“Hace dos mil años era un orgullo decir soy un ciudadano romano. Hoy, en el mundo de la libertad, uno puede estar orgulloso de decir soy berlinés”, John Fitzgerald Kennedy

Berlín, magnífica e imponente, se encuentra en el centro geográfico del continente europeo. Aquí, en un lugar más grande que la isla de Menorca, convergen familias del este y del oeste. Habiendo caído el muro de Berlín hace casi 30 años, la ciudad brilla vibrante, moderna y con una fantástica arquitectura.

Nuestro viaje fue organizado para disfrutar de unas breves vacaciones tras haber superado el primer cuatrimestre de la carrera y varios meses de trabajo como árbitros de fútbol. Elizabeth y Daniel viajamos desde Valencia con  transbordo en Palma ya que no había vuelo directo y la cena del día anterior me afectó tremendamente. Durante el  aterrizaje y por a unas breves e incómodas turbulencias, mi cena del día anterior quiso salir de su celda estomacal y efectivamente lo consiguió. No fue un gran día de vuelo, aunque las ganas de llegar a Berlín para sentir la tranquilidad de tierra firme estaban presentes.

Una vez pisado el territorio alemán, el hambre (nosotros con presupuesto de estudiante evitamos consumir en aeropuertos y aviones) y el frío se apoderaron de nosotros, llegando el jueves a mediodía a nuestro airbnb en Leopoldplatz con una amable alemana como anfitriona. Tras devorar dos bocadillos de jamón de bellota preparados en España, pasamos por el supermercado para comprar los desayunos del resto de días y comenzamos la jornada paseando desde nuestro alojamiento hasta Postdamer Platz. El trayecto según Google Maps era de hora y cuarto andando y nuestra intención era disfrutarlo encontrándonos de camino otros lugares como un fragmento del muro de Berlín (alejado del famoso East Side Gallery que posteriormente visitaríamos), el museo del Muro y el museo de Historia Natural.

Lo que ninguno de los dos esperábamos era semejante frío con una sensación térmica de menos 9 grados centígrados, y con la noche como protagonista característica del norte de Europa, por lo que a mitad de camino nuestras extremidades inferiores empezaron a enfriarse más de lo normal, comenzando una situación divertida que se tradujo en la búsqueda de calor en cada tienda o supermercado que veíamos. Cuando dejé de sentir mi pie derecho, decidimos buscar una tienda para conseguir unos calcetines (ya llevaba unos de montaña puestos que no fueron suficientes).

Ya con doble media seguimos caminando y nos encontramos con el muro, su museo y el museo de Historia Natural, donde estuvimos cerca de ser atropellados por un elegante Audi A6 que decidió estrellarse contra una indefensa señal. Curiosamente y tras el primer impacto, el conductor decidió tumbar completamente la señal que había golpeado en un principio, delante de un coche de policía atónito y con las luces estroboscópicas encendidas. Aparentemente y cuando se dio cuenta, el coche se dio a la fuga y de un momento a otro 5 o 6 coches de policía comenzaron una breve pero divertida persecución contra el infractor.

Pasados 5 minutos, llegamos a la zona de Marschallbrücke,sobre un puente que nos alzaba por encima del río Esprea y que nos otorgaba una visión de la Oficina del gobierno federal, conocida como Marie-Elisabeth-Lüders-Haus. Localizada en el distrito gubernamental, fue inaugurada en el año 2003 como tercer edificio parlamentario y debe su nombre a la política y activista social por los derechos de la mujer Marie Elisabeth. Se utiliza como biblioteca del Bundestag y es un símbolo arquitectónico de la unidad de Alemania. A la izquierda se encuentra el Jakob-Kaiser-Kaus, el edificio parlamentario más grande de Alemania erigido en nombre del político Jakob Káiser. Antes de llegar al magnífico parlamento alemán, se puede observar el Paul-Löbe-Haus, sede de los diputados del Parlamento Alemán. Tiene 550 salas para miembros parlamentarios, 21 salas de reuniones, 400 despachos, 8 salas de conferencias, 2 restaurantes y la sede de la Comisión Europea. A su izquierda se puede observar, majestuoso y grandioso, el Parlamento Federal alemán, conocido como Bundestag (antiguamente como Reichstag). Es el órgano federal supremo, cuya función es personificar la voluntad del pueblo decidiendo las leyes, eligiendo al canciller alemán y controlando al Gobierno. De estilo neorrenacentista, fui inaugurado en el año 1894 por el arquitecto Paul Wallot, y fue restaurado tras los daños sufridos durante la SGM. Brevemente después, nos acercamos para finalizar el día a la Puerta de Brandenburgo, iluminada al completo y silenciosa por la falta de gente a su alrededor. Erigida en el año 1791, es símbolo del triunfo de la paz sobre las armas, icónica por ser una de las antiguas puertas de entrada a Berlín con 26 metros de altura. Por aquí caminaron miembros de la realeza germánica, tropas de Napoleón y se sucedieron algunos desfiles de la Alemania nazi. De vuelta al alojamiento haciendo uso del puntual y eficiente metro de Berlín, paramos para cenar en un restaurante turco.

