MADAGASCAR: Naturaleza en estado puro

 

Nuestra amiga viajera Susana Ávila comparte con nosotros su pasión por los viajes y  concretamente en este artículo su reciente visita a MADAGASCAR.
Susana Ávila es experta en el universo mitológico indio. Es periodista, colaboradora en diversos medios de comunicación y Miembro de la Federación Española de Periodistas y Escritores de turismo. Tiene en su haber la publicación de dos libros espléndidos sobre mitología hindú: "Mitología de la India. Mítica y Mística" y "Ecos de la India Leyendas Clásicas y Populares".  Publicados en Miraguano Ediciones.
Hoy nos traslada su visita a lo que ella califica como un rincón primigenio en un mundo globalizado, una rareza que hay que disfrutar en este siglo XXI.

Madagascar: Naturaleza en estado puro

Un rincón primigenio en un mundo globalizado es sin duda una rareza que hay que disfrutar antes que el siglo XXI lo engulla por completo.

Lamiendo la costa oriental de África a la altura de Mozambique se extiende la hermosa isla de Madagascar. Exótica por su fauna y flora, que alberga algunas especies que no existen en ningún otro lugar del planeta, instaladas en unos parajes fantásticos, con bosques tropicales, playas vírgenes de arenas finas y aguas esmeralda con sus arrecifes de coral.

A pesar de su cercanía al continente africano, hace millones de años Madagascar formaba parte del subcontinente indio y ello ha marcado su impronta en la conservación de especies únicas que no comparte con su vecina África.

El nombre de Madagascar le fue puesto por los portugueses, allá en el siglo XVI, pero se identifica con una isla-reino africana mencionada por Marco Polo a finales del siglo XIII. Parece ser que los primeros asentamientos humanos en la isla se remontan hacia el siglo IV y, pese a que le separaban de África apenas 500 km. y del mundo indonesio 5500 km., Madagascar fue colonizada antes por los asiáticos que por los africanos y los rasgos de su población les acerca más a Asia que a África, lo mismo que sus costumbres, vocabulario y cultura. Pero las primeras noticias con referencia histórica constatada no son anteriores a la llegada del portugués Diogo Dias en 1500 seguido por su paisano Fernan Soarez en 1506 que utilizaron sus costas como lugar de abastecimiento de agua y provisiones para sus barcos en la ruta hacia las Indias. En el siglo XIX fue colonizado por los franceses, que no lo tuvieron nada fácil al tener que enfrentarse con la cruel y despótica reina Ranavalona I (1782-1861) que ordenaba matanzas sistemáticas y torturaba a cuanto se ponía en su camino. A pesar de todo, la cultura francesa dejó huella en la isla y es identificable su urbanismo y algunos edificios, de hecho el segundo idioma que se habla en el país, tras el malgache autóctono, es el francés. En el siglo XX recobró su independencia como tantos países africanos que soltaron sus ligaduras de las potencias europeas.

Pero no. Madagascar no es un destino cultural en el que el arte y la historia tengan un apartado, es naturaleza en estado puro. Intentar abarcar toda la isla en un solo viaje es misión imposible, no solamente por su extensión ya que es la cuarta isla más grande del mundo tras Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo sino por la dificultad de los desplazamientos de un lugar a otro por carreteras inexistentes y vuelos de hélices con una regularidad absolutamente irregular.

Concentrémonos en la parte norte del país comenzando por la bahía que cautivó los marinos portugueses y que sirvió de refugio a piratas y bucaneros durante años, tanto es así que inspiró la legendaria capital pirata de Libertalia que Daniel Defoe –el del Robinson– situó en sus costas. Se trata de una inmensa bahía que cuenta con un enorme puerto natural junto al que se construyó la ciudad de Antsiranana, en el idioma local pero más conocida hoy como Diego Suárez, nombre híbrido en honor a los descubridores Diogo Dias y Fernan Soarez. Un reconocimiento bastante cuestionable puesto que lo primero que hicieron tras desembarcar fue asesinar a la mitad de la población y esclavizar al resto, pero en fin… es lo que hay.

Eso no es óbice para que el viajero que desee conocer la región y sus tesoros no la elija como su cuartel general. La plaza Foch es el epicentro de la ciudad de Diego Suárez, en sus inmediaciones está el ayuntamiento, la oficina de correos y la de turismo, y también una buena situación desde la que descubrir la mezcla de razas y culturas de las distintas étnicas que allí conviven: chinos, indios, árabes, coreanos, yemenitas, somalíes y europeos o tomar un divertido tuc-tuc amarillo que hace las funciones de taxi para dar una vuelta.

