En septiembre de 2025, Oneira Club de Viajeros vuelve a las rutas más inspiradoras de Europa con un viaje fascinante por Alsacia y la Selva Negra, un itinerario donde el paisaje, la historia y la belleza natural se dan la mano. Las plazas están abiertas —y limitadas— para quienes deseen dejarse llevar por un universo de pueblos con entramado de madera, viñedos encantadores y bosques que parecen salidos de un cuento. ¿Te apuntas?
Entre todos los escenarios que exploraremos, hay uno que late con una fuerza especial: la Selva Negra. Este territorio del sur de Alemania no se contempla, se atraviesa como quien entra en una leyenda. Con sus abetos altos como catedrales, su aroma a madera húmeda y sus historias susurradas por el viento, el Schwarzwald —nombre original en alemán— es mucho más que un bosque: es una experiencia emocional que conecta con lo profundo.Quien lo pisa por primera vez, lo comprende enseguida: aquí no se trata solo de mirar, sino de sentir.
Un bosque que impone respeto
Con más de 160 kilómetros de longitud y hasta 60 de anchura, el Schwarzwald es un pulmón de abetos oscuros, valles sombríos y pueblos de cuento que se extiende por el suroeste de Alemania, en el estado de Baden-Wurtemberg. Los romanos, al penetrar estas tierras cubiertas de una vegetación impenetrable, la bautizaron como “silva nigra”, bosque negro, por la densidad de sus copas que apenas dejaban pasar la luz.
El hogar de lo fantástico
Este es un bosque tejido de leyendas. Las brumas del amanecer esconden historias de brujas, hadas, lobos, gnomos y viajeros perdidos, muchas de ellas recogidas y amplificadas por los hermanos Grimm. Se cuenta que aquí habitan los espíritus del bosque y que no es raro que un caminante escuche voces o se extravíe siguiendo luces que no llevan a ninguna parte. Esta atmósfera ha inspirado también a compositores como Wagner, pintores románticos y cineastas modernos.

Un paisaje moldeado con ternura
El viaje a través de la Selva Negra es un paseo por un paisaje modelado por la naturaleza y el ser humano con un equilibrio sorprendente. Las granjas tradicionales —algunas convertidas hoy en museos vivos como el de Vogtsbauernhof en Gutach— conservan los tejados inclinados que protegen de la nieve invernal. Triberg, con sus cascadas y relojes de cuco gigantes, resume en pocos metros la esencia de esta tierra.
Y luego están los caminos. La Schwarzwaldhochstrasse, una de las rutas escénicas más bellas del país, atraviesa bosques, miradores y valles con una cadencia hipnótica. No se trata solo de mirar, sino de sentir. De detenerse. De oler.

Naturaleza viva, protegida
Además de mito, la Selva Negra es un ecosistema cuidado. Aquí viven corzos, jabalíes, halcones y hasta linces reintroducidos. Hay parques naturales, como el Naturpark Südschwarzwald, donde los viajeros pueden hacer senderismo por rutas señalizadas. Y aún se producen hierbas medicinales, miel silvestre y productos de montaña de manera sostenible.
Un bosque para todos los sentidos
En este viaje, nos adentraremos en esa Selva Negra imaginada y real. Caminaremos bajo abetos centenarios, escucharemos el rumor del agua en Titisee, nos dejaremos asombrar por las historias contadas junto al fuego y miraremos el paisaje con los ojos de los antiguos, los que creían que los bosques eran templos.
La Selva Negra no es solo un lugar. Es una emoción. Y la vas a recordar.
Alberto Bermejo
ONEIRA club de viajeros
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