Al día siguiente nos despertamos pronto, desayunamos y volvimos a la Puerta de Brandenburgo, para poder verla con luz natural y en este caso de una forma aún más especial, nevando. Al ser día laboral y habiendo madrugado lo suficiente, de nuevo la disfrutamos casi en solitario, viendo caer los copos de nieve sobre nosotros, imaginándonos las gestas remotas, desgraciadas o no, de aquellos que pasaron y fueron admirados por millones de personas y que ahora no son más que polvo, historia y recuerdos. Brevemente después fuimos al Monumento al Holocausto, formado por 2711 bloques de hormigón en memoria de los judíos asesinados en Europa producto de la política nacionalsocialista de exterminio llevada a cabo durante los años 1933 y 1945. Polémico por su existencia, el lugar despertó en nosotros el respeto que merecía la visita, breve pero enriquecedora. De vuelta, fuimos de nuevo al Bundestag, ya que teníamos reservado una visita a su increíble cúpula por la mañana. Tras un control de seguridad parecido al de un aeropuerto, nos juntaron en grupos y accedimos al parlamento, donde tras subirnos a un enorme ascensor (cabían más de 100 personas), llegamos a la cúpula. Es un elemento simbólico diseñado por el arquitecto Norman Foster que pretende transmitir que el Bundestag es el centro de la democracia parlamentaria alemana, y que desde dentro de la cúpula, al ser esta de cristal, el pueblo puede ver desde un lugar superior que todos los propósitos son conducidos con transparencia y carácter público. Además, la cúpula otorga de luz natural a la sala de plenos que se encuentra debajo y su diseño aprovecha la energía solar y fomenta el ahorro energético sostenible del parlamento. Con una audioguía fuimos ascendiendo a través de una pasarela en espiral que nos iba indicando desde la distancia los edificios más característicos de la ciudad de Berlín, un poco de su historia y su utilidad. Fue una visita muy especial y enriquecedora que nos permitió conocer un poco más de la biografía de esta fantástica ciudad. Una vez salimos paseamos hasta Berlin Central Station, donde nos esperaba un tour en español que reservamos para visitar el Campo de Concentración Sachsenhausen.

Con un grupo formado por unas 30 personas, nos trasladamos a Oranienburg en tren, donde se encuentra Sachsenhausen, levantado en 1936 por prisioneros de otros campos de concentración. El lugar fue ideado para ser ejemplo de todos los campos de concentración del Tercer Reich, tratando de estampar la imagen del mundo nacionalsocialista y doblegar a los prisioneros a la autoridad de las SS. En este campo vivieron más de 200 mil presos, entre ellos políticos, cautivos de “razas inferiores” según los mismos nazis y prisioneros de guerra de más de 18 diferentes nacionalidades (franceses, búlgaros, holandeses, daneses, alemanes, austriacos, italianos e incluso españoles, como Francisco Largo Caballero). Después de la SGM, el campo de concentración se transformó en un campo especial soviético. Al llegar vimos las casas de los oficiales que se encontraban fuera del campo y los muros y sistemas de seguridad consecutivos para evitar que los presos se escaparan con facilidad. Antes de entrar, nos contaron sobre un edificio reconstruido conocido como el Monstruo Verde, donde los funcionarios, soldados y oficiales se reunían para comer y divertirse. Obligaban a algunos presos a trabajar en su interior, ya sea como camareros, cocineros o para realizar obras teatrales. Esto, a pesar de ser menos agotador que otros trabajos forzados que se realizaban dentro y fuera del campo, era una tortura psicológica para los cautivos que debían satisfacer de una forma excelente las exigencias de los soldados sin cometer errores al peligrar su vida y porque, a lo largo de su vida dentro del campo, apenas recibían alimentos (muchos morían de hambre y enfermedades) por lo que estar delante de suculentos manjares y bebidas, sin poder paliar la escasez famélica de su existencia, era algo que destruía su espíritu.

