Nápoles y Costa Amalfitana. Un PERIPLO de 1000 palabras.

Vedi Napoli e Poi Muori ( ver Nápoles, después morir) Goethe, en su libro "Viaje a Italia de 1787", lo escribió, al parecer tras visitar Pompeya. Y quizás no le faltara razón.  A finales del siglo XVIII Italia era la Meca de cualquier persona culta de la época. Pasión y obligación de todo diletante. En enero de 2019 unos cuantos  amigos de Oneira club de viajeros nos embarcamos en un viaje express a Nápoles y Costa Amalfitana.

 

Nos asomamos antes por la Ciudad Eterna. Como todos sabemos, somos romanos; sin lugar a dudas ¿Quién no se siente bien en tierras romanas? Decidí que debíamos conocer una Roma menos habitual, alejada de las colas y los turistas más convencionales. El lugar de Roma que más me sedujo fue la actual Basílica de San Clemente, una matrioshka de templos sucesivos. Con sus frescos y mosaicos medievales, podemos imaginar una iglesia anterior, que fuera también iglesia mucho más antigua del s. IV. Y si nos seguimos remontando en el tiempo descubriremos aquí mismo un templo pagano dedicado a Mitra.  En los sótanos de la Basílica encontramos el que pudo ser el primer templo dedicado a los misterios de esta divinidad, Mitra (mitreo),  que pude ver desde el enrejado, con un fascinante altar con relieve representando a la divinidad sacrificando un toro (Mitra Tauróctonos) apenas visible. Un mitreo precioso, en semioscuridad.  De no ser por la adhesión del emperador Constantino al Cristianismo probablemente llevaríamos ahora estampitas de Mitra en el bolsillo en lugar de vírgenes o santos.

 

Nápoles es la ciudad protagonista de nuestra pequeña y onérica historia viajera.  Nápoles destila sabor español por sus calles; el apellido Borbón resuena con fuerza dado que durante el reinado de Carlos III de España, también rey de Nápoles, dejó su impronta hispana en esta sorprendente ciudad. Nápoles también fue amada por Stendhal, como dejó dicho en su libro “Roma, Nápoles y Florencia” de 1817.  La comparó con París y afirmó que era la ciudad más bella del universo.  Y de todo lo bello que vieron mis ojos me quedo con el Cristo Velado de la Capilla Sansevero, recostado delicadamente sobre su túmulo funerario y esculpido en 1753. De tamaño natural, escultura increíblemente bella; una joya arquitectónica del arte mundial que no debéis dejar de ver si visitáis Nápoles. Muestra un Cristo yacente cubierto de un finísimo velo, un sudario casi transparente. La rigidez de la figura  se quiebra con el rostro etéreo vuelto a la derecha. Cincelado en mármol en un único bloque de piedra, obra del creador Gioseppe Sanmartino. Nuestro guía Eugenio nos remitió a historias esotéricas y conspiranoicas, hablándonos de magia y del enigmático Raimundo Di Sangro. Situando la Capilla de Sansevero a medio camino entre Jerusalén y Santiago de Compostela y entre las Pirámides de Giza (que pronto visitaremos) y el monumento megalítico de Stonehenge. Ahí es nada.

 

 

Al día siguiente continuamos aventura por las curvas más sensuales del mundo, fotografiándolas a placer. Las de La Costa Amalfitana.  De todas las poblaciones costeras, quedé prendado de Ravello, levantado en lo alto de una montaña a 365 m de altitud, asomado a la costa; con un casco antiguo de casitas de colores. Un mirador excelente de la Costa Amalfitana. Refugio de grandes artistas. Ravello, aún parece revivir los años 50 de la “dolce vita”, con Bogart, Garbo, Sofía Loren y tantos otros artistas disfrutando su particular “dolce far niente”.

Continuábamos nuestro particular periplo por La Campania. Y nos esperaba Paestum. Ciudad conocida inicialmente como Posidonia, nombre otorgado por sus fundadores, los griegos de Síbaris. Recordemos que en muchos rincones de la antigua Roma se hablaba griego, no sólo latín. Paestum, fue uno de ellos. Un pedazo de Grecia enclavado en Italia, aunque con restos de ambas civilizaciones, griega y romana. No en vano los romanos, algo envidiosos, siempre quisieron parecerse a los griegos. Impresionan los templos que se levantan orgullosos en una planicie de ruinas dispersas, destacando los de Hera, Apolo y Atenea. Ver este lugar sin las hordas de turistas estivales es un verdadero placer. Querría señalar lo que me produjo más emoción en esta visita. El Museo Arqueológico anexo al yacimiento. Fue una delicia para mí revisar las distintas figuras de cerámica y los frescos maravillosos que se encuentran allí expuestos. El que más llamó mi atención fue la Tumba del nadador-saltador, metáfora del paso de la vida a la muerte de un joven. Me fascina esta grácil figura. Se cumplen 50 años de su descubrimiento y hay una historia bonita detrás, aunque algo trágica. Una familia aristócrata local, en el s. V a. de C., recibe el cadáver de su hijo muerto en la guerra de Sibaris. La madre cubre los ojos de su hijo con las primeras rosas de Poseidonia (Paestum, nombre actual), de las que Virgilio glosaba su magnífico perfume y su doble floración. El padre encargó la sepultura más rica, buscando los mejores pintores, capaces de dibujar las escenas más conmovedoras. La sepultura, la tumba, es un lugar sagrado. Sobre todo para los iniciados en los misterios órficos: el lugar de la transmutación de la muerte a la resurrección según la creencia antigua. El resultado es la figura del personaje que se zambulle en el agua, que decoró la sepultura de su hijo. Turbador.

