Del 23 de marzo al 4 de abril de 2027, ONEIRA club de viajeros recorrerá Taiwán, la Isla Inesperada, en un viaje de 13 días que nos permitirá contemplar de cerca la extraordinaria geología de Taiwán. En el norte visitaremos el Geoparque de Yehliu, modelado por el océano, y el Parque Nacional de Yangmingshan, donde los paisajes volcánicos acompañarán una experiencia termal al aire libre. Dos escenarios incluidos en nuestro itinerario que ayudan a comprender por qué esta isla parece estar todavía en proceso de creación.

La geología de Taiwán, una isla en movimiento

Vista sobre un mapa del Sudeste Asiático, la isla de Taiwán parece un relieve suspendido entre el continente chino y las fosas abisales del océano Pacífico. Sin embargo, su geografía no es un territorio estático ni una reliquia geológica del pasado: es el resultado visible de una colisión tectónica titánica que sigue activa en este mismo instante. Situada en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la isla nació del empuje imparable entre la placa del Mar de Filipinas y la placa Euroasiática, una fricción iniciada hace apenas varios millones de años —un abrir y cerrar de ojos en tiempo geológico— y que todavía eleva y deforma sus cordilleras.

Ese origen violento y dinámico explica la peculiar fisonomía del territorio. Con unos 36.000 kilómetros cuadrados, una superficie inferior a la de Extremadura y apenas mayor que la de Cataluña, Taiwán alberga más de doscientas cumbres que superan los 3.000 metros de altitud. Las llanuras costeras del oeste, densamente pobladas y cultivadas, ceden el paso en pocos kilómetros a murallas de roca que se pierden entre la niebla. Esta juventud geológica dota a la isla de un paisaje abrupto, atravesado por fallas activas, ríos torrenciales que han labrado gargantas profundas y numerosos manantiales termales que emergen desde las entrañas de la corteza.

El viaje de ONEIRA club de viajeros permitirá presenciar esta vitalidad subterránea y oceánica en dos puntos clave del norte de la isla: el Geoparque de Yehliu y el Parque Nacional de Yangmingshan. Ambos escenarios, próximos a Taipéi, muestran dos caras complementarias de una misma historia natural.

Yehliu, la escultura del océano

En la costa norte, la estrecha península de Yehliu se adentra en las aguas como una lengua de piedra sometida a la fuerza constante del mar, el viento y los monzones. Aquí, las capas de roca sedimentaria depositadas hace millones de años han quedado al descubierto y han sido esculpidas con paciencia por la erosión y la meteorización. El resultado es un laberinto de figuras geológicas entre las que destacan las rocas en forma de hongo.

Rocas en forma de hongo, Geoparque de Yehliu · Fotografía: Balon Greyjoy · CC0 1.0

Caminar por el Geoparque de Yehliu produce la sensación de recorrer el fondo de un mar emergido. Entre fósiles de erizos incrustados en la roca dorada aparecen las llamadas «velas de piedra», cavidades, superficies alveolares y otras formas que parecen obedecer a una imaginación caprichosa. Por encima de todas destaca la célebre «Cabeza de la Reina», uno de los grandes símbolos naturales de Taiwán.

Su perfil aristocrático, modelado sin intervención humana, es también un recordatorio de la fragilidad del relieve. El cuello rocoso se ha ido estrechando por la acción combinada del agua, la sal y el viento. La formación que admiramos hoy no es definitiva: continuará transformándose y algún día desaparecerá, mientras el mismo proceso crea figuras nuevas en otros puntos de la península. Yehliu permite observar la geología no como un decorado terminado, sino como una obra que sigue sucediendo ante nosotros.

Yangmingshan y la respiración volcánica

A poca distancia hacia el interior, el paisaje cambia de registro y se vuelve telúrico en el macizo de Yangmingshan. Integrado en el grupo volcánico Datun, el parque conserva cráteres, rocas volcánicas, manantiales termales y una intensa actividad de fumarolas. No ofrece el espectáculo de una erupción, sino las señales persistentes de un sistema geotérmico que continúa liberando calor y gases desde el subsuelo.

En enclaves como Xiaoyoukeng, las laderas aparecen abiertas por grietas de las que brotan columnas de vapor con un marcado olor a azufre. El agua de lluvia se filtra en profundidad, se calienta gracias a las fuentes de calor subterráneas y vuelve a ascender cargada de minerales a través de fracturas de la corteza. El resultado es un paisaje de roca alterada, tonos amarillos y blancos, vegetación húmeda y vapores que cambian con el viento.

Esa energía subterránea se traduce en una arraigada cultura termal. La sociedad taiwanesa incorporó durante el periodo colonial japonés nuevas formas de baño y establecimientos inspirados en los onsen, que dejaron una huella profunda en lugares como Beitou y Yangmingshan. Desde entonces, las aguas calientes forman parte tanto del descanso como de la relación cotidiana con un territorio geológicamente activo.

El paisaje sentido desde el cuerpo

Nuestro recorrido culminará con una experiencia de baño en aguas termales al aire libre, en un entorno de montaña. Sumergirse en ellas después de varias jornadas de viaje permitirá comprender el paisaje desde el cuerpo: el calor que relaja los músculos procede de la misma dinámica interna que levantó las cordilleras y continúa transformando la isla.

Fumarolas de Xiaoyoukeng, Yangmingshan · Fotografía: Junyu-K · CC BY-SA 4.0

Yehliu y Yangmingshan cuentan así una historia común con lenguajes opuestos. En la costa, el océano desgasta la roca grano a grano; en la montaña, el calor terrestre asciende por sus fracturas. Entre ambos procesos se dibuja el carácter físico de Taiwán: una isla joven, poderosa e indomable que respira bajo nuestros pies.

Daniel Bermejo

ONEIRA club de viajeros

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