Oneira club de viajeros iniciará una aventura con destino Tailandia el próximo mes de enero, un ríncón del mundo donde los colores parecen más intensos y el tiempo fluye con otra cadencia. Nos espera un viaje que no solo nos llevará a descubrir paisajes que parecen sacados de un sueño, sino que también nos desafiará a conectar con una cultura profunda y sabores inesperados. Prepárate para un recorrido que despertará todos tus sentidos y nos llevará más allá de lo conocido. ¿Te animas a acompañarnos? Últimas plazas para nuestro maravilloso viaje. Para ir poniéndote los dientes largos te comparto cómo será nuestro primer día en Bangkok Bueno, realmente el segundo, porque el primero, de llegada a la capital tailandesa, por la noche disfrutaremos una cena en un barco de crucero por el río Chao Phraya. Vamos a conocer mejor Bangkok, ¡solo el primer día en la ciudad!.
Esta capital, conocida en tailandés como Krung Thep (la “Ciudad de los Ángeles”), es un auténtico caleidoscopio donde se fusionan palacios antiguos, templos brillantes y una modernidad que no da respiro. Y aunque Bangkok es un punto clave en el sudeste asiático, la ciudad nunca deja de mostrar su esencia tailandesa: profunda, espiritual y siempre sonriente. Fundada en 1782 por el Rey Rama I, Bangkok fue concebida como la nueva capital del Reino de Siam tras la caída de Ayutthaya, y pronto se convirtió en el corazón de Tailandia. Durante siglos, la ciudad ha sido una encrucijada donde los estilos y tradiciones de Oriente y Occidente se han fusionado, transformándola en un lugar único. La ciudad ofrece una experiencia inigualable de compras, desde artesanías locales de alta calidad hasta increíbles gangas en los centros comerciales más lujosos de Asia. Los amantes de la gastronomía se deleitarán con los exquisitos platos que podrán degustar en cada esquina de la ciudad.
Bangkok es un festín para los sentidos, y hoy exploraremos sus facetas más icónicas. Iniciaremos visitas en el inigualable Chinatown, el corazón chino de Bangkok. Fundado en 1782, este distrito ha sido durante siglos un punto de encuentro de culturas, donde las tradiciones chinas se entremezclan con las tailandesas. A medida que paseamos, somos envueltos por el ritmo frenético de las tiendas de oro, los puestos de frutas exóticas y los escaparates de remedios tradicionales que cuentan historias de tiempos pasados. Aquí cada rincón es un mundo nuevo: puestos de comida callejera con interminables opciones, desde “dim sum” humeantes hasta el famoso pato asado de Yaowarat. Y no olvidemos el arte y la historia a cada paso; muchas de estas calles han sido retratadas en películas y documentales por su particular encanto. Un dato curioso: Chinatown es especialmente famoso durante el Año Nuevo Chino, cuando se llena de espectáculos de fuegos artificiales, danzas de dragones y linternas rojas que iluminan cada esquina, marcando la renovación de la energía en el nuevo ciclo lunar.

Nuestra siguiente parada será el Wat Traimit, también conocida como Templo del Buda de Oro, hogar de una de las estatuas de Buda más veneradas y sorprendentes del mundo. Con una altura de 3 metros y un peso de más de 5 toneladas, este Buda dorado ha sido testigo de una historia fascinante. Originalmente, se cree que fue creado en el siglo XIII en la época de Sukhothai, la primera capital tailandesa, y más tarde fue cubierto en estuco para protegerlo de posibles saqueos en el siglo XVIII. Durante casi dos siglos, nadie sospechaba de su verdadero valor hasta que en 1955, al mover la estatua, el estuco se rompió y dejó al descubierto el brillo deslumbrante de oro puro. Este Buda representa la fortaleza espiritual y la devoción tailandesa, un recordatorio constante de cómo el verdadero valor de algo puede estar oculto bajo capas. En la tranquilidad de Wat Traimit, rodeados de fieles y ofrendas de flores, sentimos esa serenidad que solo los templos pueden transmitir. Luego, nos embarcamos en una travesía por los canales de Thonburi, o khlongs, sumergiéndonos en el Bangkok más auténtico. Esta red de canales, que antaño cruzaba toda la ciudad, revela un mundo tradicional que contrasta con los modernos rascacielos. Deslizamos suavemente por las aguas y observamos las casas de madera construidas sobre pilotes, con sus coloridas fachadas y jardines de macetas. Muchos de estos hogares tienen sus propias barcas amarradas, y todavía es común ver a los vecinos comerciando productos desde pequeñas canoas. Un detalle especial: Tailandia celebra anualmente el festival Loy Krathong, en el que se lanzan pequeños botes hechos de flores y hojas de plátano sobre los canales, una tradición ancestral para pedir perdón al agua y celebrar la belleza de la naturaleza.
Nuestra ruta por los canales nos llevará al fascinante Museo de las Barcas Reales, un verdadero tesoro para los amantes de la historia y la cultura náutica, joyas flotantes de la historia tailandesa. Este museo alberga las embarcaciones ceremoniales de la familia real tailandesa, cada una tallada y decorada con minuciosidad en tonos de rojo y dorado. Las barcas más antiguas datan de hace más de 200 años y son utilizadas en festivales importantes, como la Procesión Real por el Río que se lleva a cabo en la festividad de Kathin. Cada barca tiene el rostro de una criatura mitológica en su proa, entre ellas Garuda, el ave sagrada, y Naga, la serpiente protectora, simbolizando la conexión entre el rey y el universo. Ver estas barcas es como revivir un fragmento de la historia real de Tailandia, recordándonos el vínculo profundo que une a los tailandeses con el agua y sus tradiciones.

Nuestro día culmina en el imponente Wat Arun, el Templo del Amanecer, cuya silueta se eleva majestuosa a orillas del río Chao Phraya. Su nombre, dedicado al dios hindú del amanecer Aruna, promete un espectáculo inolvidable al atardecer, cuando sus paredes de porcelana brillante reflejan los tonos dorados del sol. Subir sus empinadas escalinatas, decoradas con mosaicos de vidrio y porcelana de colores, es un esfuerzo bien recompensado, pues desde arriba tenemos una vista panorámica de la ciudad y el río que nos corta el aliento. Construido inicialmente en el siglo XVII, Wat Arun ha sido restaurado y embellecido a lo largo de los siglos. Su prang (torre) central, de más de 70 metros de altura, es uno de los símbolos más fotografiados de Bangkok. Durante la caída del sol, el templo se ilumina con tonos cálidos, ofreciendo una imagen imponente y memorable. Este templo es único en su arquitectura porque combina influencias jemer y tailandesa, lo que lo convierte en una joya arquitectónica única. Además, Wat Arun fue el templo al que el rey Taksin trasladó la imagen del Buda Esmeralda antes de que esta fuera colocada definitivamente en el Wat Phra Kaew. Al final de este día de exploración y descubrimiento, regresamos al hotel para descansar y dejar que las imágenes y sonidos de Bangkok nos acompañen en la memoria. ¡Nos vemos en los viajes!
Alberto Bermejo
ONEIRA, un viaje a tus sueños
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