En enero de 2027 regresaremos con ONEIRA club de viajeros a una de las regiones más fascinantes del planeta: Vietnam y Camboya, siguiendo algunos de los escenarios más sugestivos del Sudeste Asiático, desde la elegancia nostálgica de Hanoi y la Bahía de Ha Long hasta los templos sagrados de Angkor y los paisajes fluviales del sur de Vietnam. ¿Te apuntas a nuestro viaje? Quedan ya pocas plazas… Y en el fondo de buena parte de ese viaje late un protagonista silencioso y esencial: el río Mekong. Más que un río, el Mekong es una civilización líquida, una columna vertebral que atraviesa países, culturas, religiones y formas de entender la vida. A su alrededor surgieron antiguos reinos, ciudades comerciales, aldeas flotantes y paisajes humanos profundamente ligados al agua. Sus casi cinco mil kilómetros unen las mesetas tibetanas con el delta vietnamita en una travesía geográfica y emocional que define gran parte del alma de Indochina. Hablar del Mekong es hablar de Laos, Camboya, Vietnam o Tailandia, pero también de memoria, lentitud, espiritualidad y resistencia frente a un mundo cada vez más acelerado.
El famoso poeta francés Baudelaire, en una luminosa intuición, definió la modernidad como “lo transitorio y fugitivo…”. En los incesantes recorridos que el escritor Mauricio Wiesenthal hizo en busca de los últimos rastros de la vieja Europa de caballeros y nobles recogía el sentir de mucho de ellos al ver el mundo que sobrevenía, un mundo de “triste y ruidosa agitación”.

Estas peculiares figuras en peligro de extinción bien podrían buscar consuelo en Si Phan Don, popularmente conocido como “las 4000 islas”, en el río Mekong. Decían los franceses cuando su imperio se extendía sobre Indochina que “los vietnamitas plantan el arroz, en Camboya lo ven crecer y en Laos lo escuchan crecer”. Parece que bajo la protección del río y su intrincada ubicación los habitantes de este hermoso paraje no se han unido a la carrera mundial por maximizar la productividad y, ajenos a palabras como “estrés” o “burnout”, viven su apacible vida de la misma manera como sus abuelos y los abuelos de estos lo hicieron, siempre con el río de fondo.
El río Mekong, protagonista absoluto en estas vidas, es uno de los ríos más largos e importantes de Asia, atravesando seis países del sur en su paso por abrirse hueco al mar. Caracterizado por su belleza natural y su papel fundamental en la vida y sustento de numerosas comunidades a su paso por la región, alcanza su clímax a la altura de Si Phan Don, en Laos. Al llegar a esta zona los márgenes del río se ensanchan y emergen de él numerosas porciones de tierra de distinto tamaño que le confieren el nombre de las 4000 islas. A pesar de su atractivo turístico y su cada vez mayor renombre en todo el mundo, los habitantes, aferrados a la fuerza del paisaje, resisten en su forma calmada de vivir la vida. Nadie encontrará aquí adrenalina, pero ni falta que hace. En consonancia con el lento transcurso del río, las horas pasan en este escenario hermosamente monótono de lentos atardeceres y cabañas color pastel solo interrumpido por el sonido del motor de alguna lancha que surca el agua en dirección a otra isla. En definitiva, una cómoda y arrebatadora ventana a ese mundo pasado terco y silencioso, que no gritaba novedades a cada instante.

El recorrido del río se descubre en los mapas cartográficos. Un río de los más largos del mundo. Cinco mil kilómetros de río accidentado, incansable, meandros inefables, rápidos insalvables, un delta sin principio ni fin…. Un río en definitiva, con magia. Los locales lo visualizan como un gran dragón, o gran serpiente, que se desliza por todo el sudeste asiático, a veces traspuesta o dormida, en otras, viva y ardiente. Una autopista de emociones.
El Mekong nace en las mesetas del Tíbet, desembocando en el Mar de China. En el Triángulo de Oro hacen frontera Tailandia, Birmania y Laos. Un río global, internacional. 60 millones de personas que viven en el sur de China, Birmania, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam dependen de esta vía fluvial para alimentarse, moverse, comerciar y relacionarse.
Se distinguen dos tramos, el Mekong alto y el Mekong bajo. El alto tiene que salvar un desnivel de 4500 m de tierras vírgenes y grandes saltos de agua. Y sin embargo, el Mekong bajo con un desnivel de 450 m termina muy cerca de la desembocadura en un delta impresionante que se ramifica en nueve brazos. El paisaje del río cambia de un lugar a otro, no es el mismo el Mekong en Vietnam que en Laos, o en Tailandia. El cambio de clima durante el año también configura un aspecto fluvial claramente diferente.
Si queréis saber más sobre el Mekong y su impacto sociocultural en las tierras que alimenta, tengo en mi mesilla el libro de Javier Nart y Gorka Nart: Viaje al Mekong: Cabalgando el dragón por Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam, de ed Península. Los autores realizan un recorrido geográfico, humano, emocional, social y político a lo largo de dos mil kilómetros de río Mekong, de norte a sur. Un río que ha sido cuna de culturas milenarias y testigo de uno de los conflictos bélicos de mayor crudeza en el s. XX., contado con esa prosa característica de Javier Nart.
Alberto Bermejo
A. Bermejo Vesga
ONEIRA club de viajeros
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