Vino del mar, no se sabe de dónde, en una flota de balsas, con toda su corte y guerreros, llegó a la costa norte de lo que hoy es el Perú, en el valle de Moche y fundó un reino. Su nombre era Tacaynamo y fue el primer soberano de Chan Chan, la ciudad más importante de Chimú. Tuvo un hijo llamado Guacricaur y éste, uno al que llamó Ñancempinco. Fueron diez los reyes de esta dinastía. El último, Minchancaman fue derrotado por los Incas, quienes destruyeron la ciudad y dividieron al reino. Así cuenta la leyenda de Tacaynamo, recogida en «Historia Anónima», escrita en 1604 por algún cronista español que narra la fundación de Chan Chan y del reino de Chimor.

Y es a las afueras de Trujillo donde situamos Chan Chan,  la ciudad precolombina más grande de toda América y la mayor de adobe del mundo. Su majestuosidad perdura en el tiempo.  Se ubica frente al mar, muy cerca de la desembocadura del río Moche, ocupando cerca de 24 km2. En su apogeo, tenía cerca de 60 mil habitantes y una enorme riqueza en oro, plata y cerámica.

El sitio arqueológico de Chan Chan que podemos visitar es un conjunto de grandes unidades rectangulares conocidos como palacios, ciudadelas o residencias reales. Son 10 recintos delimitados por muros de barro, los cuales pueden alcanzar alturas de diez metros. Todos están orientados de norte a sur y comparten una disposición similar. El interior está formado por patios con rampas, pasadizos, habitaciones, plataformas funerarias, talleres, pozos de agua, etc… La sociedad chimú estaba caracterizada por su sólida división en grupos sociales y estas ciudadelas fueron residencias de la nobleza con un área destinado a artesanos y sirvientes a su servicio. Encontramos también barrios marginales destinados a agricultores y pescadores. Igualmente, existen monumentos que cumplieron funciones religiosas, como la Huaca del Obispo, la de Toledo y la de Las Conchas.

La arquitectura chimú está caracterizada por frisos de barro decorando las paredes. Son figuras en plano relieve que cubren por completo las largas paredes. En la antigüedad estos tenían colores vivos, con motivos más resaltados. Los centros arqueológicos de Huaca del Sol y la Luna son dignos de admirar, superando en más de 700 años de antigüedad a Chan Chan y atribuidos al período mochica. La cultura mochica floreció entre los años 100 a.C. y 800 d.C. Sus cerámicas se consideran las más delicadas y de técnica más evolucionada de todo el país. Las vasijas mochicas tienen decorados realistas, con figuras y escenas cotidianas, entre ellas los castigos, las intervenciones quirúrgicas y las escenas eróticas. Su maravilloso museo hace revivir la iconografía moche, entre las cuales destacan el Pato Guerrero, el Sacerdote Ciego y piezas como el Felino. La Huaca del Sol, de 43 metros de altura, es la estructura individual más grande de Perú. Según la tradición oral fue construida en 3 días empleando 250 mil hombres y unos 140 millones de ladrillos de adobe, muchos de los cuales están marcados por el trabajador que los fabricó. Cuando se construyó, la pirámide estuvo formada por distintos niveles conectados por elevados tramos de escaleras, enormes rampas y muros. Hay pocas tumbas en su interior, indicando que debió utilizarse especialmente como centro ceremonial. A medio km a través del desierto se encuentra la Huaca de la Luna, formada por salas que contienen cerámicas, metales preciosos y algunos espléndidos frisos policromados que representan al dios Ai-apaec. Fue construida durante 6 siglos hasta el 600 d.C.

Si visitas Trujillo no debes dejar de visitar la ciudadela de Chan Chan, sita en una zona privilegiada para el viajero. Visitar esta maravillosa construcción te fascinará.

Alberto y Daniel Bermejo

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