Extraordinaria la visita a Pompeya, una ciudad romana inmóvil en el tiempo, sepultada por las cenizas del Vesubio, recordándonos la implacable fuerza de la madre naturaleza; conservando así magníficamente la configuración urbana de sus calles, las casas, los frescos, los espacios públicos; inmortalizando a sus habitantes en las posturas más trágicas. Una anécdota. Nuestros guías hacen una broma cuando los turistas visitan el lupanar en temporada alta: “siempre hay colas en el lupanar aunque lleve dos mil años cerrado, sin actividad…”.

No os lo he dicho, pero este fue nuestro primer viaje Oneira. Fue un viaje muy especial para mí y ha sido genial compartirlo con vosotros.

¡Hasta el próximo viaje amigos!

Alberto Bermejo

ONEIRA club de viajeros

www.oneira.es

info@oneira.es


Cuaderno de bitácora: Viaje a Nápoles y Costa Amalfitana Enero 2019

Os hacemos un resumen de lo que aconteció en Nuestro viaje ONEIRA a Nápoles y Costa Amalfitana enero 2019, primer viaje del nuevo proyecto ONEIRA club de viajeros. Al frente de los dos grupos el equipo de MÁS QUE UN PLAN Agencia de Viajes, con David y Gloria y yo mismo, Alberto Bermejo por ONEIRA club de viajeros.

25/01/19. Iniciamos nuestra aventura en la Ciudad Eterna. Apostamos por conocer una Roma menos habitual, la más desconocida.  El tiempo, aunque frío nos respetó. La fascinación del lugar que pisábamos hacía que nos olvidásemos del frío; además, íbamos bien abrigados. A cambio gozábamos visitando Roma sin turistas. En Roma  paseamos el viernes descubriendo la belleza del Barrio Judío y el Trastévere. Hemos conocido estos lugares con Marita y Deborah, las guías que acompañaron a nuestros grupos en la Ciudad Eterna. El ghetto judío de Roma, cargado de dolor y orgullo, con su epicentro: la Sinagoga de 1900. Y una fotografiadísima Fuente de las Tortugas, en una plaza con aire clasicista, despliega sus encantos. Desde este lugar desplazaron a miles de judíos que fueron asesinados en Auschwitz. Hoy en día es un barrio encantador  para pasear, cenar o tomar una copa. La Piazza Santa María in Trastévere está muy cerca de aquí con una bella y pintoresca fuente medieval en el centro. Su aire bohemio queda compensado por la imponente Iglesia de Santa María. Dentro San Antonio se muestra presto a conceder todos los deseos: nosotros le pedimos al Santo que en Nápoles no nos fuera a llover... Enfrente de la iglesia degusté mi primer capuchino del viaje, ¡el más caro que he pagado nunca! Pero ciertamente bien rico. Yo cerré este día cenando con mis amigos del Grupo de Cata Mediterráneo Fita, Julia, Rafa, Asun y Aurelio. Localizamos la Taverna Dei Contrari en las proximidades de nuestro hotel Mercure Delta Colosseo, un recomendable y céntrico 4**** , toma nota si vienes a Roma. La decoración de vinos en las paredes llamó nuestra atención. Además de dar cuenta de buenos platos italianos acertamos con los vinos: un proseco Omina Romana Bellone 2015 salino y frutal, y un tinto (ojo que algunos italianos serían tildados de claretes en España) Prunotto Ochetti Nebbiolo 2016 aceptable con aromas de barrica vieja y notas especiadas, ¡acierto de pleno con estos vinos!