La bahía, que tiene 156 Km. de largo se delinea formando pequeñas bahías de naturaleza salvaje con luz propia. Lo primero que encontramos a la salida de la ciudad, en la cala Melville, es un islote volcánico que se eleva más de 100 m. sobre el nivel del mar totalmente cubierto de vegetación. Se llama Nosy Lonjo –nosysignifica isla en la lengua malgache– pero es conocido popularmente como el Pan de Azúcar, una increíble fuente de riqueza natural férreamente preservada al otorgarle un carácter sagrado, que le hace imposible de visitar, teniéndose que conformar con ver las increíbles puestas de sol que ofrece. Luego vienen las bahías, llamadas de las Dunas, de las Palomas y, la más alejada de la ciudad, Sakalava, generalmente conocidas en los libros de turismo como Las Tres Bahías. Playas salvajes de arena dorada bañadas por un mar cálido de aguas transparentes. La mejor playa de la zona es la de Ramena, junto a la que se levanta un poblado de pescadores que acogen al viajero en sus chiringuitos donde es posible comer el pescado del día, pues el menú depende de lo que se haya capturado esa mañana. También ellos pueden llevar al viajero a conocer el Mar Esmeralda, un mar interior poco profundo y sorprendente que invita al baño y también al buceo.

En el interior, sin abandonar todavía la región, encontramos la biodiversidad de los Parques Naturales. El llamado “Montagne d'Ambre” (Montaña de Ámbar, en español) abarca una importante porción de selva tropical que alberga una rica fauna entre la que se contabilizan siete especies de lémures, 75 especies de aves y 59 de reptiles. No hay ámbar, no, pero el nombre proviene de una especie de flores que cubren la montaña y se avistan desde lejos dándole ese aspecto ambarino. Cruce de veredas y caminos que nos llevan hasta importantes cascadas que ofrecen frescor y riegan el paraíso tropical.

Otro parque nacional imprescindible pero de naturaleza muy diferente es el Tsingy Rojo. La palabra tsingysignifica “bosque de piedra” y este entorno está compuesto por formaciones cársticas de agujas calcáreas, lomas ondulantes y afilados picos. El proceso geológico que ha llevado a este paisaje es la erosión en la que aguas subterráneas han socavado las tierras más elevadas creando cavernas y fisuras en piedra. Las aristas de estas formaciones son tremendamente cortantes y componen un panorama verdaderamente singular.

Muchas son las especies autóctonas de Madagascar que la convierten en uno de los reservorios más exclusivos del planeta, como consecuencia de la historia geológica de la isla, emparentada con el subcontinente indio más que con su vecina África, pero con un alto nivel de originalidad debido a la evolución experimentada en millones de años de aislamiento. Las estadísticas hablan de que el 98% de los mamíferos son endémicos, así como el 92% de los reptiles y el 40% de las aves. Y otro tanto puede decirse de la flora que estima unas 15.000 especies que se encuentran exclusivamente en la isla. Pero si hay dos emblemas característicos –que no figuran en su bandera pero que podrían hacerlo con toda legitimidad– son los baobabs y los lémures.

Los baobabs han sido reverenciados por los pueblos nativos desde hace miles de años, pero gracias a obras de la literatura como El Principito, se han convertido en íconos de una cultura. Como árbol –todo hay que reconocerlo– no son muy agraciados, con sus gruesos troncos adaptados para almacenar agua y sus escasas ramas en el extremo superior que pueden alcanzar desde 10 hasta más de 20 metros de altura. Pero, precisamente por eso, sus enormes proporciones y su longevidad les convierten en uno de los vegetales más asombrosos del mundo.

Los hay en el norte de la isla, sí, pero es cerca de la localidad de Morondava, en la costa oeste, donde se encuentra la gran avenida de los baobabs desplegando toda su majestuosidad; un grupo compuesto por unos 25 árboles de la especie Adansonia grandidieri con más de 30 metros de altura y una edad que sobrepasa los 800 años.

Los lémures se encuentran en todo el país aunque existen más de cien especies diferentes distribuidas entre los distintos hábitats. Se trata de uno de los primates más pequeños, simpáticos y sociables si no se les ataca, que desdicen el significado de su nombre pues lémur se refería a los espíritus malignos en la antigua Roma. Es característica su larga cola que les permiten mantener el equilibrio pues pasan su vida entre los árboles. Es fácil verlos en los parques naturales saltando de rama en rama salvo en las épocas de celo que están más cautelosos. Un apunte para las feministas, son los lémures hembras quienes llevan la voz cantante en la manada.

