Cuaderno de bitácora: Viaje a Egipto Oneira Diciembre 2019

Nuestros amigos viajeros de Oneira visitaron en diciembre de 2019 el Antiguo Egipto, en un viaje atrás en el tiempo para penetrar sus misterios; descubriendo historias y leyendas de los grandes faraones, sus construcciones y el desarrollo artístico que implicó su civilización. Dirigieron la expedición nuestros dos colegas Gloria Jordán y David Esteso de Más Que Un Plan Agencia de Viajes  Descubriendo el Antiguo Egipto, país de las pirámides, las esfinges, dioses, templos, momias y faraones, cuna de  civilizaciones, de la mano de uno de los más reconocidos e influyentes egiptólogos, el Doctor Sayed Salama, escritor natural de El Cairo, que además de su doctorado en la Universidad Helwan de El Cairo cuenta con una Licenciatura en Bellas Artes y Periodismo por la Universidad de Bostón (EEUU) y en Filología Hispánica y Francesa por la Universidad de Einshamr, Heliópolis, y una decena de títulos y reconocimientos oficiales. Políglota (habla y escribe en español, francés y hebreo, además de en su lengua natal) es el mejor cicerone que podríamos tener para Oneira club de viajeros, en un viaje apasionante e inolvidable.

Nuestros viajeros comenzaron su aventura en Luxor, la antigua Tebas, importante centro espiritual, intelectual y económico de Egipto, descrita por Homero como “la ciudad de las cien puertas”, con la mayor concentración de monumentos antiguos de todo Egipto, ciudad sagrada de Amón-Ra, dios supremo y fuente de toda legitimidad para los faraones. Tebas se alzó como capital del Antiguo Egipto durante la undécima dinastía egipcia (2055  a.C.) y se mantuvo como capital religiosa hasta 1655 a.C. Tebas quedó dividida en barrios y suburbios en torno a los templos de Karnak y Luxor. En la orilla izquierda del Nilo se ubicó la necrópolis, los templos funerarios y los talleres de momificación. La belleza y el poderío de Tebas llegaron a oídos de los antiguos griegos mil años antes de nuestra era.

Dendera y Abydos se encuentran a un par de horas  de autobús desde Luxor. En Dendera, en medio del desierto y de bancales de cebolla han visitado el  espectacular Templo de Hathor, (Tolomeo XII Auleto 88-51 a.C.) de los pocos que conservan su techumbre. Hathor presidía en el templo los juegos del amor y en su honor de celebraban fiestas con música y danzas. La sala hipóstila con sus seis anexos y el santuario con sus once capillas son impresionantes, así como el techo, decorado con motivos astronómicos. El Dr. Sayed Salama les explicó las distintas significaciones de las estatuas y la decoración interior, así como el alcance de la resurrección de Osiris (que nos recuerda mutatis mutandi, la resurrección de Jesucristo de la tradición cristiana), descuartizado por su hermano Set y reconstruido por la diosa Isis, concibiendo con él a Horus, heredero real.  En Abydos, la ciudad de Orisis, visitaron el Templo de Seti I, el más completo y bonito de Egipto, con siete entradas dedicadas a los dioses Osiris, Isis, Horus, Amón-Ra, Ra-Horaity y Ptah. Un aire misterioso envuelve la atmósfera de este templo, al recorrer sus oscuras salas y santuarios. Una curiosidad: la inglesa Dorothy Eady, conocida como “Omm Sety” en los ambientes, fue una de las últimas residentes; creía ser reencarnación de la sacerdotisa del templo y amante de Seti I. Vivió 35 años en Abydos y se le permitió realizar antiguos rituales en el templo.

El grupo visitó el fantástico Museo de Luxor, que exibe objetos encontrados en la antigua Tebas. El Dr. Sayed Salama dirigió la visita con explicaciones detalladas sobre el  conjunto de esculturas halladas en 1989 en el Templo de Luxor, las momias de Ahmosis I y Ramsés I, fundador de la XIX dinastía y padre de Seti I. Destacadísima la figura de alabastro de Amenofis III protegido por el gran dios cocodrilo Sobek.  La noche acabó disfrutando de un Espectáculo de Luz y Sonido en el Templo de Karnak, con recorrido del templo al atardecer y con la ejecución de un conmovedor espectáculo desde el Gran Lago Sagrado, descubriendo la historia de Tebas con juego de luces, colores y música.