26/1/19. Seguimos en Roma. Quedaos vosotros el Vaticano. A mí dejadme la Basílica San Clemente. Sus frescos  y mosaicos medievales la convierten en un templo romano extraordinario, en el mismo lugar donde se localizaron anteriormente otras iglesias y templos más antiguos. El que vemos se levantó en el s. XII sobre una iglesia del s. IV, la cual fue edificada sobre una casa romana del s. I unida a un evocador templo pagano dedicado a la figura de Mitra. Un altar con relieve representa a la divinidad sacrificando un toro. El mitraismo fue una religión extendida por la Roma Imperial que perduró hasta la era cristiana. En el subsuelo te topas con un pedazo de Roma. Caminar por estos subterráneos produce auténtica apnea, aunque estés boquiabierto. Pasadizos, rincones olvidados de Roma, domus y alguna casa más humilde, oratorios, frescos antiquísimos... escuchamos el manantial que regaba el fondo del Coliseo de Roma, cuando en lugar de gladiadores preparaban batallas navales imperiales.

Nuestra siguiente visita fueron las Casas Romanas del Monte Celio, bajo la Basílica de los Santos Juan y Pablo. Datan del s. II de nuestra era. Los frescos que decoran la domus real muestran diferentes escenas, a destacar el Aula Orante y La Confesión. Al parecer estas Casas Romanas fueron utilizadas por los apóstoles en su paso por Roma. Nuevamente, la impresión que nos producen estos rincones es fascinante.

Tras estas visitas nos trasladamos en autobús a Nápoles, capital de la región de la Campania,  por la tarde, para realizar una visita panorámica a nuestra llegada e iniciar algunas visitas importantes. Su magnífico Centro Histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995. Por cierto, nuestro hotel en Nápoles fue el  Starhotel Terminus, fantástico 4****; pero pedid las habitaciones que den afuera (en invierno) ya que las que dan al patio son calurosas. En Nápoles se respira el pasado español en sus calles y como no, el apellido Borbón resuena con fuerza dado que durante el reinado de Carlos III de España, también rey de Nápoles, dejó nuestra impronta en esta sorprendente ciudad.

Decidimos comenzar la visita a la ciudad conociendo una obra maestra escultórica. el Cristo velado de la Capilla Sansevero en Nápoles, recostado delicadamente sobre un túmulo funerario, esculpido en 1.753. Se trata de una escultura a tamaño natural increíblemente bella, una joya arquitectónica del Arte mundial, que muestra a un Cristo yacente, pero cubierto de un velo finísimo, un sudario que se muestra casi transparente. La rigidez de la figura se rompe con un rostro grácil que vira a la derecha. Está cincelado en mármol, en un único bloque de piedra, como así ha quedado atestiguado por los investigadores. Es obra del artista napolitano Giuseppe Sanmartino un fructífero creador, considerado una de las personalidades artísticas italianas. La obra se conserva en la Capilla Sansevero, en Nápoles, junto al palacio de Sangro. El origen de la Capilla Sansevero está relacionado con un acontecimiento milagroso: el derrumbamiento de la fachada en el s. XVI que descubrió una pintura mural muy antigua de la Pietà. De ahí la consagración del templo a Santa María de la Piedad, aunque otras teorías más conspiranoicas cuentan otros aconteceres. Por cierto, nuestro guía Eugenio nos contó muchas historias esotéricas relacionadas con este lugar y con las creaciones de Giuseppe Sanmartino así como las aficiones de Raimundo Di Sangro. Si queréis conocer más os invitamos a leer un artículo que publiqué en este mismo blog hace unas semanas, os dejo el enlace: https://oneira.es/el-cristo-velado-de-la-capilla-sansevero-en-napoles/  Sí que podemos añadir, que no indiqué entonces, que al parecer la Capilla Sansevero se encuentra sita en un punto “geomántico” (según indicación de nuestro guía Eugenio) o “de poder” situado exactamente entre el monumento megalítico de Stonehenge y las Pirámides de Giza, y también en un punto intermedio entre Jerusalén y Santiago de Compostela. Yo no he hecho los cálculos, pero ahí tenéis los datos pos si tenéis tiempo de hacer números. En cualquier caso, la visita fue de lo más curiosa y si venís a Nápoles tenéis que conocer el lugar.

27/1/19 Visitamos el Barrio de la Sanitá. Deseaba especialmente  conocer este barrio, el Nápoles más auténtico: un revoltijo de viviendas (algunas destartaladas), escaleras barrocas, tradiciones ancestrales y animación callejera.  Un gran número de artistas y bohemios se están trasladando a este barrio. Además de recorrerlo y realizar interesantes fotografías visitamos el Cementerio de Fontanelle, que se aperturó tras la peste de 1656, con más de 8 millones de calaveras y huesos humanos. Lo cierto es que impresiona. Las fotos no tienen desperdicio.

