la isla y algunas cala,  dedicando la mañana a realizar una ruta circular con el pico de la isla Sa Talaia  como referencia. Este monte tiene una elvación de 475 m. Su ascensión ofrece panorámicas bellísimas de San Antonio, Formentera, Algunas costas de Ibiza y la Isla de Sa Conillera con islotes anexos frente a Calabassa Beach. Nos encantó la subida, que aprovechamos para charlar amistosamente con otros senderistas.

Por la tarde recorrimos la cala de Es Cubells. Es una pequeña cala de arena en el interior y piedras redondas en la orilla, accesible desde un sendero, a los pies de la iglesia del mismo nombre y de varios chalets colgados sobre el acantilado. Aunque la experiencia más fascinante nos esperaba en ruta hacia la parte occidental de la isla, mi lugar favorito en Ibiza: islote de Es Vedrá con 382 metros sobre el mar. Es una enorme pirámide de roca que se encuentra situada al suroeste de la isla frente a Cala d’Hort, en el municipio de Sant Josep de Sa Talaia. Desde aquí teníamos a la vista Cap Llentisca. Por su valor ecológico Es Vedrá está protegida como reserva natural desde el año 2002.  Se cuentan mitos y leyendas acerca de este mágico paraje, desde las historias de su vinculación con el movimiento hippie en los años sesenta del siglo pasado, hasta experiencias más propiamente paranormales y fantásticas, aunque los ibicencos comentan con humor que los misteriosos avistamientos y las luces misteriosas tienen más que ver con los “viajes” alucinógenos de los hippies del lugar.  Vivimos una mágica puesta de sol frente a Isla Vedrá, inolvidable. Numerosos ibicencos y turistas contemplaban junto a nosotros el sol ocultándose tras el horizonte. Vivimos sensaciones muy especiales. Llegamos a ascender hasta la Torre de Es Savinar.  Si visitáis Ibiza, no perderos una excursión a esta parte de la isla al atardecer. Id con cuidado no se os haga de noche para regresar al coche.

Por la noche la dedicamos a vivir un poco la fiesta del lugar, pero eligiendo una experiencia “disco” tranquila. Todos sabemos que Ibiza es el paraíso de la música electrónica, pero claro, hay que lanzarse a bailar a las 01:00 de la madrugada y terminar con el sol en lo alto, y esto es incompatible con nuestra planificación de viaje. Así que decidimos disfrutar una fiesta muy divertida que os recomendamos a todos el próximo verano: “Childrens of the 80’s” en el Hard Rock Hotel Ibiza, que empezaba a una hora prudencial (las 19:00). Un ambientazo espectacular, con música de nuestra vida, plagado de jovenzuelos ¡que se sabían todas las letras de las canciones!. Si tienes más de 40 años no te sientes fuera de lugar del todo…

El sábado salimos de Sant Antoni de Portmany, al oeste de la isla, por la mañana, sin prisa. Empapados de la magia ibicenca por las excursiones de días anteriores, nos dirigimos hacia la costa este, atravesando la isla de lado a lado con nuestro coche alquilado (si alquiláis un coche en Ibiza os aconsejamos que sea lo más pequeño posible), abiertos a conocer la Ibiza más rural, agrícola y ancestral.

En nuestro recorrido por el centro de la isla nos encontramos buena parte de sus atractivos. Algunos de los edificios más bonitos de Ibiza son las iglesias que puedes recorrer en tu viaje. La Iglesia de Sant Llorenc o la de Sant Josep son  ejemplos de la tipicidad de estas iglesias blancas, del Siglo XVIII refundidas de estilo ibicenco. Las tres cruces negras en un fondo encalado son muy representativas y se ven en todas ellas.

A las afueras de San Antonio hicimos una inmersión brusca en tierras de cultivo, una auténtica campiña. Para penetrar la Ibiza profunda elegimos el Camí de Sa Vorera en dirección a Santa Gertrudis de Fruitera.

Buscando una bodega para visitar, pasamos por un mercadillo ecológico-biológico. Sus gentes son herederas de los valores hippies, muchos vegetarianos, defensores de una contracultura basada en la no violencia (Gandhi), vegetarianismo, ecología, liberalidad sexual, etc. Hablamos un poco con ellos e hicimos varias compras. Probamos unas galletas sin gluten con panela y leche de avena, totalmente artesanales, muy ricas, y también jugo de frutas naturales cultivadas por ellos 100% natural y ecológico. Comprobamos con sorpresa que las amables vendedoras eran italianas y que miles de ellos viven por todas partes de la isla, perfectamente mimetizados con la vida social y bohemia.

Después de viñedos y campiña llegamos a las bodegas, cerradas en sábado. Nos quedamos con ganas de probar los frutos de la tierra y lo dejamos para una más que probable vuelta.