Nuestros viajeros se trasladaron al Valle de los Reyes, la necrópolis real conocida como “el lugar de la verdad”, con 63 magníficas tumbas reales en la orilla occidental de Luxor. Todo apunta a que los faraones escogieron el lugar para su eterno descanso por la forma piramidal natural de la picuda cima de la montaña Tebana además de para intentar burlar a los saqueadores. El Valle de los Reyes permite descubrir las tumbas de los faraones de las XVIII y XIX dinastías.  Debido a los graves daños sufridos, actualmente sólo es posible visitar una decena de tumbas y todas no podremos verlas: el Departamento de Antigüedades de Egipto ha introducido un sistema de rotaciones abriendo un número limitado de tumbas cada día, pudiéndose visitar únicamente tres de las tumbas más importantes.

La siguiente visita fue al Templo de Hatshepsut, un monumento extraordinario “el más sagrado de los sagrados”, distribuido en terrazas. El templo se integra armónicamente con los acantilados donde se talló, revelando una de las mejores estructuras del Antiguo Egipto. En época de Hatshepsut (1473-1458 a.C.) debió impresionar mucho más por la calzada procesional flanqueada por esfinges; las que quedan se hallan en el Museo Metropolitano de Nueva York. Fue diseñado por Senenmut, amante de la reina. El grupo se trasladó posteriormente a el área donde se erigen los dos Colosos de Memnón, sin rostro, representación de Amenofis III que se levantan 18 m sobre la llanura. El Dr. Salama les habló sobre la leyenda afirma que los Colosos hablaban o silbaban, según  cuentan los antiguos griegos y romanos; ellos creían que era el saludo de Memnón a su madre Eos. A continuación descubrieron el Memorial de Ramsés III en Medinat Habú, vinculado al dios Amón, rodeado por un recinto fortificado, cubriendo más de ocho hectáreas, incluyendo capillas, anexos, patios, murallas, restos del palacio del faraón, etc., con bajorrelieves y paneles exquisitos. La última visita del día fue a Deir Al Medina, donde yacen los grandes artistas y obreros que trabajaron en las tumbas del  Valle de los Reyes y el Valle  de las Reinas. Es un lugar importantísimo desde el punto de vista histórico y artístico (y científico), pues los continuos descubrimientos (el último de ellos nuevos hallazgos de Zahí Hawass que comentamos en nuestro artículo en el Blog de Oneira del 20/11/19) han permitido conocer las costumbres y la vida cotidiana de personas anónimas, alejadas de la aristocracia egipcia y que nos han aportado un gran conocimiento sobre la vida en el Antiguo Egipto, por los ostracones encontrados en yacimientos, papiros y objetos hallados. Cuenta con detalle sobre todo ello nuestro guía Dr. Salama a todos nuestros viajeros.

Cerramos esta etapa dejando al grupo embarcado en su Motonave, en la que iniciarán su Crucero por el Nilo los próximos cuatro días.

Durante la mañana siguiente y antes de iniciar el crucero, nuestros amigos viajeros realizaron la visita del Templo de Karnak. El nombre que Karnak recibió en la antigüedad fue Ipet Sut, “el lugar más venerado”; designa el “centro del mundo”, el lugar donde Amón, tras crearse a sí mismo, dio vida a los seres y a las cosas. Un conjunto espléndido de santuarios, quioscos, pinoles y obeliscos, erigidos a mayor gloria de los dioses. Las escenas en las paredes interiores del templo muestran a los sacerdotes y la realeza en actitudes religiosas, y en las exteriores están dedicadas al todopoderoso faraón. A continuación tocaba regresar para el almuerzo e iniciar travesía por el río Nilo, el mayor río de África, unido física y espiritualmente a Egipto. La mayor parte de los habitantes del Antiguo Egipto vivieron en sus orillas. Nos deleita el escriba con un poema copto de hace milenios “el peregrino del tiempo”: “Mi alma peregrina del tiempo, pasea por las orillas del Nilo/Y me trae mil recuerdos… arrastrados…/Por los vientos del Sur… más allá del desierto/En donde arena y viento… dibujan un nuevo sueño”. Cerca de la hora de la cena nuestro crucero alcanzó la esclusa de Esna, un buen motivo para activar las cámaras fotográficas; una esclusa que el barco debe salvar. Permite el paso de dos barcos cada 30-35 minutos. El grupo Oneira disfrutó antes de la cena de un par de horas relajadas en Edfú, una ciudad religiosa de gran importancia económica para Egipto. Nuestros viajeros aprovecharon para recorrer la ciudad en coche de caballos.