Por seguir con una mañana un tanto tenebrosa visitamos las Catacumbas de San Gaudioso, que están bajo la Basílica de Santa María della Sanitá. Las catacumbas, paleocristianas, datan del s. V de nuestra era y aún son visibles algunos frescos de la época retratando a los cuatro evangelistas. Algunos otros frescos del s. XVII también se han añadido. No os quiero dar la cena con detalles, pero os podéis imaginar que en la parte más baja de las catacumbas hay un “pudridero” donde los cadáveres se sometían a un proceso de desecación colgando de la cabeza y tras varios meses, con el cuerpo amojamado se enterraba en la parte superior y la calavera se pegaba a una pared sobre un fresco que lo representaba.

Por la tarde nos trasladamos a Caserta y tras dar cuenta de un buen almuerzo  nos desplazamos al Palacio Real de Caserta, levantado por Carlos III de Borbón (el que fuera “Mejor Alcalde de Madrid”) en el s. XVIII. Como sabéis la historia de Nápoles corre paralela a la española durante muchos años. Carlos III dejó Nápoles para trasladarse a España, donde entró triunfalmente en la capital en 1760. Este palacio estuvo inspirado en el Palacio de Versalles y en el Palacio del Escorial y es impresionante desde todos los puntos de vista, desde sus dimensiones, sus calidades, el número de escaleras y habitaciones y sus cinco pisos. Lo que más enamoró a nuestros dos grupos fue el belén napolitano de la época de Carlos III que se muestra al final de la visita. Fascinante. Cada figura, cada rostro, sus expresiones... Nos parece que para cada rostro  los artistas utilizaron modelos reales, pues todas son diferentes y expresivas. Grandísimo trabajo. Y es que la tradición belenista de Nápoles es digna de conocer. Las composiciones de belenes en esta ciudad se remontan al siglo XVII y se han convertido en piezas de arte para coleccionistas. Y como no podría ser de otro modo fue Carlos III quien promovió el interés por los belenes en Nápoles. A raíz de esta visita comentamos algunos viajeros la tradición belenista también muy propia de ciudades españolas, como Murcia, donde destaca el Belén de Salzillo y atención, un Belén Napolitano que recomendamos visitar.

28/1/19 Nos fuimos a visitar la Costa Amalfitana declarada en su conjunto Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997,  la visita que da nombre parcial a nuestro viaje, así que nos detendremos en este rincón suficientemente.  Sus curvas son las más sensuales del mundo. Acantilados donde  pueblos  y paisajes  se  funden en  un  abrazo sin fin.  En  Positano, Amalfi  y  Ravello entramos  en otra  dimensión de  belleza;  esa que  no  solo acompaña durante el viaje, sino que te regala unos cuantos secretos del auténtico arte de vivir. Positano  es afamada  por  sus innumerables escaleras.  Los  afortunados que visitan  esta  ciudad vertical se encuentran con una imagen encantadora  llena  de casas  pintadas  de terracota, rosa  y  melocotón, esculpidas  en  la piedra  y  que siempre hacen  guardia  observando un  mar  de aguas azul  esmeralda.

En Positano la iglesia  más  importante está  dedicada a  su  patrona, Santa  María  de  la Asunción. Destaca por su decoración mayólica con colores amarillo  y verde,  recordando  los matices del  sol y  la vegetación.  La leyenda  cuenta  que los monjes benedictinos viajaron al pueblo  y transportaron  consigo la  imagen  de  la  Virgen Negra con  el  niño en  su  vientre y  que  al llegar  a Positano,  fue imposible  para  los marineros continuar  su  viaje ya  que  el barco  no  se movía,  a pesar  de que  el  mar  estaba  en reposo y  cristalino. En  un inútil  intento  de continuar  su  camino, los marineros  escucharon  una voz  que  decía “pose pose”  cuya  traducción se  refiere  a posarse  o detenerse  y de  ahí  viene el  nombre  de la  ciudad Positano.  En el  interior  de la  catedral  se encuentra el  santuario  de  San  Vito. También  dentro  hay una figura  de  madera de  la  Virgen con  el  Niño. Muy cerca de allí está el campanario, con un  bajorrelieve medieval  en  el centro  representando un  monstruo marino  formado  por un  zorro  y  un pez.  Sus playas  más  importantes son  la  Spiaggia Grande y  la playa  de  Fornillo. Muy  cerca  de allí  se construyeron  las Torres  Sarracenas  que fueron erigidas  en  la Edad  Media  y permitieron  a  los positanos defenderse  de  los ataques  de  los temidos sarracenos.