Al entrar al campo, no quedan muchas pruebas de la existencia de este, hay un par de barracones de los cuales se puede visitar 1, cuyo interior da escalofríos por la forma en la que tenían que vivir los prisioneros, como dormir 3 personas por litera o que 200 personas se tuvieran que limpiar cada día con un circuito cerrado de agua que se limpiaba cada 2 semanas. Hay también en su interior un edificio de exclusión para personalidades importantes entre los prisioneros, controlado por la Gestapo y un museo que guarda pruebas de vestimentas, métodos de tortura, número de prisioneros, etc… No podemos olvidar mencionar los barracones en los que experimentaban con prisioneros que tenían enfermedades o lesiones que les imposibilitaban para trabajar y un obelisco conmemorativo por las victimas del campo de concentración. Cuestiones así, que todos ya conocemos, fueron comunes en todos los campos fuera y dentro de Alemania. Estimaciones recientes confirmaron la muerte de al menos 30 mil prisioneros en el periodo alemán y de más de 10 mil personas en el periodo soviético. De vuelta a Berlín disfrutamos de unas salchichas alemanas en el icónico Konnopk’s Imbiß, junto medio litro de cerveza por persona para después acercarnos a la Isla de los Museos donde vimos panorámicamente el Pergamon Museum, el Museo Histórico Alemán, el Altes Museumy la fascinante Catedral de Berlín. De vuelta al alojamiento cenamos unas pizzas y nos acostamos a dormir.

Al día siguiente fuimos a ver el famoso muro que hace de galería de arte al aire libre, conocido como East Side Gallery. La exposición está formada de 103 murales pintados por diferentes artistas de diferentes partes del mundo homenajeando el cambio provocado tras la caída del Muro de Berlín. Estas imágenes reflejan una enorme sensación de optimismo e ilusión por un futuro mejor. A posteriori nos acercamos al centro de Berlín y planeamos una ruta por lugares icónicos como el Detlev-Rohwedder-Haus, construido en el año 1936 para albergar el Ministerio del Aire del Tercer Reich comandado por el líder comandante nazi Hermann Göring. Curiosamente e inmerso en multitud de especulaciones, el edificio no sufrió ni un solo daño durante la SGM. A continuación, seguimos hacia la WELT Balloon Berlin Service, un globo gigante al que puedes subirte para disfrutar de unas increíbles vistas de Berlín a más de 150 metros de altura y al mismo tiempo una empresa de antiguos coches que parecen reliquias, adaptados de forma sorprendente para ser alquilados y circular en su interior por la ciudad. A continuación, fuimos a la Topografía del Terror, antigua sede de la temible GESTAPO, Policía Secreta del Tercer Reich. Aquellos que se oponían a la dictadura terminaban allí, donde eran interrogados y torturados de forma continuada hasta la extenuación. En su interior se puede apreciar cientos de imágenes con anexos históricos que explican a la perfección el surgimiento del movimiento nazi, el funcionamiento del partido, el genocidio practicado al completo y el recorrido de la SGM. Después nos acercamos al famoso Checkpoint Charlie, el más famoso de los pasos fronterizos entre Berlín Este y Oeste. A punto de finalizar la jornada, nos acercamos al Palacio de Charlottenburg, maravillosa construcción erigida hace más de 300 años que alberga un increíble jardín (recomendamos visitarlo en épocas más calientes del año) y un museo en el que se exponen la habitación de Federico el Grande, tercer rey de Prusia, insignias de Federico I y su esposa, la colección de porcelana de Berlín y una inmensa cantidad de cuadros. Para terminar nuestro pequeño viaje, decidimos dar un largo paseo por el Tiergarten, parque principal y pulmón de Berlín, pelado en esta época por la caída de hojas de los árboles caducos que aquí descansan y finalmente, terminar comiéndonos una hamburguesa en el famoso restaurante de ambiente juvenil Burgermeister.

Habiéndonos despedido ya hace un tiempo de este increíble lugar, solo nos queda enfrentarnos a la difícil situación de echar de menos Berlín, o como ellos afirman en lengua germánica: “In den sauren Apfel beißen”, que traducido al español literalmente es, morder la manzana agria (o bien traducido, hacer de tripas corazón).

¡Hasta la próxima!

Daniel Bermejo

ONEIRA club de viajeros

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