Cuenta la leyenda que Cracovia se creó tras la derrota de un dragón que vivía en las cavernas de la colina de Wawel saliendo victorioso el príncipe eslavo Kraus, de ahí que sus preciosas plazas y calles exuden una atmósfera mítica. Ubicada a orillas del río Vístula, Cracovia es considerada la niña mimada de Polonia y una de las ciudades de mayor importancia del país. De hecho en nuestro viaje Oneira de julio de 2020 le dedicamos una atención especial y la conoceremos al completo, no solo los bellos lugares que encierra la ciudad, los puntos más importantes de su entorno. No olvidemos que el ejército alemán indultó a esta ciudad y apenas arremetió con sus bombas contra ella: apenas sufrió daños en la II Guerra Mundial.

Esta urbe, la cual se lleva todos los elogios por su envidiable belleza, tuvo la suerte de salir prácticamente ilesa de la desolación que produjo la II Guerra Mundial, lo que le permitió preservar su patrimonio arquitectónico en casi toda su totalidad. Destaca por su presumible labor cultural, espiritual, económica y científica y por ser la ciudad con más edificios y monumentos destacados a lo largo y ancho del país. Alguna razón tendría la UNESCO al incluir su centro histórico (Wawel, Stare Miasto y Kazimierz) en su primera lista del Patrimonio Mundial en 1978, cuando todavía padecía junto al resto del país la severidad del gobierno comunista. Alrededor del casco antiguo hay cientos de bares, restaurantes y locales nocturnos. Cuando se pasea por éste se percibe la consonancia de sus plácidas calles y su juego natural de arquitectura y luz. Esa labor cultural se ve representada en personajes como Nicolás Copérnico, astrónomo y polímata que cursó sus estudios en la Universidad Jaguellónica de Cracovia en la última década del siglo XV; el Papa Juan Pablo II, el primer pontífice eslavo de la historia de la Iglesia Católica; Lech Walesa, Premio Nobel de la Paz, sindicalista y presidente de Polonia, fundamental en la lucha contra el régimen comunista; los poetas Creslaw Milosz y Wislawa Szymbroska, Premios Nobel de la literatura por sus hermosos versos; Stanislaw Lem, uno de los más importantes autores de ciencia ficción y no podía faltar el director mundialmente conocido Román Polanski. En el año 1038 la ciudad se convirtió en capital del país, pero en 1241 los tártaros la desvalijaron y la destruyeron. Una vez fue nombrado Casimiro III el Grande, la ciudad fue recuperando su prosperidad de forma progresiva. Emblema de esta mejoría fue la creación de la Universidad Jaguellónica en 1364. En 1596, el estatus de la ciudad peligró de forma ensordecedora cuando Segismundo III Waza se llevó la capital a Varsovia. No obstante, Cracovia siguió llevando a cabo las coronaciones y funerales reales. En el siglo XIX, el Imperio austriaco, que por aquel entonces se apropió de buena parte de Polonia, incorporó la ciudad en la provincia de Galitzia. Una vez superada la I Guerra Mundial, Polonia recuperó su independencia y libertad, floreciendo hasta el comienzo de la II Guerra Mundial. La invasión alemana durante la guerra propició el asesinato de la élite intelectual y académica de la urbe y la aniquilación de cientos de miles de judíos durante el tristemente conocido Holocausto. El régimen comunista que se estableció en la postguerra levantó una enorme planta siderúrgica en Nowa Huta, a poco más de 10 km al este del centro histórico de la ciudad, lo que acrecentó aún más la miseria de la población local. Cracovia y su semejante más cercano, Karol Wojtyla (quien acabaría siendo nombrado papa con el nombre de Juan Pablo II y quien se convertiría en principal motivo de orgullo para los cracovianos) realizaron una labor fundamental liderando el movimiento anticomunista del país durante los años 70 y 80. 