Amalfi se fundó, según la tradición, como tributo de amor de Hércules, hijo de Zeus, hacia su enamorada. Amalfi era su nombre y tenía los ojos azules y hermosos. A la muerte de Amalfi, Hércules decidió enterrarla en el lugar más hermoso de la Tierra, un lugar especial donde las aguas estuvieran en contacto con ella. A partir de este momento, se dice que Hércules protege con todo su amor a la ciudad. De nuevo vemos acantilados, pequeñas villas sobre el mar, palmeras y viñas que se asoman entre edificios. En la Piazza del Duomo después de una escalinata se alza refulgente la Catedral de Sant Andrea en Amalfi, de estilo árabe-normando y que nos recuerda ligeramente a la Catedral de Santa María del Fiore en Florencia. Además, los mosaicos embellecen su inusual fachada porticada. Fue construida en el siglo IX y modificada en múltiples ocasiones destacando el estilo árabe-normando. También pasamos cerca de los importantes astilleros navales de Amalfi.
Continuamos con nuestro bus sorteando no pocos vehículos que competían con nosotros por un centímetro de carretera. Nos esperaba Ravello en altura.

Ravello se encuentra en lo alto de una montaña a 365 metros de altitud, convirtiéndose en un excelente mirador de la Costa Amalfitana. Aclamada por numerosos artistas como la Casa delle Muse, aquí encontraron la inspiración para sus más sublimes obras de arte. Por eso mismo se percibe un aire artístico e intelectual. La Villa Rufolo, visita obligatoria en la ciudad, fue construida por Nicola Rufolo, un noble procedente de una familia que se dedicaba a la banca y al comercio. Se encuentra en el borde de un acantilado sobre la costa, destacando por sus increíbles vistas y la elegancia de sus jardines y edificios. Quedé anodadado de la belleza de las vistas desde este lugar privilegiado. El famoso compositor y director de orquesta Richard Wagner se inspiró en los jardines de la villa para la escenografía de su ópera Parsifal. La Catedral de Ravello también merece una visita.

Una digresión para comentar una bonita historia. Nuestro guía Eugenio Gegé nos contó en el viaje (entre curva y curva, por la Costa Amalfitana) su pasión por el ciclismo y concretamente por el ciclista asturiano José Manuel Fuente “El Tarangu”. De niño se aficionó al ciclismo al ver ganar a El Tarangú una etapa del Giro-74. En noviembre de 2003 Gegé se fue a Asturias a depositar sobre la tumba de Fuente un libro que rememora la gesta de El Tarangú, que escapó y lideró la etapa tras superar al mismísimo Merckx. En este momento se enamoró del ciclismo y en su viaje a Asturias para visitar la tumba de Fuente afirma que saldó la deuda que contrajo con el ciclista en 1974. También visitó su casa natal. Os dejamos con la historia completa de nuestro guía en Asturias, en este enlace: http://www.jmfuente.es/prensa17.php

29/01/19 Paestum. La ciudad fue  inicialmente conocida como Posidonia cuyo nombre  fue otorgado por sus fundadores, los griegos de  Síbaris, siglo VI antes de Cristo. Todos pensamos que en Itálica el latín era el lenguaje de uso común. Pues lo cierto es que en muchos puntos de Roma se hablaba griego. Y Paestum era uno de ellos. Paestum es un trozo de Grecia enclavado en Italia. Con el devenir de los siglos acabó siendo una provincia romana. De forma que es inevitable encontrar restos de ambas civilizaciones, en cualquier caso, muy unidas entre sí, pues no olvidemos que los romanos siempre quisieron parecerse a los griegos...

Impresionan los tres templos que se levantan orgullosos en una planicie de ruinas dispersas en lo que era la antigua ciudad, el dedicado a Hera, a Apolo y a Atenea. Los fotografiamos a placer.  La visita es cómoda y relajada, sobre todo en esta época, cuando las hordas de turistas no lo invaden. Nuestros dos guías para los dos grupos nos proporcionaron detalles interesantes de este lugar. Nuestro guía Eugenio Gegé está especialmente enamorado de este sitio, y lo coloca por encima de Pompeya e incluso de muchos recintos arqueológicos griegos del Mediterráneo, aunque comentado este punto con nuestro compañero de viaje Carlos García Gual (al que luego nos referiremos) afirma no estar de acuerdo, ya que a los templos de Paestum, siendo grandiosos, les falta la decoración (esculturas) que sí se presenta en otros monumentos de la Grecia antigua.

Artistas e intelectuales románticos del siglo XIX frecuentaron este lugar, por las complicaciones de trasladarse a Grecia. Hablamos de artistas de la altura de Goethe, Shelley, Piranesi. Quedaban fascinados por el espectáculo de Paestum y les sirvió como fuente de inspiración en sus trabajos.

