Del 23 de marzo al 4 de abril de 2027, ONEIRA club de viajeros recorrerá Taiwán, la Isla Inesperada, en un viaje de 13 días que nos llevará de las grandes ciudades a los paisajes de montaña. En el bosque de Alishan conoceremos uno de los lugares más evocadores de la isla: subiremos al histórico tren forestal en el entorno de Zhao Ping, caminaremos entre cipreses gigantes y nos acercaremos a los Estanques de las Hermanas. Será una jornada incluida en nuestro itinerario para descubrir cómo la niebla, la memoria industrial y la conservación conviven hoy bajo una misma bóveda vegetal.
El bosque de Alishan y sus cipreses gigantes
Hay lugares donde la naturaleza impone un silencio reverencial nada más cruzar sus límites. El macizo montañoso de Alishan, en el corazón del condado de Chiayi, es uno de ellos. Elevado por encima de los dos mil metros, este santuario forestal no solo destaca por la majestuosidad de sus paisajes cubiertos de niebla, sino por condensar en sus senderos la compleja historia del Taiwán moderno: la transición entre la explotación intensa de los recursos naturales y la conservación consciente del patrimonio ecológico.
El alma de Alishan está encarnada por sus coníferas antiguas, en particular el ciprés rojo de Formosa (Chamaecyparis formosensis) y el ciprés de Hinoki taiwanés (Chamaecyparis obtusa var. formosana). Durante siglos, estos colosos de madera aromática y grano tupido crecieron al abrigo de las lluvias constantes y la bruma fría, en unas cordilleras que son también territorio histórico del pueblo indígena tsou.
La edad de estos gigantes alimentó durante décadas estimaciones casi legendarias. Sin embargo, una investigación encargada por la administración forestal taiwanesa y realizada con muestras de crecimiento revisó muchas de aquellas cifras. El ejemplar más antiguo estudiado en el área alcanza una edad estimada de unos 1.515 años, una longevidad extraordinaria que permite imaginar cuántos terremotos, rayos y temporales han atravesado estos árboles.
De la tala colonial al Ferrocarril Forestal de Alishan
El destino de este paraíso verde dio un giro radical a finales del siglo XIX, tras el Tratado de Shimonoseki de 1895, que transfirió Taiwán al Imperio del Japón. Al explorar el interior de la isla, los técnicos forestales japoneses identificaron las enormes masas de ciprés de Alishan. Por su resistencia a la humedad, su durabilidad y su fragancia, esta madera era muy apreciada para templos, edificios públicos y viviendas.
Para extraer los troncos desde cotas de acceso muy difícil, la administración colonial emprendió una de las grandes obras de ingeniería forestal de Asia: el Ferrocarril Forestal de Alishan. Su vía estrecha, de 762 milímetros, debía salvar más de dos mil metros de desnivel desde Chiayi. El primer gran tramo hasta Erwanping quedó terminado en 1912; en 1914 la línea se prolongó hasta Zhao Ping y completó su ascenso al corazón de la explotación forestal.
El trazado recurrió a túneles, puentes, curvas muy cerradas y al célebre ascenso en espiral de Dulishan para ganar altura en un territorio abrupto. Durante décadas, los convoyes descendieron toneladas de ciprés hacia las serrerías de Chiayi. La magnitud de aquella actividad transformó amplias zonas de la cordillera y dejó al borde de la desaparición buena parte del bosque primario.

Un ferrocarril que cambió de significado
Con el agotamiento del modelo maderero, Taiwán fue modificando su relación con Alishan. Las viejas estaciones de carga y los trenes concebidos para transportar troncos se adaptaron paulatinamente al servicio de viajeros. En 1920 comenzó el transporte regular de pasajeros y, desde la década de 1960, el ferrocarril avanzó hacia una función esencialmente turística y patrimonial.
Hoy, el Alishan National Forest Recreation Area protege los reductos supervivientes y permite leer las huellas de esa historia. El tren ya no es únicamente una curiosidad técnica: es el hilo que une el pasado industrial con la contemplación contemporánea del paisaje. Sus vías, estaciones y vagones recuerdan el coste de la explotación, pero también la capacidad de una sociedad para otorgar un significado nuevo a su patrimonio.
La experiencia de ONEIRA en Alishan
El programa de ONEIRA club de viajeros permitirá revivir esta memoria sobre el terreno el 29 de marzo de 2027. En el entorno de la estación de Zhao Ping, los viajeros subirán a los característicos vagones del tren forestal y avanzarán entre laderas húmedas, musgos y helechos. No será solo un recorrido escénico, sino una breve inmersión en la historia de la montaña.
A pie, la ruta se adentrará después en el Giant Wood Trail, un sistema de pasarelas creado para reducir el pisoteo del suelo y proteger las raíces de los grandes cipreses rojos. Caminar bajo esos ejemplares supervivientes obliga a levantar la vista y corrige de inmediato la escala humana. Sus troncos retorcidos, las oquedades y las raíces que se funden unas con otras revelan que el bosque no es un museo inmóvil, sino un organismo que continúa creciendo, decayendo y regenerándose.
El recorrido alcanzará también los Estanques de las Hermanas, dos pequeñas masas de agua rodeadas de vegetación y asociadas a leyendas locales. La quietud del agua, los pabellones de madera y la niebla que aparece y desaparece entre los árboles crean una atmósfera casi onírica. Su belleza no reside en la grandiosidad, sino en la delicadeza del entorno y en la invitación a caminar sin prisa.
En Alishan, el chirrido del viejo ferrocarril dejó hace tiempo de anunciar la tala de un coloso. Ahora acompaña el rumor de los caminantes que avanzan bajo la niebla. El bosque ha dejado atrás su condición de simple recurso mercantil para revelarse como lo que siempre fue: un templo natural de madera antigua, silencio y dignidad vegetal.
Daniel Bermejo
ONEIRA club de viajeros
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