Asia nocturna
Hay un Vietnam que se descubre cuando terminan las visitas y las calles se llenan de conversaciones, cenas y luces. En nuestro viaje a Vietnam en grupo, ONEIRA club de viajeros recorrerá el país dentro de la propuesta Vietnam y Camboya, del 7 al 22 de enero de 2027. El Barrio Antiguo de Hanói, los farolillos de Hoi An y la cena de despedida con vistas a Saigón nos acercarán a distintas formas de vivir la noche. Comprender lo que sucede a esas horas es otra manera de conocer el destino, más allá de sus monumentos.
La sala de estar está fuera
A las siete de la tarde, muchas aceras de Hanói están ocupadas por cocinas portátiles, taburetes, braseros y familias enteras cenando a unos pasos del tráfico. A la mañana siguiente, parte de ese pequeño mobiliario se ha recogido y el mismo espacio vuelve a cambiar de función. Ese desplazamiento de la vida hacia las horas de oscuridad suele atribuirse al calor, y el calor tiene mucho que ver. Pero la explicación empieza también en un sitio bastante menos pintoresco: el reparto del suelo urbano.
La casa vietnamita suele ser estrecha y profunda. Son las nhà ống, casas-tubo con pocos metros de fachada y habitaciones que se suceden hacia el interior. Su forma se ha relacionado con antiguos impuestos sobre el frente de los edificios, pero también responde a la subdivisión de las parcelas, al valor del suelo y al interés por mantener un acceso directo a la calle comercial. No todo cabe en una explicación fiscal. Hay patios que dejan entrar la luz, plantas añadidas con el tiempo y viviendas donde el negocio ocupa la parte delantera.
De modo que una parte de la sala de estar está fuera. Se cena en la acera, se toma café en la acera y se conversa mientras la ciudad sigue pasando. El mueble que sostiene mucho de eso es un taburete de plástico bajo, apilable, que permite montar una pequeña reunión sin grandes preparativos. A veces se coloca mirando a la calzada y no a la mesa: la gente permanece hombro con hombro, con la vista puesta en el tráfico. La calle hace de comedor y de espectáculo.
Añádase el clima y se entiende que lo que un europeo interpreta como ambiente nocturno sea, en parte, la prolongación de la vida cotidiana cuando baja el sol. Cualquiera que haya pasado un agosto en un pueblo del sur de España puede empatizar sin que se lo expliquen. Pero Vietnam no tiene una sola temperatura ni un único horario: en enero, Hanói puede resultar fresca, mientras el sur mantiene un ambiente más cálido. La costumbre de reunirse fuera no desaparece porque cambie la estación.
Hanói entre el lago y las esquinas
Cada ciudad ha resuelto esa noche a su manera. En Hanói, el Barrio Antiguo conserva una relación muy próxima entre vivienda, comercio y calle. Nuestro recorrido por sus callejuelas permitirá reconocer ese entramado de fachadas estrechas, puestos y pequeños negocios. Al caer la tarde, basta detenerse y observar para entender que el espacio público tiene muchos más usos que el de llevarnos de un sitio a otro.
Los fines de semana, el entorno del lago Hoàn Kiếm se convierte en un espacio peatonal donde aparecen paseantes, juegos y actividades al aire libre. En las esquinas del barrio se bebe bia hơi, cerveza fresca de barril servida en vasos sencillos. Importa la bebida, pero también el tiempo que se pasa alrededor de ella: una conversación que se alarga, una mesa compartida y la posibilidad de seguir mirando la ciudad. La guía oficial del Barrio Antiguo describe bien esa vida social a pie de calle.

Hoi An cuando se encienden los farolillos
En Hoi An, la noche cambia de escala. Las fachadas de las antiguas casas comerciales, las tiendas y el agua se iluminan con farolillos de colores. El paseo se vuelve más lento porque hay demasiados motivos para detenerse: una luz reflejada, un puesto que prepara la cena o una embarcación que cruza frente a los restaurantes.
Esta parte del artículo tiene una conexión especialmente directa con nuestro viaje. El programa prevé llegar a Hoi An por la tarde y realizar un paseo en barca con la actividad de soltar linternas sobre el río, seguido de tiempo libre para pasear por la ciudad de noche. A la jornada siguiente asistiremos al espectáculo Hoi An Memories, que utiliza música, danza y luz para contar la historia de este antiguo puerto.
No son experiencias idénticas. Una sucede en la calle, entre vecinos, comerciantes y visitantes; la otra es una representación escénica. Juntas ayudan a apreciar cómo la ciudad combina su vida actual con la memoria de un lugar que durante siglos recibió mercaderes de distintas procedencias.
Saigón a ras de calle y desde las azoteas
Ciudad Ho Chi Minh, la antigua Saigón, ofrece otra noche, más extensa y metropolitana. Las terrazas elevadas conviven con locales de barrio donde se cena cerca de la acera. Arriba se contempla el perfil iluminado de los edificios; abajo se escucha el ruido de los platos y se percibe el olor de las cocinas.
Lo que se come a esas horas tampoco coincide siempre con lo que imagina el viajero. Los locales de ốc, dedicados a caracoles y otros mariscos, forman parte de la sociabilidad gastronómica de la ciudad. Las preparaciones con ajo, chile o tamarindo acompañan encuentros que no tienen prisa por terminar. El phở, convertido en Europa en una imagen del país, es un desayuno habitual, aunque también se sirve a otras horas. La cocina vietnamita tiene más horarios y más protagonistas de los que caben en una carta conocida.
Nuestro programa terminará esa inmersión urbana con una cena de despedida en un restaurante de tipo sky bar, con vistas a Saigón. No sustituye a la vida de las aceras, pero añade otra perspectiva: la de una ciudad que sigue extendiéndose cuando se encienden sus edificios.
El otro ritmo del Mekong
Y conviene salir de las ciudades antes de dar el asunto por entendido. En el delta del Mekong, que conoceremos desde My Tho, el agua organiza las comunicaciones y el trabajo. Navegaremos entre canales y nos acercaremos a jardines y talleres familiares. Aquí el ritmo depende de los desplazamientos fluviales, de las faenas y de la relación con una tierra fértil, no solo de la hora a la que empieza una cena.
La noche vietnamita se entiende mejor después de haber visto también el día. El calor influye, pero intervienen la forma de las casas, los horarios de trabajo, el comercio y la costumbre de compartir la calle. Al final, lo más revelador quizá sea un gesto pequeño: alguien acerca un taburete y hace sitio. Para seguir descubriendo este país con nosotros, consulta el viaje a Vietnam y Camboya con ONEIRA y conoce las propuestas de ONEIRA club de viajeros.
A. Bermejo Vesga
ONEIRA club de viajeros
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