El Museo Arqueológico anexo al yacimiento es imprescindible visitarlo. Una delicia revisar las distintas figuras de cerámica y los frescos maravillosos que se encuentran expuestos.  Destacables, las pinturas naturalistas de la “Tumba del nadador-saltador”, metáfora del paso de la vida a la muerte. Me encanta esta figura grácil. Se cumplen 50 años de su descubrimiento y hay una historia bonita detrás, bueno, algo trágica. Una familia aristócrata local, en el siglo V a. de C., vuelve muerto de la guerra de Síbaris. La madre cubre los ojos de su hijo con las primeras rosas de Poseidonia (Paestum, nombre actual), de las que Virgilio cantaba sobre su magnífico perfume y su doble floración. El padre encarga la sepultura más rica. Busca los mejores pintores, aquellos capaces de de crear las escenas más conmovedoras. La sepultura, la tumba, es un lugar sagrado. Sobre todo para los iniciados en los misterios órficos: el lugar de la transmutación de la muerte a la resurrección. El resultado es la figura del personaje que se zambulle en el agua, que decoró la sepultura de su hijo.

De vuelta a Nápoles hicimos parada en Salerno, la segunda ciudad más poblada de Campania, para conocer su espléndida Catedral. Iglesia románica con decoración árabe y normanda, que data del siglo XI. Está dedicada al Apostol San Mateo, patrón de la ciudad. La entrada a la Iglesia es fascinante, con una puerta medieval labrada en bronce, en una plaza de gran belleza. Lo más sorprendente es la cripta donde se cree que se encuentran los restos del apóstol y es una capilla de estilo barroco de gran hermosura. Antes de volver a tomar el autobús dimos una vuelta por el centro histórico, repleto de negocios, comercios y bares.

30/1/19  Pompeya y Herculano. Visitar Pompeya significa visitar una ciudad romana que quedó inmóvil en el tiempo durante sus últimos estertores hace 2000 años, sepultada por las cenizas del Vesubio, recordatorio de la implacable fuerza de la madre naturaleza. La erupción del Vesubio  de 79 d.C. hizo que la ciudad de Pompeya perdurara, permitiendo la conservación de su configuración urbana, de las calles, de las casas, de los frescos, de los espacios públicos, de las tiendas e incluso de sus habitantes inmortalizados en las posturas trágicas. Son impresionantes el Anfiteatro de Pompeya, el Templo de Apolo, la Casa del Fauno o el Lupanar de la Ciudad. Y podemos ver de todo, casas, frescos, figuras petrificadas, monumentos, esculturas... Poder visitar estas ruinas practicamente a solas es un enorme privilegio. Nuestros guías hacen una broma cuando visitan el lupanar en temporada: “siempre hay colas en el lupanar aunque lleve dos mil años cerrado, sin actividad...”. Hay colecciones muy importantes obtenidas de la excavación de Pompeya y Herculano en el Museo Arqueológico de Pompeya, por lo que es muy recomendable reservar un día para verlo con tranquilidad. Si eres amante de la historia y la arqueología busca un hueco para venir a conocer Pompeya.

Nuestro grupo continuó visita después de un buen almuerzo en Herculano, la otra gran villa salvajemente golpeada por la lava vesubiana y que contiene numerosos hallazgos arqueológicos, desde antiguos anuncios y elegantes mosaicos a muebles carbonizados y aterrorizados esqueletos. El foro es el centro neurálgico, como en Pompeya. Las termas suburbanas del s. I son de las mejores conservadas de la antigüedad. Hay interesantes localizaciones como el Gimnasio y la sede de los Sacerdotes Augustales: en definitiva, poco hemos cambiado, como hijos de romanos que somos. Importantes son los frescos y el arte decorativo que se encuentra a nuestro paso.

En Herculano se encontraron en el siglo XVIII unos papiros carbonizados en la llamada Villa de los papiros (de la familia de los pisones). En nuestro grupo de viajeros nos acompañó un eminente  profesor de griego que es toda una autoridad en relación con este descubrimiento, habiendo publicado artículos sobre el hallazgo y su investigación más reciente y habiendo comisariado algunas importantes exposiciones sobre el tema. Además es traductor de la Odisea y de muchas otras obras clásicas. Actualmente es miembro de la Real Academia Española de la Lengua (Letra “J” mayúscula). Hablamos de Carlos García Gual, hombre discreto donde los haya, de gran sabiduría. En el viaje me ofreció una breve entrevista que publicaremos en nuestro blog próximamente. Aquí tenéis algunos artículos de Carlos:  https://elpais.com/autor/carlos_garcia_gual/a  Su colaboración más reciente es en la revista de Historia de National Geographic número 180 con un artículo “La Villa de los Papiros,  La Biblioteca Oculta de Herculano” que recoge con detalle las magníficas obras de arte y la gran biblioteca que quedó sepultada en Herculano, con esos dos mil textos filosóficos carbonizados, la mayoría de autores epicúreos. Os invitamos a sumergiros en este fascinante hallazgo de la mano del propio Carlos para complementar la visita que hicimos in situ.