El lunes antes de continuar la navegación no podíamos dejar dejar de visitar el Templo de Horus de Edfú, del dios Halcón, construido entre el 237 y el 57 a. C. , uno de los mejores conservados del Antiguo Egipto. Los relieves de las paredes han proporcionado una gran información a los arqueólogos sobre los rituales del templo y el gran poder que detentaban los sacerdotes. En la última parada de nuestro crucero, el grupo descubrió el Templo de Kom Ombo, sito en uno de los más bellos emplazamientos del valle del Nilo, muy cerca de donde antaño se tumbaban al sol los cocodrilos sagrados. El templo está dedicado a dos divinidades, al dios local Sobej y a Horus el Viejo, dos templos simétricos en uno.

La noche en nuestra motonave fue especialmente jubilosa. Se organizó una fiesta tradicional árabe, y debidamente disfrazados, correspondía bailar al ritmo de la música que un improvisado DJ ofrecía para los viajeros del crucero, mezclando clásicos de discoteca occidental con algunas canciones árabes muy bailables. Una noche divertida.

El martes alcanzamos Asuán. Aquí el desierto cambia de aspecto. Es la atmósfera nubia, la auténtica África, la frontera del Antiguo Egipto. Las aguas de un Nilo ancho, indolente y bonito se abren paso a través de rocas graníticas rodeando la Isla de Sehel. Desde la Antigüedad, Asuán es un inmenso mercado sito en una encrucijada de caminos procedentes de África. En la Isla de File visitamos el Templo de Philae (o Templo de Isis), la “perla del Nilo”,  uno de los más importantes y bellos a orillas del río, el último templo construido en estilo clásico egipcio. Atrajo peregrinos durante miles de años, uno de los últimos templos paganos en funcionamiento tras la extensión del cristianismo. El culto a Isis en File se remonta al s. VII a. C. y se mantuvo hasta el 550 d.C. Un templo extraordinario y bello. En la capilla de Osiris se celebraban los misterios del dios, con paredes cubiertas  sobre el mito de la muerte y resurrección de Osiris. Nos acercaremos a la orilla oriental de Asuán para conocer el espectacular Obelisco Inacabado sito en las canteras, explotadas desde la VI dinastía hasta la época grecorromana. Su peso está calculado en 1.200 toneladas, con 36 m de longitud.

Por la tarde realizamos una navegación en faluca (típico velero egipcio) por el Nilo, donde no faltó un poco de jolgorio a cargo de uno de los músicos de abordo que animó al grupo invitándolos a un baile monocorde, con percusión, muy africano. Dicen que la música que escucharon los antiguos faraones es la música que se escucha en Nubia.  A continuación, el grupo realizó una excursión al poblado Nubio, montados en camello,  para conocer la vida cotidiana de sus habitantes. Preciosas sus coloridas casas hechas de adobe y sus puestos de comidas y especias, y las inevitables tiendecillas de vendedores,  con las que se ganan la vida, descubriendo la amabilidad de sus gentes de piel oscura y hechizante mirada. Los nubios perdieron sus casas y hogar tradicionales tras la construcción de la antigua presa en el río Nilo.