Proseguimos nuestro periplo hasta llegar a Santa Gertrudis, un pueblo grande, atravesado por una de las carreteras principales de la isla, el eje vertical que divide la isla en la parte occidental y oriental. Sin detenernos avanzamos, pasando la línea imaginaria que divide el noreste de la isla.

Nos detuvimos en San Lorenzo de Balafia, una población campesina, pequeña, con otra encantadora Iglesia, blanca y al estilo tradicional ibicenco, con las tres cruces negras, donde nos hicimos fotos para inmortalizar el momento.

Proseguimos admirando la combinación de sierra verde con tierras fértiles, sin coches, ni ruidos, por una carretera secundaria, sin turistas. Qué raro, lo más bonito de la isla y no había nadie, sólo los lugareños en sus faenas campesinas, como ajenos a lo que pasa en la capital mundial de la música electrónica, como si vivieran en otro mundo.

Íbamos buscando casi intuitivamente la costa este de la isla, buscando la parada de medio día para bañarnos en una cala de ensueño y comer los manjares de la tierra. Esa cala tenía nombre: la cala de Aguas Blancas. Y al llegar comprendimos el por qué de su nombre. Después de recorrerla a pie se impuso el baño naturista porque Alejandro no llevaba su bañador, y fácilmente encontramos en los extremos de las calas otros turistas, mayoritariamente italianos, que hacían lo mismo que nosotros, desnudar sus cuerpos al benéfico sol de fin de septiembre.

Todo, no resultaba ser un paraíso, de eso se encargó una medusa, que clavó sus tentáculos en un Alberto extasiado con la idea de estar en el paraíso, y en el mejor baño de un verano ya marchito. El picor le trajo a la realidad.

La comida alimentaba, más en el chiringuito de playa por las vistas de la costa y las aguas blancas que por las viandas, muy vegetarianas, la ensalada más grande jamás comida en nuestra vida.

Sin siesta, sin sueño, con ganas de más proseguimos la carretera de la costa hasta la cala de San Vicente. La carretera nos daba vistas aéreas al paisaje divisado desde el chiringuito, daba ganas de parar y mirar. Nos desviamos unos kilómetros para subir a la urbanización punta Grossa, un verdadero puerto de montaña, carretera sin salida, para divisar y fotografiar más costa norte salvaje, y admirar los chalets enclavados en plena sierra costera con vistas a la bahía.

Nuestra última parada la haríamos en Portinatx, en el extremo norte de la isla. Paseamos por la bahía, admirando de nuevo las aguas cristalinas, los turistas en la playa, los deportes acuáticos, los yates atracados, en un ambiente mágico, atractivo, lleno de encanto y deleite natural. En nuestro paseo llegamos hasta la Punta des Pics, en el oeste de la bahía, y desde las ruinas de una construcción abandonada vimos la panorámica de toda la bahía de Portinatx y la siguiente bahía mucho mayor. También había una torre de vigilancia, de las docenas de ellas que había por toda la isla en los enclaves estratégicos. Paramos en un pub del paseo costero para refrescarnos con un cóctel y contemplar el mar, la luz y la paz que se respiraba. Deseábamos volver algún día allí con más tiempo, pero, nos esperaba una gran cena esa noche y era obligatorio el regreso al hostal para ducharnos y vestirnos para la ocasión.

Iniciamos así el regreso. Salimos de Portinatx por otra carretera, pasando por San Mateo de Balansat, y de nuevo por Santa Gertrudis. Desde allí llegamos rápidamente por la carretera más transitada de la isla, la que conduce de Ibiza a San Antonio. A nuestro periplo le faltaba la parte gastronómica del día y los delicatesen del paladar.

Antes aprovechamos a compartir la puesta de sol con un buen amigo, Enrique, que nos vino a visitar a San Antonio. Ya éramos tres psicólogos, ¡qué peligro!. San Antonio esconde un tesoro que cada cautiva a miles de visitantes: su puesta de sol es una de las más bonitas del mundo, y es un fin de viaje fantástico, que no olvidaremos jamás. Damos fe de ello en Instagram, donde podréis ver las fotos, una puesta de sol espectacular. Que si no iguala en belleza a la que disfruté hace unos años en Yaxhá (Guatemala), le queda muy cerca.

Más fotos de esta  historia en Instagram aquí mismo -un par de enlaces- :

https://www.instagram.com/s/aGlnaGxpZ2h0OjE3ODUyNzczMjIyMjkwMDY5/

https://www.instagram.com/oneiraviajes/

¡Hasta un próximo viaje amigos!

Alejandro Ayuso y Alberto Bermejo

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