31.01.2019. Capri es  una  isla italiana  situada  en el  mar Tirreno, en el sur del golfo de Nápoles. Ya desde la antigua república romana  se  consideraba un lugar  de enorme belleza y de coyuntura viajera. Historiadores  como Virgilio o Estrabón hablaron de la presencia de una colonia griega  y  de dos  ciudades  gobernadas por habitantes  de  Neápolis. Posteriormente,  tanto Octavio  Augusto como  después  Tiberio eligieron Capri  para  retirarse, mandando  este  último construir  un palacio  en  el cual  murió  en el  año  37. Famosos y “muy” millonarios tienen alguna “choza” en la isla adónde se trasladan a menudo para su asueto y descanso. Si alguna vez te regalan alguna, no la rechaces. No vimos en nuestro paseo ninguna casa fea. Todos los apartamentos y chalets se despliegan en torno a los puertos de Capri y en zonas de interior como Anacapri, en la parte superior de la isla.

En Anacapri visitamos Villa San Michele con un pequeño museo y antigüedades digno de conocer y lo mejor, con vistas espectaculares de Capri desde los jardines. Comimos calamares fritos que gustaron muchísimo al grupo. No quiero ni imaginarme cómo estará esta isla en verano, repleta de turistas; mejor visitarla fuera de temporada. Hay varios puntos de interés en la isla. De los visitados merece la pena destacar los Jardines de Augusto desde los que obtienes una panorámica espléndida de los farallones de Capri que se levantan orgullosos en la escarpada costa. Los farallones son símbolos especiales de la  isla. Inmersos  en  el agua  azul  esmeralda, son  3 grandes  masas rocosas  pegados a la costa de  Capri, teniendo  la más  alta  109 metros  de  altura.

Decidimos desembarcar en Sorrento para tener oportunidad de conocer una nueva plaza costera. Dicen que en Sorrento se elabora el mejor limoncello; por todos sitios te venden todo tipo de productos elaborados a partir de limones cuya producción en la zona se ha recuperado gracias a este licor. Sorrento se asoma al mar desde un acantilado con vistas al Vesubio y a la Bahía de Nápoles. Es un pueblo que conserva la esencia de Costa Amalfitana con callejuelas y un centro histórico de lo más interesante.

Por la noche disfrutamos una cena de despedida en la que además de dar buena cuenta de especialidades napolitanas (¡quedamos para reventar!), nos divertimos con música y canciones napolitanas. Además nuestro amigo y viajero Pedro Morales, miembro del conjunto músico vocal CAMTARES, no se cortó un pelo y con los artistas del local cantó O SOLE MÍO magníficamente, para disfrute y gozo de todos los presentes.

Gracias amigos por habernos acompañado en esta pequeña aventura napolitana. ¡Hasta la próxima amigos viajeros!

Alberto Bermejo

ONEIRA club de viajeros

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Salerno, Paestum y Caserta: citas imprescindibles en nuestro viaje a Nápoles y Costa Amalfitana enero 2019

En enero de 2019 tenemos programado nuestro primer viaje con ONEIRA club de viajeros a Nápoles y Costa Amalfitana, donde recorreremos algunos de los puntos más importantes de la Campania italiana. Os proponemos un pequeño recorrido virtual por tres de los lugares que conoceremos con nuestro grupo.

Salerno es la segunda ciudad más poblada de Campania. Es célebre por la Escuela Médica Salernitana, que fue la primera y la más importante institución médica de la Europa medieval, siendo considerada la precursora de las universidades modernas. La belleza de sus litorales costeros y el encanto de su historia fascina y conquista a todos aquellos que pisan esta bella tierra. Sus verdes valles atravesados por las aguas del río Sarno, con los Montes Picentini y Lattari que vigilan y protegen el lugar, nos muestran una tierra acogedora de sabores y olores característicos, naturaleza y tradición y belleza y sencillez. El paseo Marítimo de Salerno, conocido como Lungomare Trieste, es una avenida que conecta el Porto Turístico y la Piazza della Concordia con el centro histórico. Es un paseo marítimo ajardinado con vistas a edificios neoclásicos a un lado y al otro al golfo de Salerno junto con el puerto. Cerca de allí y siguiendo la avenida hacia la Via Duomo se encuentra la Catedral de Il Duomo. Ésta es la más importante de la localidad en honor al apóstol San Mateo, patrón de la ciudad. Construida en el siglo XI y de arquitectura normanda, su fachada se mantiene en buenas condiciones. Está formada por una basílica, una cripta de tipo barroca y un pórtico por el cual se entra a la catedral. El centro histórico es el alma de la ciudad de Salerno. Su vía principal es una calle peatonal repleta de locales, puestos, restaurantes, y cafeterías los cuales en buena medida mantienen la arquitectura medieval y religiosa tradicional haciendo del paseo de los viajeros un bello momento de admiración y placer. En Salerno también hay increíbles jardines como el de la Villa Comunale, en pleno centro de la ciudad. Se construyó alrededor de la Fontana di Don Tullio, de estilo barroco, que se utilizaba para apaciguar la sed de aquellos viajeros que llegaban al lugar por mar y tierra. El famoso Palacio de San Agostino se sitúa junto a la vía Roma, en el centro histórico de la ciudad. Fue originalmente un claustro dedicado a San Agostino, pero con el paso del tiempo se convirtió en un palacio de estilo neoclásico con una espectacular fachada. El castillo di Arechi, construido en el siglo VII por el lombardo Arechi II, se encuentra en el monte Bonadies, disfrutando de unas vistas panorámicas de la ciudad y del golfo. En el interior del castillo se encuentran piezas originales, herramientas de la época e incluso cerámicas feudales y monedas.