A la finalización del crucero hicimos algunas visitas en el entorno de Asuán, una vez visitada la Gran Pesa Alta de Asuán. Más allá del dique se extiende el lago artificial Nasser. En nuestra ruta hacia Abu Simbel visitamos el Templo de Kalabasha, una impresionante estructura ptolemaica y romana dedicada al dios solar nubio Meruel.  Cerca encontramos el Templo de Beit Al Wali, construido por Ramsés II y excavado en  roca. De nuevo con relieves conmemorando los triunfos de Ramsés II sobre sus enemigos nubios y sirios. Al norte del Templo de Kalabasha se hallan las ruinas del Templo o Kiosko de Kertassi, Los restos son muy pintorescos, mostrando dos columnas de Hathor, un gran arquitrabe y cuatro columnas con capiteles papiriformes.

Llegamos a nuestro destino, a Abu Simbel. Los templos de Abu Simbel fueron erigidos por Ramsés II de forma tal que los rayos del sol penetraran en el interior de la montaña e iluminaran el santuario del dios los días de su aniversario y su coronación, el 21 de febrero y 21 de octubre. El imponente Templo de Ramsés II, es la edificación funeraria subterránea ( o espeo) más meridional del Antiguo Egipto. Los cuatro colosos de Ramsés II vueltos hacia Levante se muestran altivos en una fachada de 33 m de alto por 33 m de largo. El Templo de Nefertari, también conocido como Templo de Hathor es el más pequeño de los templos de Abu Simbel. En su fachada excavada en roca se reproduce el tema del coloso real de Ramsés II alternando con las efigies de su gran esposa Nefertari, con su traje de Hator-Sotis y las de sus hijos. Juan Goytisolo escribió sobre Abú Simbel en EL PAÍS el 14 de enero de 2012: “… me fascinó contemplar unas estelas y pinturas de prodigiosa modernidad.  No me enfrentaba allí a un arte hermoso, pero muerto y museizado, sino a expresiones artísticas de una energía misteriosa que no me remitía a lo creado hace casi cuarenta siglos, sino a picassos y giacomettis. Mientras me abstraía en su contemplación dudaba del siglo en que vivía…”.  Aprovechamos la estancia en este lugar apartado de Egipto para contemplar por la tarde/noche el Espectáculo de Luz y Sonido de Abú Simbel, con proyecciones en las fachadas mayor y menor del templo, mostrando su aspecto original; con maravillosa iluminación, música y narraciones.

Nos queda, amigos, disfrutar de Menfis… en El Cairo. La última parte del viaje la dedicaríamos a visitar la Ciudadela, construida en el Medievo por Saladino; sobresaliendo magníficamente la Mequita de Alabastro, donde también nos fotografiamos en grupo. Nuestra primera visita el primer día en la capital de Egipto fue trasladarnos a visitas la única de las siete maravillas del mundo antiguo que han permanecido en pie hasta nuestros días: La Gran Pirámide de Keops. Nada más alucinante sobre la Tierra (que no sea un espectáculo natural). ¿Quién construyó estas pirámides en la Meseta de Guiza? ¿Cómo se levantaron y por qué? Además de la de Keops, la Pirámide de Kefrén, y la de Micerinos; esta última hermosa en su forma, pero la más pequeña de las tres.  La segunda aún conserva el revestimiento de caliza original. Podemos imaginarnos estas pirámides en su origen, cubiertas con piedra blanca y pulida, de brillo cegador. Su revestimiento fue arrancado para uso en palacios y mezquitas. El grupo, los que quisieron entrar, visitaron las cámaras y pasadizos del interior de Keops, otra magnífica experiencia.  Continuamos todo el día realizando múltiples visitas: el Coloso Tumbado de Ramsés II, una “colosal” estatua esculpida en un solo bloque de más de 10 m. No dejamos de visitar la Pirámide Escalonada de Zoser, el monumento de piedra más antiguo del mundo, rodeada por un enorme recinto funerario. En Menfis también visitaríamos dos nuevas tumbas excavadas: Tumba de Mereuka y la Tumba de Mijo, esta última recientemente aperturada. Mereruka fue visir y yerno del faraón Teti de la dinastía VI, su tumba, en forma de mastaba se halla al noreste de la pirámide de este rey. Ocupa 1000 m2 y mide 40 m de largo por 24 m de ancho.

