La energía geotérmica: la clave de un país sostenible
En un mundo que lucha constantemente contra el cambio climático y busca alternativas a los combustibles fósiles, Islandia emerge como un faro de esperanza y un modelo a seguir. Este pequeño país nórdico ha logrado lo que muchas naciones consideran imposible: transformar su matriz energética casi por completo hacia fuentes renovables, con la energía geotérmica como protagonista indiscutible.
Islandia tiene una ventaja geográfica única: se encuentra ubicada justo en la dorsal mesoatlántica, una gigantesca cadena montañosa submarina donde las placas tectónicas norteamericana y euroasiática se separan. Esta ubicación privilegiada convierte al país en un hervidero de actividad volcánica, con más de 200 volcanes y numerosos géiseres, fumarolas y aguas termales que salpican su paisaje. Esta característica geológica, que podría considerarse una desventaja en otros contextos, se ha convertido en el motor de su revolución energética. El calor que emana del interior de la Tierra es tan abundante que los islandeses han aprendido a aprovecharlo de manera magistral, transformándolo en electricidad y calor para sus hogares, industrias y espacios públicos.
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De la dependencia del carbón a la autosuficiencia renovable
Hace apenas medio siglo, Islandia era completamente dependiente de combustibles fósiles importados. El carbón y el petróleo calentaban sus hogares y movían su economía, generando una significativa carga económica y ambiental. La crisis del petróleo en los años 70 fue el catalizador que impulsó al país a buscar alternativas dentro de sus propias fronteras.
Hoy, el panorama es radicalmente diferente. Más del 85% de la energía primaria del país proviene de fuentes renovables, con la geotermia representando aproximadamente el 66% del total, complementada por la hidroeléctrica. Prácticamente el 100% de la electricidad y la calefacción en Islandia se genera a partir de estas fuentes limpias.
Lo verdaderamente revolucionario del modelo islandés no es solo la generación de electricidad, sino el uso integral que hacen del calor geotérmico. El sistema de calefacción urbana de Reikiavik, la capital, es uno de los más avanzados del mundo. Aproximadamente el 90% de los edificios en la isla se calientan directamente con agua geotérmica.
El agua caliente fluye por una extensa red de tuberías subterráneas que recorren ciudades y pueblos, entregando calefacción constante a hogares, escuelas, hospitales y edificios públicos. En invierno, incluso algunas aceras y carreteras son calentadas geotérmicamente para evitar la acumulación de hielo y nieve.
La creatividad islandesa para aprovechar este recurso no tiene límites. Grandes invernaderos calentados con energía geotérmica permiten cultivar tomates, pepinos y hasta plátanos en un país ubicado justo debajo del Círculo Polar Ártico. La piscicultura también se beneficia del agua temperada para la cría de especies como el salmón.
Una de las manifestaciones más visibles y populares del uso geotérmico es la Laguna Azul, que visitaremos, una instalación recreativa que recibe a cientos de miles de turistas cada año. Sus aguas ricas en minerales, mantenidas a temperaturas ideales por el calor geotérmico, representan no solo un atractivo turístico sino un símbolo de la armonía entre el ser humano y la naturaleza.

El modelo exportable: lecciones para el mundo
¿Puede el modelo islandés replicarse en otros países? La respuesta es sí, aunque con matices importantes. Si bien no todos los territorios cuentan con la extraordinaria actividad geotérmica de Islandia, el potencial geotérmico está presente en muchas regiones del planeta, especialmente en zonas volcánicas del «Anillo de Fuego» del Pacífico, partes de África Oriental, y regiones montañosas de Europa y América.
Países como Kenia, Filipinas, Indonesia, Nueva Zelanda, Italia, México y partes de Estados Unidos ya están desarrollando proyectos geotérmicos significativos. Incluso en zonas sin actividad volcánica evidente, las nuevas tecnologías de geotermia de media y baja entalpía permiten aprovechar el calor terrestre a menor profundidad.
Desafíos pendientes y horizonte futuro
A pesar de su éxito, Islandia aún enfrenta retos importantes. El transporte sigue dependiendo mayoritariamente de combustibles fósiles, aunque el país está realizando avances significativos en la electrificación de su flota vehicular y experimenta con hidrógeno producido mediante electricidad renovable.
El país tampoco está exento de debates sobre el impacto ambiental de las centrales geotérmicas. Si bien son mucho más limpias que las alternativas fósiles, pueden generar emisiones de sulfuro de hidrógeno y afectar ecosistemas locales si no se gestionan adecuadamente.
Un faro de esperanza renovable
En un mundo que busca desesperadamente soluciones al cambio climático, Islandia brilla como un ejemplo de lo que es posible lograr cuando hay visión, determinación y una apuesta decidida por las energías renovables. Su historia demuestra que la transición energética no solo es posible sino también beneficiosa económicamente.
La energía geotérmica, ese tesoro que hierve bajo sus pies, no solo ha transformado la realidad energética islandesa sino que ha redefinido la identidad nacional. En las calles temperadas de Reikiavik, en los invernaderos que producen vegetales frescos en medio del invierno ártico, y en los hogares cálidos de sus habitantes, se percibe el orgullo de un país que ha sabido armonizar su desarrollo con el respeto al medio ambiente.
Mientras el vapor se eleva desde sus campos geotérmicos hacia el cielo boreal, Islandia nos recuerda que, en la lucha contra el cambio climático, las soluciones más poderosas a veces se encuentran justo bajo nuestros pies.
Alberto Bermejo
ONEIRA club de viajeros
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