Paestum.  La ciudad fue inicialmente conocida como Posidonia cuyo nombre fue otorgado por sus fundadores, los griegos de Síbaris, pero después de la destrucción de éstos Paestum fue invadida por otras comunidades y poblaciones. Estuvo en manos de lucanos durante más de 2 siglos y fue posteriormente una colonia romana muy leal al imperio y muy próspera. Tras la devastación llevada a cabo por los sarracenos en el siglo IX y los normandos en el XI el lugar fue abandonado durante siglos y oculto por una espesa maleza. En el año 1752, Carlos VII mandó construir una carretera que atravesaba estas ruinas ocultas, saliendo sus restos nuevamente a la luz en su construcción. Una vez dentro de la ciudad, el Templo de Hera nos deleita con toda su belleza. Aunque inicialmente se confundió con una basílica, sus colosales columnas han llegado hasta nuestros días pese a que el frontón de su fachada colapsó en la época medieval. El Templo de Ceres, posiblemente dedicado a Atenea, se construyó en torno al 500 a. C. En la Edad Media se convirtió en Iglesia permitiendo su conservación y evitando ser destruido. En su interior contiene 3 tumbas cristianas. El templo de Neptuno, majestuoso y al mismo tiempo elegante, fue construido en el siglo V a. C. Es una enorme construcción levantada con travertino, de un cálido color dorado que varía según va pasando el día. El Templo de Hera, que se remonta al siglo VI a. C. es el mas antiguo de todos ellos. Tiene la misma estructura que el anterior y sin tejado. El anfiteatro fue fundado sobre el año 50 a. C., quedando muy poco de él en la actualidad. Mucha gente aprovecha para hacer picnic aquí ya que no está cerrado como el resto de templos. El Bouleuterion era el lugar donde el consejo se reunía en las antiguas ciudades griegas. Debatían sobre múltiples conflictos públicos que afectaban a la ciudad. En invierno se pueden observar sus gradas cubiertas de hierbas con un color verde muy atractivo para la vista. Además, e imprescindible, aquello que más deleita la vista en Paestum son sus ruinas. Calles llenas de calzadas de piedra en un gran estado de conservación repleto de edificios cuyos cimientos apenas han sobrevivido.

Caserta.  Esta increíble ciudad destaca especialmente por su inmenso Palacio Real, levantado por Carlos III de Borbón y obra del arquitecto napolitano Luigi Vanvitelli, considerado el edificio más grande construido en el siglo XVIII en Europa. Representa la victoria del barroco italiano, encantando a los viajeros y soñadores por su belleza interior y la grandeza y ostentación exterior. El espléndido palacio es de facto una mezcla original de la configuración de otras dos residencias reales: El Palacio de Versalles y el Palacio del Escorial. De 45.000 metros cuadrados, este conjunto monumental de 5 plantas mide 36 metros de altura. En su fachada principal hay 143 ventanas y 1200 habitaciones con 34 escaleras. Los pisos inferiores están envueltos en losas de travertino y toda la edificación se culmina con una cúpula central. Su interior está repleto de bajorrelieves, esculturas, frescos y suelos de mosaico. Impresiona la Sala del Trono, la más grande de los apartamentos reales utilizada para recibir a personalidades. La Capilla Palatina, diseñada por completo por Vanvitelli, es el lugar que con más claridad muestra el estilo de Versalles. La pinacoteca ofrece pinturas de naturalezas muertas, retratos familiares de los Borbón y acontecimientos bélicos. En el Apartamento Vecchio se encuentra el pesebre borbónico, afición de la familia que orientó la tradición napolitana para la decoración navideña. La Biblioteca Palatina está ornamentada con frescos y relieves, como el de los signos del Zodíaco y el de las constelaciones. La majestuosidad del conjunto también radica en su llamativo parque. Un jardín de estilo italiano. A lo largo de sus prados se suceden estanques, fuentes y cascadas adornadas junto a obras escultóricas. Este culmina con la Gran Cascada.

Daniel Bermejo

ONEIRA club de viajeros

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