Las visitas del día siguiente, además de a la parte antigua musulmana de Egipto, se centraron en disfrutar al máximo el Museo Egipcio de El Cairo, actualmente dispuesto en dos plantas. Pasear por sus pasillos representa un auténtico viaje al pasado, al Antiguo Egipto. Hay más de 100.000 objetos en 15.000 m2. Algunas de las galerías más importantes son:  Galerías de Tutankamón; ocupan gran parte del primer piso. Salas del Imperio Antiguo, 42, 37 y 32. Sala Amarna, con el protagonismo de Akenatón. Tumbas reales de Tanis; sala con joyas de oro y piedras preciosas. Las diferentes galerías de momias, incluidos algunos restos embalsamados de animales. Según sus creencias, el alma existía y podía regresar y reencarnarse en el cuerpo del difunto. La momificación está basada en la leyenda de Osiris; Seth descuartiza su cuerpo para impedir su resurrección y es Isis quien reúne los trozos y recompone el cuerpo, lo venda y le devuelve el soplo de vida. Algunas de sus piezas más importantes:  la musculosa estatua de Kefrén, las cabezas de Nefertiti, el sillón de la esposa real Satamón (hija de Amenofis III), el Tesoro de Tutankamón, grupo colosal de piedra de siete metros de alto descubierto en Medina Habu y las estatuas de Rahotep y Nofret, entre muchas otras.

Y hasta quí dio de sí nuestro fulgurante  viaje al misterioso Antiguo Egipto.  Pronto estableceremos una nueva fecha para armar un nuevo grupo para descubrir estos antiguos tesoros arqueológicos. Desde aquí nuestro agradecimiento a Gloria

Alberto Bermejo

Gloria Jordán y David Esteso (MQUP)

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IRÁN. Cuna de Civilizaciones (Exposición en el MARQ de Alicante)

Este mes de agosto de 2019 me acerqué por el que resulta ser uno de mis museos preferidos, el MARQ, Museo Arqueológico de Alicante, que si no lo conocéis debéis visitarlo cuando os acerquéis por la ciudad. Algunos lo consideran el primer museo arqueológico del siglo XXI.  En esta oportunidad la motivación era grande, la exposición “Irán. Cuna de civilizaciones”; una extraordinaria oportunidad para contemplar algunas de las piezas más emblemáticas del patrimonio arqueológico de Irán, país que ya visitamos con PERIPLOS en 2017 y que pronto lo volveremos a recorrer con Oneira club de viajeros. La exposición sobre Irán la podrás visitar hasta el 1 de septiembre de 2019, así que… ¡apresúrate!

La exposición se realiza en colaboración con el Museo Nacional de Teherán y el Drents Museum de Assen, que han facilitado las casi 300 piezas de la muestra. El Museo Assen ayudó a que la exposición recalara en España en lugar de regresar a Teherán.  La buena relación entre los gobiernos español e iraní también ha ayudado a conseguir contemplar en Alicante este elenco inmejorable de piezas, que se acompañan de unos impactantes medios audiovisuales. Davinia, una de las expertas del MARQ, fue nuestra particular cicerone en la visita ayudándonos a entender mejor la historia de todas las piezas mostradas. Si no estáis por Alicante podéis escuchar el espacio que SER HISTORIA dedicó a la exposición este mismo año, podéis descargarlo aquí:  https://play.cadenaser.com/audio/001RD010000005507498/

La primera sala está dedicada a los orígenes de las primeras dinastías y los aspectos característicos del período Neolítico sobre todo en el área de los montes Zagros, donde se han descubierto piezas importantes de la Edad del Bronce. Lo más sobresaliente son las cerámicas y elementos relacionados el nacimiento  y desarrollo de la escritura. Antes de la escritura se usaban pequeñas fichas de barro y bolas de archilla para contabilizar las mercancías. La escritura se originaría en el sur de Mesopotamia (Sumer) a finales del IV milenio A.C. Y la Cultura Elamita se desarrolla en el Suroeste del actual Irán, entre el tercer milenio a.C. y la primera mitad del segundo milenio a.C.  Elam y Mesopotamia fueron enemigos. La historia de Elam dura casi 3 mil años. Podéis ver aquí algunas piezas representativas de este período.

