Ceaucescu y la impronta comunista en Rumanía

Amigos, en menos de un mes iniciamos nuestro viaje Oneira a Rumanía. Será en pequeño grupo,  una excelente forma de conocer este magnífico país europeo. Seré yo (Alberto) quien acompañe a los viajeros desde Alicante.  Hemos hecho algunos cambios en el itinerario para encajar del mejor modo los vuelos de ida y vuelta a Alicante. Si quieres acompañarnos, y quieres salir de Alicante, contacta con nosotros.  Los vuelos desde Madrid también están disponibles en distintos horarios. Con ganas de iniciar este periplo, os traigo la historia de Ceaucescu y un perfil de la Rumanía soviética, que mucho ha cambiado desde que cayó el Telón de Acero. También os dejo una reseña breve sobre el Parlamento de Bucarest que visitaremos ¡Nos vemos en los viajes!

Nicolae Ceaucescu (Scornicesti, 1918 – Bucarest 1989) hizo carrera política desde muy joven. Comenzó a tener protagonismo en las ilegales Juventudes Comunistas, sufriendo varios arrestos, y se casó con Elena Petrescu a quien conoció en la cárcel. Al finalizar la II Guerra Mundial, y al caer Rumanía bajo el yugo soviético, escaló en política comenzando como diputado raso en 1946, siendo en 1974 nombrado Presidente de la República de Rumanía. Ceaucescu se mantendría en el poder 25 años, controlando férreamente el país con puño de hierro.

De Nicolae Ceaucescu se llegó a decir que era un apasionado admirador del Drácula histórico y que llegó a hacerse transfundir sangre de lactantes para mantener su juventud. La dictadura comunista rumana fue de las más duras. Los partidos políticos estuvieron prohibidos (salvo el comunista). No había libertad de prensa: la tenencia de una máquina de escribir podía llevarte al cadalso. El lavado de cerebro de toda la población se ejecutaba desde la televisión y los medios de comunicación controlados por el poder, que abundaban en loas en torno al venerable líder.

Rumanía se consolidó como estado policial de corte estalinista bajo control de la Securitate, la policía política. Nicolae y Elena Ceaucescu (el “clan Ceaucescu) organizaron un estado corrupto abusando del nepotismo. La familia Ceaucescu monopolizó los cargos más importantes del país y acumularon una considerable fortuna. Sin embargo, Occidente no vio con malos ojos a Rumanía, porque Ceaucescu fue crítico con la línea oficial soviética y llegó a abandonar en los años 60 el Pacto de Varsovia.

En los años ochenta, intentando saldar una deuda externa desbocada, el dictador exportó los alimentos que producía el país condenando a su población a una pobreza extrema. Fue una época de racionamiento de alimentos, con colas de más de 2 horas para conseguir alimentos de primera necesidad. El pueblo sufría excepto los altos cargos del Partido.

Era un país de pesadilla: paranoia y miedo, teléfonos pinchados, estrictos toques de queda, persecuciones policiales y políticas, retenciones salariales, control de la natalidad (hubo una “policía menstrual” que localizaba signos de preñez entre las ciudadanas), aniquilación rural, etc. Se cuenta que la Securitate reclutó a una de cada 30 personas en la década de 1980, como chivatos del estado.

A finales de 1989 con la caída de los regímenes comunistas, el padre Laszlo Tokes condenó públicamente al dictador desde el púlpito de la iglesia de Timisoara. En una agitación sin precedentes, opositores y manifestantes se levantaron contra  los Ceaucescu. Fueron detenidos, juzgados sumariamente y fusilados el día de Navidad de 1989. En televisión se emitieron imágenes de apartamentos de lujo con codina de oro macizo, zapatos tachonados de diamentes y otros objetos de lujo exclusivos.

En nuestro viaje a Rumanía visitaremos en Bucarest el Palacio del Parlamento, que nos recordará parte de la historia soviética de Rumanía. Representa el proyecto más decidido del megalómano dictador; emblema de su obsesión por una Rumanía comunista poderosa. Es el segundo mayor edificio administrativo del mundo, siendo el Pentágono el primero. Sus dimensiones son colosales y se alza en una de las áreas más lujosas y modernas de la capital. Se comenzó a construir en 1984 y aún no se ha completado. Ocupa una superficie de 330000 m2 y cuenta con más de 3000 salas, con despachos, salones de recepción, comedores; un enorme vestíbulo, escaleras de mármol y enigmáticos subterráneos que conectan con un bunker antinuclear. Para su construcción se demolieron varios barrios de la colina y trabajaron más de 25000 personas.  Comenzó como Casa del Pueblo, al objeto de que Ceaucescu controlara a importantes funcionarios. A su muerte, se planteó la demolición del edificio, pero finalmente se tomó la decisión de albergar en ella la sede de las dos cámaras legislativas de la Rumanía moderna.

Pero la historia es tozuda. Los rumanos han sabido pasar página y quieren compartir su futuro con Europa. Actualmente miembro de la Unión Europea tiene un largo camino que recorrer para mejorar política y económicamente; y el país mantiene algunas desaveniencias con la Unión. Pero eso, es otra historia.

Alberto Bermejo | ONEIRA, un viaje a tus sueños

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