 

Ya en la ciudad, una de las cosas más recomendables que ver es la Plaza del Mercado (Rynek Glówny), levantada en el año 1257. Es la plaza medieval más grande y probablemente la más bella del Viejo Continente, con más de 40 mil m2 (forma casi un cuadrado perfecto de 200 m de lado) repletos de sorpresas: coloreados palacios, residencias históricas de origen medieval e iglesias. Durante el periodo de ocupación nazi, la plaza se denominó Adolf Hitler Platz. Una de esas antiguas construcciones es la Basílica de Santa María, construida en el año 1300, distinguida por su enorme y exquisito retablo interior de madera medieval (considerado tesoro artístico de Polonia) y por las increíbles vistas desde su torre Hejnalica tras subir los 239 escalones necesarios para alcanzar su punto más alto. Es un templo gótico rematado con dos torres de altura dispar cuyo presbiterio está alumbrado por opulentas vidrieras confeccionadas en el siglo XIV y poseedor de una bóveda de estrella azul central de un carácter extraordinario. Cada hora se produce el hejnal, un toque de corneta desde la torre más alta que se ha convertido en todo un símbolo musical de la ciudad. Antaño se utilizaba para alertar a la población y particularmente se interrumpe a mitad de una nota. La leyenda dice que, en la época de invasiones tártaras, cuando el guardia de turno vio aproximarse a sus enemigos, este comenzó a tocar la corneta y casi al mismo tiempo recibió una flecha que le atravesó la garganta, por lo que el toque se mantuvo así en su memoria. La Torre del Ayuntamiento es todo lo que queda de esta construcción del siglo XIV, derribada en 1820. En verano se puede acceder a lo más alto. La Lonja de los Paños (Sukiennice) es un enorme edificio renacentista con una fachada color crema y con un lateral construido a partir de arcos y columnas. En la antigüedad se utilizó como centro de comerciantes mientras que hoy en día se ha convertido en un espacio comercial y museo. El Collegium Maius (traducido del latín como “Gran Colegio”) es la construcción más antigua de la Universidad Jaguellónica de Cracovia y uno de los mejores ejemplos de arquitectura gótica de la ciudad. Su interior posee antiguos archivos históricos así como una biblioteca ilustre y luce un magnífico patio porticado. Las Antiguas Murallas Defensivas están expuestas en un pequeño museo que permite acceder a la Puerta de Florián y a la Barbacana entre otras cosas. La primera data del siglo XIV, en cuya época fue la puerta principal de la ciudad. La Barbacana fue una fortificación circular embellecida con 7 torrecillas, 130 saeteras (huecos en el muro desde donde se disparaban flechas a los enemigos) y se construyó a principios del siglo XVI para proporcionar protección adicional a la ciudad. A 30 metros de altura sobre el casco medieval se encuentra la Colina de Wawel, protegida según la leyenda por el fuego del dragón que ahí habitaba. En este promontorio se alzan 2 de las obras arquitectónicas más importante de Polonia. La Catedral de Wawel, también conocida como Catedral Románica de San Wenceslao y San Estanislao, es el santuario nacional de Polonia. Cuenta con más de mil años de historia a sus espaldas y era el lugar tradicional de coronación de los reyes polacos. Es también conocida como la Catedral de los Tres Santos ya que está consagrada a San Estanislao el patrón del país, a San Wenceslao el soberano que fue asesinado por su hermano y a Santa Eduvigis que es la patrona de las reinas. En su interior se encuentra el Mausoleo de San Estanislao, el más bello de todos y las criptas de otros muchos personajes ilustres, monarcas, obispos y héroes nacionales. El Castillo de Wawel se construyó en el siglo XIV por decreto directo del rey polaco Casimiro III El Grande. Está situado a orillas del río Vístula y posee una exquisita arquitectura renacentista, donde destacan decenas de elementos góticos y secciones al estilo románico. Fue ideada por los artistas Francisco de Florencia y Eberhard Rosemberg, los cuales no pudieron vivir para verlo terminado, por lo que la obra fue terminada por Bartolomeo Berrecci y Benedykt. Durante el periodo que Cracovia fue capital del país, el castillo se utilizó como residencia real hasta su fatal abandono. En su interior se encuentra una enorme estatua del Dragón de Wawel, quien alimenta la leyenda de la ciudad. 

En un próximo artículo os acercaremos la huella judía en Cracovia, a la que dedicaremos un artículo.

Daniel Bermejo 

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