La segunda sala de la exposición, la que más me entusiasmó, muestra elementos representativos de la Edad del Hierro y el último período de la Cultura Elamita. Algunas piezas en oro testimonian el poder y la trascendencia cultural de la dinastía aqueménida, al configurarse como primer gran imperio histórico. La figura de Darío I (522 – 486 a. C.) se alza como gran protagonista. Es el rey persa más conocido y que extendió su imperio de forma crucial. Fue un gobernante reformista, con una ideología característica.  Heródoto nos cuenta las “Guerras Médicas”,  como Darío I invadió la Hélade alcanzando límites nunca vistos en sus fronteras.  Su sucesor Jerjes I mantuvo el ardor guerrero contra los griegos. El cuerpo de élite del Gran Rey fue conocido como los “Inmortales”, integrado por 10.000 soldados persas y medos. Importante destacar en la exposición las inscripciones encontradas en la pared rocosa de Behistún, situada en la ruta de los Zagros. Un texto trilingüe (persa antiguo, elamita y babilonio) que describe las hazañas de Darío el Grande y su ascensión al trono que incluye un relieve esculpido con motivos guerreros. Los relieves y las inscripciones contribuyeron en el s. XIX al desciframiento de la escritura cuneiforme desempeñando un papel importante para la Asiriología, como lo fue para la Egiptología el descubrimiento de la Piedra Rosetta.  En el plano religioso, se muestra a Ahura Mazda, dios supremo del zoroastrismo; religión que aun tiene seguidores en Irán como pudimos comprobar y conocer in situ en nuestro viaje de PERIPLOS, en la visita a algunos templos vivos.  Otra gran referencia en esta sala es la genial ciudad de Persépolis, que aún recuerdo visitarla en 2017 (por aquí os dejo alguna foto de una de las piezas de la muestra). Esplendorosa capital del antiguo imperio persa, que fue destruida por las tropas de Alejandro Magno.

La tercera sala de la exposición se centra en la ocupación del territorio por griegos y partos. Impresiona un gran Corán abierto bajo una cúpula, mostrando un antes y un después en la historia de Irán con la llegada del Islam. Pero atención, los iraníes no son árabes, ellos son persas; que con esto hay mucha confusión. Shah Abbas I convirtió a Isfahán en la capital de Persia, construyendo en el corazón de la ciudad una gran plaza porticada, donde se reunían comerciantes, con un bazar y una gran mezquita de finales del XVI. Espectacular. La cerámica safaví, con influencias orientales y chinas, demuestra la importante red de intercambios comerciales de la época.

En suma, amigos viajeros, una gran exposición sobre una gran civilización. Irán. Cuna de civilizaciones.

Alberto Bermejo

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Howard Carter y la tumba y el tesoro de Tutankamón

El próximo mes de diciembre de 2019 Oneira viajará al Antiguo Egipto en un apasionante viaje que estamos preparando para todos los amigos y viajeros que nos acompañan en nuestros viajes en grupo. Continuamos refiriendo algunas historias relevantes sobre el Antiguo Egipto como aperitivo de nuestra fascinante aventura.

Howard Carter, el egiptólogo y arqueólogo más célebre de todos los tiempos nació en Londres en 1874.  Fue el protagonista del descubrimiento arqueológico más fascinante de los tiempos modernos: la tumba y el tesoro de Tutankamón, en 1922.

Howard Carter escribiría sobre el descubrimiento de Tutankamón:

Finalmente he hecho un descubrimiento maravilloso en Valle, una tumba magnífica con sellos intactos… Al principio no vi nada; el aire caliente que salía de la cámara hacía parpadear la llama de la vela… luego una serie de figuras fueron tomando forma: extraños animales, estatuas… el destello de oro… permanecí mudo de asombro... Cuando Lord Carnarvon  (el mecenas que le financiaba) preguntó ansiosamente “¿Puede ver algo?” todo lo que pude decir fue: “Sí, cosas maravillosas ”.

Esta magnífica historia la descubrí hace mucho tiempo tras la lectura de uno de los mejores libros de arqueología “Dioses, Tumbas y Sabios” de C.W. Ceram,  que narra las aventuras de intrépidos arqueólogos empecinados en descubrir secretos de civilizaciones desaparecidas. El apartado dedicado a Carter y Tutankamón se lee como una novela, es fascinante. Aquí tenéis un enlace al libro en Amazon.