Aunque visualizamos Madagascar como la isla grande, hay una multitud de islas e islotes que también pertenecen al país y, sin alejarnos de la zona norte de la que estamos hablando, hay que mencionar la isla de Nosy Be, un enclave estupendo para la práctica de deportes náuticos como la pesca, el buceo, el snorkel o simplemente navegar hacia algún otro islote cercano… o no tan cercano, pues me viene a la memoria el mismo Nosy Iranja, a un par de horas de Nosy Be, compuesto por dos islotes unidos por un istmo de arena dorada que desaparece con la subida de la marea. La leyenda dice que se trataba de una pareja de enamorados y la divinidad de turno quiso poseer a la chica por lo que les separó, pero la Luna se compadeció de ellos y les dejó permanecer unidos por aquella lengua de tierra, durante unas horas, mientras dura la bajamar.

Leyendas, sí. No podía ser de otra manera en un país de leyenda.

 

Susana Ávila

Miembro de la Federación Española de Periodistas y Escritores de turismo FEPET


Comer con encanto en Vietnam

Nuestra amiga viajera Susana Ávila comparte con nosotros su pasión por los viajes y su gastronomía en este artículo. Susana Ávila es experta en el
universo mitológico indio. Es periodista, colaboradora en diversos medios de comunicación y Miembro de la Federación Española de Periodistas y Escritores de turismo. Tiene en su haber la publicación de dos libros espléndidos sobre mitología hindú: "Mitología de la India. Mítica y Mística" y "Ecos de la India Leyendas Clásicas y Populares".  Publicados en Miraguano Ediciones. Hoy nos traslada al universo gastronómico vietnamita, país que conoce muy bien. Toda vez que nuestra previsión es viajar con Oneira club de viajeros  en octubre 2022 a Vietnam será una magnífica oportunidad para conocer sus impresiones gastronómicas.

 

Comer con encanto en Vietnam

Dicen que para gustos, los colores, pero es una opinión bastante generalizada que la comida vietnamita es una de la mejores, si no la mejor, del sudeste asiático. Un país tan fértil, con cerca de 3.500 Km. de costa, proporciona una abundante materia prima con la que elaborar sus platos.

Se emplean muchos vegetales, hierbas y especias, pero son las salsas las que le dan un toque peculiar, como la salsa de pescado, la de soja y la hoisin, compuesta básicamente por agua, azúcar, soja, vinagre destilado, arroz, sal, harina de trigo, ajo y chiles que le dan un sabor suavemente agridulce y que no puede faltar en ninguna mesa.

Un viaje por Vietnam lleva desde Hanoi a Saigón o viceversa con una parada en la región central para visitar dos lugares emblemáticos: las ciudades de Hoi Am y Hue. Desde esta página proponemos elegir cuatro restaurantes con encanto, uno en cada ciudad.

SAIGÓN (hoy Ho-Chi-Minh)

En Saigón el lugar elegido es el Temple Club (29-31 Tôn Thất Thiệp, Bến Nghé, Quận 1, Hồ Chí Minh) si se encuentra la entrada. Está situado en la primera planta de un céntrico edificio colonial al que se accede por un angosto corredor iluminado por lamparillas sobre figuras de elefantes que no anticipan lo que encierra su interior y que fácilmente pasa desapercibido salvo que se acuda con certeza y determinación. Su decoración y su ambiente, porque es algo que va más allá de su mobiliario, evocan aires de un nostálgico pasado retratado magníficamente por Graham Greene.

Dos amplios comedores decorados con una cuidada estética, que concluyen en dos miradores, son las salas principales, pero además hay un cómodo salón donde tomar un aperitivo, quizá una copa posterior o prolongar una perfecta sobremesa que lo convierte en uno de los locales más románticos de la vieja Saigón.

El buen gusto y los ecos del pasado no dejan que pase desapercibida una excelente comida de platos vietnamitas con guiños a la cocina china y francesa, las dos grandes influencias culturales de la ciudad.

HộI AN

La cocina del centro del país ha sido influenciada por la colonización de diferentes culturas, eso la convierte en la más variada y colorista, dándole sabores únicos gracias a la profusa utilización de especias.

La ciudad de Hoi An tiene encanto por sí misma. Hoy es una pequeña ciudad costera, pero históricamente fue un importante puerto que recibía mercancías de todo el mundo y a cuyo amparo se asentaron mercaderes procedentes de China, la India, Japón… ello se refleja en su trazado, su arquitectura perfectamente conservada y el sincretismo de sus templos. Aquí seleccionamos el Cargo Club Café & Restaurant (107-109 Nguyen Thai Hoc Street, Hoi An 560000), situado en un edificio singular a orillas del río Thu Bon donde palpita el alma y vida de la ciudad. Tiene dos entradas, una desde el río y otra en la calle posterior. Su terraza, iluminada con farolillos como es característico en esta ciudad es una atalaya desde la que ver pasar la vida. Dispone de una cuidada carta de platos vietnamitas como el pollo en olla de barro con jengibre o el pato braseado, cocinado con jugo de coco y servido sobre un lecho de noodles crujientes. También es posible tomar productos más internacionales como pizzas o hamburguesas de excelente calidad aunque sus presentaciones no sean tan elaboradas como la de los platos autóctonos. Hay que destacar la cuidada selección de postres que puede ofrecer.

HUE

Hué, la antigua capital de Vietnam, sede de los emperadores de la dinastía Nguyen, es una ciudad regia, y el lugar que proponemos está a la altura. El Anciane Hue Restaurant (104/47 Kim Long Street, Hue, VietNam).

Se trata de un restaurante que ocupa la finca Phu Mong, cerca de la pagoda Linh Mu, en la zona de la Ciudadela imperial, algo lejos del centro turístico de la ciudad que se agolpa en la otra orilla del río Perfume, pero el desplazamiento merece la pena. El recinto total cubre un área de 3000 metros cuadrados en el que se levantan cinco casas, jardines, lagos, puentes, terrazas que permiten recrear distintos ambientes.

Conviene llegar con luz del día para poder ver el atardecer y disfrutar del paraje antes de zambullirse en su gastronomía.

El restaurante fue inaugurado en 2007, pero el complejo fue edificado en el siglo XIX y principios del XX. Varios son los salones de que dispone repartidos entre los diversos edificios, decorados con sumo gusto, desde comedores íntimos para una cena romántica, hasta el Golden Dragon, una sala para banquetes; el Jade Lake diseñado especialmente para las cenas de negocios, el Royal Garden e incluso el Family House destinado a celebraciones familiares en un confortable ambiente hogareño.

La cocina es de alto nivel y fusiona la cocina moderna con la antigua cocina imperial vietnamita. Pero si se dice que se come también por los ojos, este es el lugar, dada la presentación personalizada de cada plato en el que además del bien elaborado alimento principal la presentación es un espectáculo. Un plato a base de pollo o pato puede muy bien estar decorado con dos aves levantando el vuelo, o un plato de pescado lleva prendido un pececillo o si se trata de una comida vegetariana incluye un artístico tiesto hecho de hortalizas, todo ello comestible, aunque de pena estropear esa obra de arte. Anciane Hue es un lugar acogedor, muy bien ambientado, lleno de detalles. En diciembre de 2018 ha cerrado sus puertas para hacer algunas reformas. Esperemos que ello no afecte a su encanto.

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HANOI

Ya en el norte nos encontramos con una comida que tiende a ser más simple en sus preparaciones en comparación con la cocina de la parte central o del sur.

Para Hanoi proponemos un restaurante diferente a lo que llevamos viendo, donde el encanto estriba en la elección, en la variedad, sin descuidar el marco. El Khai's Brothers Restaurant (26 Phố Nguyễn Thái Học, Điện Bàn, Ba Đình, Hà Nội,) se sitúa en un antiguo templo budista rehabilitado y ofrece una amplísima selección de comida vietnamita con toques de la china y japonesa sin por ello perder su sello de identidad. Conforme se rebasa la puerta ya se ha de hacer la primera elección: el salón interior con sus arcadas y los mostradores de postres que ya hacen la boca agua o el gran patio, cubierto por sombrillas si el tiempo lo requiere.

Al fondo del patio se alinea el buffet donde vamos a encontrar que están preparando algunos de los platos a la vista del público. Platos hechos en barbacoa, tanto de carnes como de pescados y mariscos, frituras, como la típica comida popular vietnamita que preparan dos muchachas como si se tratara de un puestecillo callejero pero con toda la calidad que respalda al local.

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Original, selecto, con la posibilidad de probar muchas y variadas preparaciones en una sola comida, sin preocuparnos de haber hecho correcta la selección de un plato de la carta. Para terminar, el mostrador de postres, en el salón interior, resulta un magnífico colofón a la comida.

En este recorrido nos hemos propuesto lanzar unas sugerencias donde además de comer bien, con una buena relación de calidad/precio, se puede disfrutar de la Indochina que palpita en el ideario colectivo y que conocemos por novelas y películas.

Susana Ávila

Miembro de la Federación Española de Periodistas y Escritores de turismo FEPET