Y sabemos que la de Tutankamón es una de las tumbas más pequeñas de la necrópolis tebana, pero es la más famosa por los descubrimientos realizados, que pueden contemplarse y disfrutarse en toda su amplitud en el Museo Egipcio de El Cairo. Todos los intentos de pillaje en la Antigüedad fracasaron estrepitosamente; los escombros de la excavación vecina de Ramsés VI taponaron la entrada a la tumba, permaneciendo excepcionalmente oculta para los profanadores durante siglos. Los inmensos tesoros de la tumba de Tutankamón convirtieron a este modesto faraón en un fenómeno mundial.

Una creencia errónea, convertida en “La maldición de Tutankamón” sugería que todos los miembros del equipo de excavadores de la tumba murieron de forma misteriosa poco después del hallazgo. No es cierto.  En 1932 diez años después de la apertura, solo habían fallecido 6 personas de las 26 que estuvieron presentes. Y las 10 que vieron como el cuerpo fue desvendado estaban vivas a los 10 años. Lady Evelyn, hija de lord Carnarvon, que estuvo presente en todas las etapas del descubrimiento murió octogenaria, en 1980 y Howard Carter moriría de viejo en 1939. ¡No hay maldición alrededor de Tutankamón!

Si bien es cierto que el cuerpo del faraón fue sometido a un TAC (Tomografía axial computerizada) en 2005, apreciándose en el interior del cráneo dos esquirlas de hueso, lo que evidenciaría un golpe mortal asestado por la espalda al joven faraón. Y es que su reinado coincidió con una etapa crítica para el futuro de Egipto. Pues exactamente fue allí en Egipto, hace 3.500 años, cuando Akenatón, el faraón esposo de Nefertiti  y padre de Tutankamón desplazó a 2000 deidades egipcias (como Osiris y Amón)  y declaró que el Sol era el único dios, dedicándole todo tipo de alabanzas que tenemos escritas. “¡Oh, Dios único, inigualable!”. Este experimento monoteísta resultaría efímero; dado que a la muerte de Akenaton su hijo Tutankamón tomó la decisión de retornar al culto tradicional, a los dioses de toda la vida, tras sufrir una gran presión por parte del clero de Amón. En estas circunstancias un regicidio no resultaba en absoluto extraño. Sin embargo, el análisis del TAC realizado al faraón finalmente arrojó la conclusión de que los golpes en la parte posterior de la cabeza de Tutankamón fueron realizados post morten, con toda probabilidad durante el procedimiento de recuperación del cuerpo por parte de Carter, que no fue sencillo por encontrarse pegado al sarcófago interior. Conclusión: no hubo violencia ante morten.

El 3 de febrero de 1922 quedó por fin al descubierto el magnífico sarcófago de admirable artesanía tallado en un bloque macizo con 2,75 m de largo, 1,47 de ancho y 1,47 de alto con las diosas Isis, Neith, Neftis y Selkit talladas en altorrelieve sobre él. La solemnidad del momento podemos imaginarla: se desenterraba, con el mayor respeto, a un rey del Antiguo Egipto que vivió treinta y tres siglos antes de nuestra era. Dentro del sarcófago se encontró la esfinge de oro del joven rey y diversos féretros antropomorfos (unos dentro de otros) que contenían los restos mortales del faraón. Todo lo que precisaba Tutankamón para la vida en el Más Allá se encontraba en distintas salas anejas: Muebles, carros, vasijas, cofres, estatuas, alimentos, etc. En la máscara funeraria, sobre la frente estaban esculpidas Nejbet, el buitre y Bruto, la serpiente, símbolos de los dos reinos. En el mentón, la barba simbolizando a Osiris y un collar de oro y cerámica azul en el cuello. Su momia se encontró en el interior del tercer sarcófago, manos recubiertas de oro y cruzadas sobre el pecho, con un látigo y un báculo. Buena parte de todos estos tesoros se encuentran expuestos en el Museo Egipcio de El Cairo. Hoy en día, esta historia sigue formando parte de la fantasía y los sueños de muchos aficionados e investigadores sobre el Antiguo Egipto.

Alberto Bermejo

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